Bielva, entre el alivio y el estupor por la detención del primo del ganadero al que quemaron las vacas

Julián y Manuel Fernández, tíos de Arturo Nebreda (de verde) y también del detenido, ayer junto a algunas de sus vacas en Bielva. /Antonio 'Sane'
Julián y Manuel Fernández, tíos de Arturo Nebreda (de verde) y también del detenido, ayer junto a algunas de sus vacas en Bielva. / Antonio 'Sane'
Herrerías

Los vecinos sospechaban hace tiempo, pero están impactados por el cariño que tienen a la familia tanto del detenido como de su presunta víctima

SARA TORRE | ÁLVARO MACHÍN Bielva.

Entre la pregunta y la respuesta hay un segundo de silencio. ¿A alguien le ha cogido por sorpresa? «Creo que no», dicen en el corro de vecinos. Estos días andan entre el alivio y el disgusto. La Guardia Civil detuvo el pasado jueves al presunto autor de los sabotajes a un ganadero del pueblo. Le quemaron el establo con 23 vacas dentro, le envenenaron a trece terneros, le destrozaron la maquinaria... Se ensañaron. Que haya un detenido tranquiliza. «Por el chaval, porque no levantaba cabeza con todo esto, y porque ya tenías miedo. ¿Qué iba a ser lo siguiente?». Pero en Bielva, donde viven unos 120 vecinos y todos se conocen por el nombre, que el presunto autor de los hechos sea un primo de Arturo Nebreda -el ganadero afectado- ha caído como una bomba. Alguien con quien «se ha criado», con quien comía muchos días hasta hace nada. Que asistió a la cena organizada para recaudar fondos y ayudarle y que puso dinero. Un mazazo. Ahora, en voz baja, todos dicen que el nombre del detenido estaba en las conversaciones «de puertas adentro». En cada casa. «Claro que se sospechaba». Pero ni entre ellos se atrevían a sugerirlo hasta este martes por el cariño que le tienen a la familia. «Porque era algo muy gordo y son muy buena gente». Nebreda dice que está «más tranquilo». «Yo no voy a hacer nada. Dejar hacer a la Guardia Civil. No quiero jaleos con nadie». Es de los que no habla por no molestar. Se explica junto a dos de sus tíos -de ellos no sale el nombre del detenido, pero es un secreto a voces en Bielva y en toda la comarca-. «¿Cómo vamos a estar?», responde preguntando y a medio llorar Julián Fernández. Tío de Arturo y también del presunto autor de los hechos.

«La Guardia Civil de Cantabria ha procedido a la detención de un hombre vecino del término municipal de Herrerías por la supuesta comisión de los delitos de daños y contra la flora, fauna y animales domésticos sufridos por un ganadero de Bielva (Herrerías) en noviembre y diciembre del pasado año, y abril del actual». Es el principio de la nota enviada ayer desde la Benemérita. Describen los hechos. Los 72.000 euros que calculan en pérdidas, la muerte de las 23 tudancas y la quema de 800 fardos en un incendio «compatible con haber sido provocado», el detalle del lugar donde sucedió el incendio «conocido de forma casi exclusiva por vecinos de la zona o allegados a la víctima»...

Lo sucedido el pasado día 1 precipitó los hechos. Con los agentes investigando sobre el terreno y durante las fiestas del pueblo, a Arturo le hicieron otra chapuza. Esta vez, en dos tractores. Les cortaron los cables de la centralita de arranque o los neumáticos y les causaron otros daños bien visibles. Y más, porque los investigadores detectaron otras acciones pensadas -con muy mala leche- «para haber causado unos segundos daños al poner en funcionamiento la maquinaria tras subsanar los sabotajes que se detectaban a simple vista» (tornillos o piedras en los depósitos). Todo, otra vez, en un inmueble en el que pocos sabían que había un tractor. Más pistas.

«Yo no voy a hacer nada. Sólo dejar hacer a la Guardia Civil. No quiero jaleos con nadie» Arturo Nebreda | Ganadero afectado

«Finalmente los agentes de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil de Cantabria que han llevado esta investigación bajo la dirección del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de San Vicente de la Barquera procedieron a la detención». Aunque la Benemérita no facilitó más datos sobre el detenido -y tampoco salió su nombre de la familia-, este periódico no tardó en saber que se trataba de un primo de Arturo Nebreda, de unos 25 años y que compartió con el ganadero techo durante mucho tiempo. También que su coche estaba ayer en Bielva y que le soltaron el mismo día de su detención a la espera de lo que diga el juez.

