Las intoxicaciones etílicas llevaron al hospital a 123 menores de Cantabria en 2017

Las intoxicaciones etílicas llevaron al hospital a 123 menores de Cantabria en 2017
DM

El 70% de los estudiantes de Secundaria admite que consume alcohol aunque la mitad no percibe que conlleve riesgos, según la encuesta de drogas del Ministerio de Sanidad

ANA ROSA GARCÍA SANTANDER.

El binomio menores-alcohol se afianza, con todas las connotaciones negativas que eso implica. La última encuesta de drogas del Ministerio de Sanidad, centrada en los estudiantes de enseñanzas secundarias (Estudes) y que hace referencia a los ejercicios 2016 y 2017, revela que esta problemática se estabiliza en Cantabria -los datos prácticamente no han sufrido grandes variaciones respecto al sondeo anterior, de 2014-. Pero lo grave es que se mantiene en unos índices de consumo preocupantes.

El 77,1% de los menores de 14 a 18 años reconoce haber consumido alcohol alguna vez en su vida, y la cifra desciende muy poco (75,8%) cuando se contabilizan los casos que lo han hecho en el último año, o en los últimos treinta días (68,7). De lo que se desprende que prácticamente siete de cada diez estudiantes riegan sus fines de semana de bebidas alcohólicas. No en vano, la región sobresale en el mapa nacional, que colorea las comunidades según el volumen consumo, como una de las que supera la media nacional (67%). Y destaca también en el ranking de las más asiduas a las borracheras exprés, lo que se conoce como 'binge drinking' (consumo intensivo o atracón de alcohol).

Más del 22% de los encuestados se incluye en ese grupo, siendo más frecuente este tipo de prácticas entre las chicas. Precisamente, este perfil es el predominante entre los menores que acaban su juerga en el hospital. «El año pasado se registraron 55 ingresos de menores por intoxicación etílica, en algún caso combinada con otras sustancias, en la Unidad de Urgencias pediátricas de Valdecilla», apunta su coordinadora, María Jesús Cabero. «El caso de menor edad tenía 12 años», añade la pediatra. Y en ese balance solo se contabilizan aquellos pacientes que no han superado los 16 años -tope de la edad pediátrica en Cantabria (otras comunidades la cierran en los 14)-, por lo que hay que sumar los derivados al servicio de Urgencias de adultos. Solo en Santander, se recibieron 68 intoxicaciones etílicas en menores de entre 16 y 18 años, según confirma Samuel Gómez, jefe de Urgencias de Valdecilla. La cifra total se eleva así hasta los 123, «y esto es solo la punta del iceberg», opina Cabero.

La encuesta de Sanidad, en la que han participado 1.859 alumnos de Cantabria, ha sido realizada a más de 35.000 estudiantes de 14 a 18 años de 863 centros educativos públicos y privados de España, con el objetivo de conocer los patrones de consumo de los más jóvenes y sus actitudes frente a las drogas.

«El alcohol y el tabaco, junto con el cannabis y los hipnosedantes, son las drogas más consumidas» Ángela Higuera Servicio de Drogodependencias

«El caso de menor edad que recibimos el año pasado, por consumo de alcohol, tenía 12 años» María Jesús Cabero Coord. de Urgencias pediátricas

Ángela Higuera, jefa de Sección de Prevención, Formación e Investigación del Servicio de Drogodependencias de la Consejería de Sanidad, explica que «el alcohol, el tabaco, el cannabis y los hipnosedantes son las drogas más consumidas, por este orden, por la población de estudiantes de enseñanzas secundarias de Cantabria». Mientras que en el resto de sustancias analizadas (cocaína, alucinógenos, anfetaminas, éxtasis, GHB, Inhalables volátiles y heroína) el consumo es «minoritario», observándose que el porcentaje de menores que han probado alguna vez una de estas sustancias se mantiene por debajo del 5%, no llegando al 2% el consumo en el último mes. Entre las drogas ilegales el cannabis es la que presenta prevalencias más elevadas: el 18,6% de los menores dice haber consumido en el último mes. Le siguen, a gran distancia, la cocaína y el éxtasis (1,6% y 0,7%, respectivamente).

Higuera destaca que «no se observan variaciones significativas en las prevalencias de consumo de las diferentes sustancias con respecto a las obtenidas en el año 2014». Las conclusiones de la encuesta señalan que las drogas legales (tabaco, alcohol e hipnosedantes) están más extendidas entre las chicas, mientras que las sustancias ilegales circulan más entre los chicos. En general, desde Salud Pública apuntan que las mujeres encuentran mayor dificultad para acceder a las diferentes drogas. En cambio, con el alcohol y tabaco, los estudiantes sostienen que tienen casi cero problemas en conseguirlas. En concreto, más del 89% no aprecia ninguna dificultad. Cuando se les pregunta dónde acceden al alcohol las respuestas más frecuentes, por este orden, son bares y discotecas, tiendas de barrio y negocios chinos y supermercados.

