Nuevos límites a la enseñanza de surf

Los ayuntamientos se apresuran a publicar las normas para «que se vean respetados los derechos de los bañistas» y los profesionales critican que «se podría haber hecho mejor»

Cantabria cuenta con unas sesenta escuelas de surf registrada / Celedonio Martínez | Pablo Bermúdez
José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

La primera vez que el santanderino Jesús Fiochi cabalgó una ola en El Sardinero, el 22 de marzo de 1965, escribió sin percatarse la primera página de la historia del surf en España. Fue el único en aguas cántabras durante un año. «Eso es impensable ahora. Esto ha crecido mucho, muchísimo, y no sé si es bueno o malo», zanja el más veterano de estos aficionados.

El surf está de moda. Solo Cantabria suma más de sesenta empresas dedicadas a este deporte que ha ayudado a revitalizar y desestacionalizar la oferta turística de muchos municipios. Solo en Ribamontán al Mar, la facturación derivada de los negocios relacionados con este deporte asciende a 4 millones de euros anuales. Pero también hay un inconveniente. «La masificación existe y los problemas derivados de ella, también. Habíamos llegado a un punto en que era necesario regular el sector», explica el regidor de Ribamontán al Mar, el regionalista Francisco Asón.

Se establece un canon anual, se limita el número de tablas y se exige título al instructor

Demarcación de Costas –dependiente del Ministerio de Medio Ambiente–, marcó para este año la ‘hoja de ruta’ para ordenar la enseñanza de esta práctica. Estableció unas premisas que han sido asumidas por los diferentes ayuntamientos, con competencia para la gestión de sus playas. «Ellos ponen las bases y nosotros lo acomodamos a nuestras circunstancias con ordenanzas específicas», apunta Asón. Se estipula un canon anual por número máximo de tablas que pueda utilizar una escuela, se exige una titulación específica a los instructores, hay un límite de alumnos por escuela e incluso un número máximo de escuelas por municipio.

«Toda esta problemática tiene su origen en el levante español», apunta el presidente de la Federación Cántabra de Surf, Oscar García. «Allí las quejas de los bañistas han ido creciendo mucho y la tónica general ahora en todo el litoral del país es armonizar toda esta actividad deportiva con el turismo tradicional». Pero en las playas cántabras la situación es diferente. «Aquí la imagen del surfista es otra. La de un elemento que sirve de apoyo al servicio de socorrismo, que ha sacado a mucha gente del agua», apunta García. «Sin embargo, creo que todas estas escuelas tributan ya por su actividad económica. Por eso que ahora venga Costas y ponga otro canon... No sé», critica.

27 euros es el canon mínimo anual que los ayuntamientos exigen a las escuelas por cada tabla en el agua

En Ribamontán al Mar, la cuantía asciende a 500 euros de canon anual por disponer de licencia. A eso habría que sumarle el mínimo de 27,53 euros anuales que se multiplicará por el número máximo de tablas que una escuela pueda introducir en el agua en un mismo momento. «Es dinero, es dinero... Y es costoso para nuestra actividad económica», advierte David García, impulsor de la enseñanza de este deporte en España desde la puesta en marcha en 1991 de la Escuela Cántabra de Surf, la primera del país.

«Nosotros llevamos pidiendo durante años que se ponga en marcha una regulación,y nos parece que como primer paso no está mal; pero somos varios los que estamos de acuerdo en que se deberían valorar otros factores que han pasado desapercibidos», matiza García.

Habla de la necesaria acreditación de la profesionalidad de los técnicos y entrenadores. «Ahora se pide solo ser técnico deportivo nivel uno de surf. Es un título relativamente sencillo de adquirir y que nos parece que no reúne los requisitos necesarios para instruir en un deporte como este, que tiene sus riesgos». «Igual que a un neurocirujano se le exige una carrera para poder ejercer su profesión y operar cerebros, creo que los requerimientos de formación para instructores de surf deberían ser mucho mayores», detalla García.

La medida conducirá a una criba natural de escuelas. En la teoría permanecerán los verdaderos centros deportivos y serán excluidos otros negocios de ocio alternativo «que utilizan el surf como reclamo pero que no tienen una actividad seria y que venden cualquier cosa menos deporte», denuncian los responsables de la Escuela Cántabra. «Si quieren estar dentro, pues que contraten a especialistas de verdad, a instructores profesionales», añaden.