«¿Cómo vamos a estar? Me quedé de cuadro. Yo no me lo esperaba ni por lo más remoto» Julián Fernández | Tío del ganadero y del detenido

«De cerca ya me decían los guardias que podía ser», «ahora estoy más tranquilo», «si le veo, ¿qué voy a hacer? Yo no quiero problemas», «la mujer claro que lo ha pasado mal»... Arturo no tuvo reparos en responder, pero siempre en un tono alejado de la controversia. «No sé, yo soy tranquilo y no quiero líos». Que no ve a su primo desde el día de la detención aunque sabe que está en el pueblo, que sí que tenían una relación fluida y que de los destrozos, económicamente, se «va recuperando» poco a poco.

¿Y tienes miedo? «Pues ahora ya no...».

Los tíos de ambos

A su lado, durante la charla, estaba su cuñado, Carlos Salas. Hermano de la esposa de Arturo. El primero que vio a los terneros destrozados cuando se los envenenaron. El que mostró más rabia en ese momento. «Ahora ya puedes dormir más tranquilo. A él le ves así, vale, pero lo llevaría todo por dentro... Ahora nada, que la justicia haga lo que tenga que hacer y ya está».

«Ahora puedes dormir más tranquilo por las noches y que la justicia haga lo que tenga que hacer» arlos Salas | Cuñado del ganadero

Pero los más afectados en el mensaje eran los tíos. De uno -el ganadero- y del otro -el detenido-. Para entenderlo hay que saber que con ellos -tres hermanos y una hermana más (la madre del presunto autor de los hechos, ya fallecida)- se criaron prácticamente los chavales (con los diez años de diferencia de edad entre uno y otro porque Arturo tiene 34). «¿Cómo vamos a estar?». Julián Fernández se enteró el mismo jueves. «Me quedé de cuadro. Yo no me lo esperaba ni por lo más remoto». Aunque admite que en el pueblo se lo habían dejado caer y que llegó a preguntar a su sobrino hace ahora como un mes. «¿Y qué le voy a decir si le veo? Pues que qué ha hecho. Nosotros hemos estado toda la vida con ellos y nos llevamos bien con todo el mundo». Cuenta que, tras el incendio y el envenenamiento, le dijo a Arturo que «lo quitara todo». «Pero me dijo que ya era mejor tirar para adelante hasta donde llegáramos». «Yo sentí que ahí estaba toda una vida trabajando y que nos lo jodieron todo», añade su hermano Manuel, también visiblemente afectado. «¿Cómo no vamos a tener un disgusto? ¿Pero qué vamos a hacer?».

Les preguntan por las veinte vacas que el tercero de sus hermanos puso a nombre de Arturo al jubilarse hace ahora ocho años. Cuentan que se iban a desprender de ellas pero que el sobrino, para que las tudancas «que eran las que le gustaban al tío» no se perdieran, se hizo cargo de ellas, «pero para la familia». En el pueblo, en esos corrillos, a eso recurren a la hora de buscar explicaciones. «Envidias, alguna rencilla...». Insisten en que «son muy buena gente». La Guardia Civil no dio datos sobre los motivos, pero a nadie se le escapa que las desgracias del ganadero empezaron por entonces. Más allá de los animales. Le rayaban el coche, se lo abrieron y se lo destrozaron por dentro, le reventaron los cristales nada más repararlo. «Tenía que ser alguien conocido porque le llevaron de casa el dinero de unas vacas que había vendido y lo que quedaba en el sobre de la boda». Eso fue hace un año y medio. Demasiada casualidad, según ellos, que conocieran todos sus movimientos. Los sitios, las idas y venidas... Sin ir más lejos, el envenenamiento de los jatos justo después de decir en la cena que organizaron para recaudar fondos que los tenía vendidos.

Hablan de esas cosas y de otra. Casi sin que les pregunten, lo comentan. Y apuntan que los investigadores no descartan una hipótesis. Que en los hechos participara más de una persona. Que el por ahora detenido no sea el último. «Igual hay alguna sorpresa».

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