La odisea de cinco cántabros atrapados EN CUBA POR Irma

El huracán les pilló por sorpresa en Varadero, donde tuvieron que pasar cinco días encerrados en la habitación del hotel sin comida y a oscuras

Los cántabros de vuelta a La Habana tras su mala experiencia. / DM
ANA DEL CASTILLOSantander

Cinco días de miedo e incertidumbre. Hacinados en una habitación a 38 grados sin aire acondicionado. Sin comida. Y a oscuras. Demasiado tiempo sin poder ver qué estaba ocurriendo.

Lo que comenzó siendo un viaje de ocio a Cuba acabó convertido en una auténtica pesadilla para tres parejas cántabras que pusieron rumbo a La Habana el pasado 2 de septiembre, completamente ajenas a lo que estaba por venir: el huracán Irma. Se libraron de él en la capital, pero no pudieron huir en Varadero.

Imagen del resort en el que se hospedaban los cántabros. / DM

Los cántabros Javier Fernández, Sandra Sarabia, David Sarabia, Adrián de Luis, Graciela Calderón y la canaria Zaida Ortega pasaron 42 angustiosas horas sin poder salir de su habitación. «No teníamos agua, ni luz, ni comida y lo peor, tampoco información. Una de las parejas pasó más de 12 horas encerrada en el baño porque el ciclón rompió las ventanas de su cuarto y los cristales volaban», explica Javier Fernández.

Al llegar a Varadero tras unos días tranquilos en La Habana, la dirección del resort en el que se alojaban, el Grand Memories, les comunicó que se esperaban rachas de viento de 70 kilómetros por hora, una cifra muy alejada de los 295 kilómetros que alcanzó Irma como huracán de categoría cinco en la escala Saffir-Simpson. «Nos dijeron que nos traerían la comida a la habitación, que estaba prohibido salir del cuarto y que habría cuidadoras en cada bloque con pastillas e inyecciones para los ataques de pánico», cuenta a El Diario Montañés Sandra Sarabia.

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Entonces llegó la noche. Las palmeras, tan tropicales y paradisíacas los días previos, comenzaron a crujir. «El ruido era horroroso, el cristal se movía y el somier -que nos habían mandado colocar sobre la ventana- hacía el amago de dar saltos. A las tres de la mañana me levanté para ir al baño y cuando puse el pie en el suelo estaba toda la habitación inundada. Las olas del mar eran enormes y tenía miedo de que se produjera un tsunami», explica Sarabia.

Sin embargo, lo peor llegó después del huracán. Con el resort prácticamente destrozado, evacuaron a «americanos y a británicos». Al resto, nada. «Éramos ciudadanos de segunda clase. A los españoles, colombianos, ecuatorianos y mexicanos nos dijeron que nos teníamos que ir, que nos buscáramos la vida porque allí ya no quedaba comida», dice Fernández.

Pasaron cinco días desesperantes. Las sábanas y las toallas estaban mojadas, el agua embotellada «caliente y racionada», no lograban hablar con sus seres queridos y el hotel no daba explicaciones sobre absolutamente nada. «Me encontré al director en una de las zonas comunes del resort a las seis de la mañana y le pedí por favor que me dejara llamar a mi madre para decirle que, tanto mi hermano David como yo, estábamos bien. Tras comprobar que tenía saldo, me dijo que la llamada tenía que ser muy breve porque costaba mucho llamar a España», explica todavía incrédula Sandra, que cada noche, a las cuatro de la madrugada, salía a pasear con Graciela porque no podía dormir.

Hasta que llegó Irma, las vacaciones transcurrieron con total normalidad. / DM

El transfer (transporte para ir al aeropuerto) nunca llegó. «Estuvimos esperando cinco horas a que viniera alguien a buscarnos», cuentan. Tenían previsto aterrizar en España el 11 de septiembre, pero no pudo ser. Los vuelos estaban cancelados y las comunicaciones tardaron en restablecerse. Finalmente, Javier Fernández consiguió hablar con Neus, la chica de la agencia Viajes Ecuador de Floranes (Santander) con la que habían contratado el viaje. «En cuestión de horas nos consiguió transporte y hotel en La Habana». Así llegaron de nuevo a la capital y arrasaron con el buffet del hotel. Todavía tuvieron que esperar cuatro días más en la capital de Cuba. «La gente, muy nerviosa, quería salir del país como fuera, pero todos los vuelos estaban cancelados», explican.

El pasado sábado, 16 de septiembre, los cinco cántabros aterrizaron en España sanos y salvos, pero habiendo vivido una de las peores experiencias de su vida. «En Cantabria tenemos muchos temporales, pero nada comparado con aquello», cuentan riendo, una vez pasado el susto.

Ahora toca pelear con los seguros. «Allí pagamos todo nosotros: las cuatro noches extra de hotel, los vuelos de vuelta, la comida... El seguro de la aerolínea ya nos ha dicho que no se hace cargo de los gastos en caso de catástrofe meteorológica. A ver el seguro de viaje...».

Lo que se sabe de Irma

El huracán llegó con una intensidad «sin precedentes», provocando pérdidas millonarias en varias de las islas afectadas y un balance de víctimas que todavía es incierto.

De acuerdo a cálculos de la agencia Enki Research que toman en cuenta el valor de las propiedades en riesgo de ser destruidas, Irma podría ser el huracán más costoso de la historia, causando pérdidas por 120.000 millones de dólares en Estados Unidos y en las islas del Caribe.

Irma golpeó Cuba como un monstruoso huracán de máxima categoría. Lo barrió todo. Dejó más de 4.000 viviendas dañadas en La Habana, donde se produjeron 157 derrumbes.

El país ha tenido que posponer las elecciones municipales de octubre por los graves daños provocados por el paso del ciclón por la costa norte de la isla entre los pasados 8 y 10 de septiembre.

En Florida han muerto 12 personas y casi siete millones se quedaron sin luz. En Carolina del Sur se confirmaron tres fallecimientos. Y en el Caribe, donde Irma ha arrasado, las cifras se elevan ya a 37 víctimas.

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