Las frases

Francisco Asón. Alcalde Ribamontán al Mar
«La masificación existe, y los problemas derivados, también. Teníamos que tomar medidas»
David García Escuela Cántabra de Surf
«Las ordenanzas deberían obligar a los instructores a tener una formación más profesional»
Jesús Fiochi Precursor del surf
«Hubo un tiempo en que yo estaba solo y ahora esto ha crecido mucho; no sé si es bueno o malo»
Oscar García Presidente de la FCS
«Todas las empresas tributan por sus actividades, obligar ahora a otro canon no me parece bien»
Daniel García Special Surf
«Deberíamos aprender de países como Francia, con mayor tradición en gestión de playas»
Andrés Ruiz Alcalde de Suances
«Muchas protestas han surgido porque no se ha leído bien la ordenanza y llegan los equívocos»

Una mina de oro

Atraídas por el tamaño del negocio, la proliferación de empresas interesadas en establecer un centro de operaciones en Somo y alrededores se ha multiplicado en los últimos años. «Nosotros con la ordenanza del Ayuntamiento hemos puesto unas condiciones que favorecen a los locales», aclara el regidor Francisco Asón. «A quienes llevan años trabajando en esto y han contribuido a que este deporte se haga fuerte en este lugar».

Daniel García, artífice de la escuela Special Surf (Miengo) y varias veces campeón de España y de Europa, basaba su formato de escuela en la itinerancia: «Buscábamos las mejores olas en diferentes playas y ahora eso va a ser imposible porque las ordenanzas acotan mucho esa libertad de movimiento», detalla. Special Surf tiene su centro de operaciones en Miengo. «Aquí el ayuntamiento nos trata muy bien, no tenemos queja;pero en Piélagos hemos encontrado más dificultades, tantas que no impartiremos clases este verano allí», matiza.

Piélagos es el único consistorio que ha declinado su oportunidad de gestionar esta actividad. En su defecto, es Demarcación de Costas quien abre el concurso basado fundamentalmente en la puja económica, algo que ha despertado muchas críticas.

«Con razón o no, estas regulaciones están dando mucho que hablar, muchas veces como consecuencia de malentendidos porque no se leen bien las ordenanzas», explica Andrés Ruiz (PSOE), alcalde de Suances. Allí los requerimientos son similares a los de otros municipios: un mínimo de 28 euros anuales por tabla, la titulación de nivel uno de los técnicos y la limitación del número de alumnos en la playa, en una zona acotada cuya delimitación será responsabilidad de las propias escuelas.

«En ningún momento esto afectará al surf libre, cosa que se ha entendido mal y que ha conducido a protestas en redes sociales», matiza el regidor. «Necesitábamos poner en marcha esta normativa porque la prioridad de los surfistas sobre los bañistas era ya preocupante. Esto ha crecido mucho y había conflictos», zanja Andrés Ruiz para justificar una normativa que ya se ha puesto en marcha.

«Es un primer paso», declara Daniel García. «Pero yo he viajado mucho, he competido en muchos países y he visto formas muy diferentes de hacer las cosas. En lugares como Francia o Australia, con una tradición surfera mucho mayor, la gestión de la playa es más eficaz. Esperemos que aquí aprendamos algo de los errores».

El crecimiento de un deporte impulsado por la publicidad

El surf se ha colado en la cultura popular como símbolo de libertad, de cambio, de realización personal... «Cuando yo empecé en 1965 estaba solo en el agua. Y así aguanté un año», recuerda Jesús Fiochi, pionero español de este deporte.

Compró una tabla de surf en Bayona (Francia) y ocultó su procedencia a sus compañeros de cuadrilla para que nadie pudiera acompañarlo en su nueva afición. «Tapé con tinta china la marca de la tabla, pero al final se borró y todos descubrieron que no la había traído de ningún lugar remoto, como Australia o Hawái, sino de aquí al lado», recuerda Fiochi con una carcajada.

«A veces recuerdo con nostalgia aquellos primeros baños en que estaba solo en el agua. Ahora hay mucha más gente. Y eso que yo gozo de cierto privilegio porque todo el mundo me conoce y me respeta hasta el punto de consentirme cosas que a los demás les están prohibidas», argumenta. «No sé si esta masificación es buena o mala, pero tenemos que aprender a convivir con ella, porque ahora todo el mundo quiere hacer surf».

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