Percepción del riesgo

Llama la atención que, pese a las advertencias reiteradas en todos los programas de prevención, que alertan de los nocivos efectos de la ingesta abusiva de alcohol (perjudica el desarrollo cerebral, puede ocasionar problemas de memoria y de aprendizaje, afecta al sistema nervioso, reduce la capacidad de reacción, aumenta la irritabilidad y las conductas violentas...), la mitad de los encuestados no perciben esos riesgos. De hecho, solo el 55,% considera peligroso beber 5 o 6 cañas o copas durante el fin de semana. Entre los jóvenes, persiste la consideración del tabaco como más peligroso que el cannabis, una droga que al igual que los hipnosedantes, que califican como «fácilmente disponibles». Concretamente, el 65,6% de los jóvenes de 14 a 18 años de la comunidad considera que no tendría grandes dificultades para conseguir cannabis y el 44% opina lo mismo respecto de conseguir tranquilizantes, sedantes o somníferos.

Para el resto de las sustancias analizadas, la disponibilidad disminuye considerablemente. En ese caso sí interpretan que se exponen a un mayor riesgo con el éxtasis, la cocaína en polvo, los alucinógenos, las anfetaminas o la heroína. Así, prácticamente la totalidad de los estudiantes (más del 94%) creen que «consumir estas drogas una vez por semana o con más frecuencia puede generar bastantes o muchos problemas».

Sin embargo, detallan desde el Servicio de Drogodependencias, cuando se aborda el consumo esporádico, la percepción del riesgo se reduce. Para esas mismas sustancias, el porcentaje de estudiantes que considera que su consumo una vez al mes o menos puede generar problemas se sitúa entre un 82,7% y un 86,3%. Según Higuera, la percepción de disponibilidad de las diferentes sustancias está disminuyendo desde 2010. Así por ejemplo, el porcentaje de estudiantes que piensa que les resultaría fácil o muy fácil conseguir speed o anfetaminas ha disminuido 4,3 puntos con respecto al año 2012, mientras que este porcentaje cuando se refiere a la dificultad para obtener bebidas alcohólicas disminuye solo 0,4 puntos.

La edad también establece diferencias en el consumo para las drogas más extendidas entre los jóvenes estudiantes. En el caso del alcohol y del cannabis la proporción de consumidores aumenta con la edad hasta los 17, mientras que en con el tabaco y los hipnosedantes, la mayor extensión se produce a los 18 años. De otro lado, el informe cifra en un 24% los estudiantes de Secundaria que admiten haber consumido alguna vez sustancias estimulantes con el fin de mejorar el rendimiento escolar sin que lo haya recetado un médico, siendo las bebidas energéticas las más utilizadas (82%).

La educación en las escuelas, el tratamiento voluntario a los consumidores y el control policial y aduanero son las medidas que los escolares consideran como más eficaces para luchar contra las drogas.

Valdecilla habilitará en mayo una consulta centrada en los problemas del adolescente

. El Hospital Valdecilla contará a partir de mayo con una consulta especializada centrada en los problemas del adolescente, «un grupo de edad que actualmente está bastante desatendido», como apunta la coordinadora de Urgencias pediátricas, María Jesús Cabero. «Abarcará el consumo de alcohol y drogas, pero también las adicciones a las nuevas tecnologías, los trastornos alimentarios, el acoso, el maltrato, la patología crónica –porque en la adolescencia vemos que muchos tienden a abandonar sus tratamientos–, etc. Se trata de dar empuje a estos jóvenes desde esta consulta de seguimiento, que trabajará en colaboración con otras especialidades, como Salud Mental infanto-juvenil o Ginecología», explica.

La iniciativa sigue el ejemplo de la unidad pionera impulsada en el Hospital de La Paz (Madrid). «Queremos cubrir el vacío que hay en la atención a estas edades, en las que ya se han alejado del control pediátrico y que coincide con una etapa de más ocultación de problemas, porque los adolescentes no suelen contactar con servicios sanitarios. Al final, nos llega su problemática cuando vienen a Urgencias», añade Cabero. Por eso es ahí donde nace esta nueva consulta, con el objetivo es detectar y atender pronto para reconducir esas conductas preocupantes.

«En el caso del alcohol, por ejemplo, lo que queremos es hacer seguimiento de los menores que ingresas en Urgencias, controlar si vuelven a consumir, dónde compran la bebida, indagar en las circunstancias de su entorno y ayudarles a seguir hábitos que disminuyan ese consumo, como el fomento del deporte». En el fondo, se plantea como «un despistaje», subraya la pediatra, «porque a veces el alcohol, más allá del fin recreativo, tapa otras cosas que puede haber detrás, como malos tratos, bullying o conductas autolíticas».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos