Los partidos se rompen

Uno de los últimos plenos del Parlamento regional.
Uno de los últimos plenos del Parlamento regional. / Celedonio Martínez

PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos atraviesan dificultades que amenazan con lastrar sus resultados en 2019

Enrique Munárriz
ENRIQUE MUNÁRRIZSantander

Michael Dobbs era jefe de Gabinete de Margaret Thatcher hasta que la Dama de Hierro se enfadó con él de repente en la campaña electoral del 87 y le mandó al paro. De su rabia nació la trilogía de novelas ‘House of Cards’, que dio lugar a la serie norteamericana sobre el lado oscuro del poder. Dobbs conoce bien las intrigas políticas –no en vano ha acabado siendo un respetado miembro de la Cámara de los Lores– y ha declarado: «La política no ha cambiado nada, no ya desde los años 80, sino desde Shakespeare. Todo está en su Julio César, seguimos haciendo esas mismas cosas». Todo está en la obra del escritor británico y bastante en la crisis que sacude a los partidos cántabros desde hace meses. Los enfados personales, las heridas no cicatrizadas, los agravios pasados y los orgullos maltrechos están saliendo a la luz en el seno de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Revilla se ve con fuerza para ganar unas elecciones

Miguel Ángel Revilla siempre ha soñado con ganar unas elecciones. Es la espina clavada que lleva desde hace años dentro, cada vez que le afean que ha llegado a la Presidencia del Gobierno «usurpando» el poder. Ahora, por primera vez en décadas, se ve en condiciones «de ganar unas elecciones». A diferencia de sus rivales, el regionalista sabe que su liderazgo no está en cuestión y que él es la única baza para mejorar los resultados y llegar a superar por primera vez al PP en Cantabria. Aunque hasta ahora venía sosteniendo en cada proceso electoral que era la «última vez que se presentaba», todos en las filas regionalistas dan por hecho –salvo que un problema de salud se lo impida– que volverá a ser el candidato del Partido Regionalista. Todos destacan «la unidad y fortaleza del PRC para afrontar las elecciones y ganarlas». La cuestión es cuándo. Aunque en el partido niegan en público un adelanto electoral, el debate se ha abierto ante la posibilidad de un posible cambio de rumbo en el PSOE y el abandono de Eva Díaz Tezanos. Sería su oportunidad para tratar de lograr su sueño, aunque también implica riesgos.

Las pasiones humanas, el poder en estado puro, la gloria con pretensión de eternidad, las traiciones de los propios, el combate contra los adversarios, la irrefrenable ansia por controlarlo todo, la adrenalina que segrega la acción política... Ése es el cóctel que está detrás de la pérdida de poder político en el PP y la ruptura del partido, la desafección ciudadana con el PSOE, que cosechó hace dos años los peores resultados de su historia a pesar de que consiguió gobernar; y el envejecimiento de la nueva política, que en muy poco tiempo ha copiado lo peor de la ‘vieja’; y que ha sacado a la superficie un problema que llevaba larvado y que, antes o después, tenía que estallar.

Ha sido como una tormenta perfecta para el PRC, que ve que el hiperliderazgo de Miguel Ángel Revilla, cuya formación lleva seis legislaturas mejorando sus resultados, se ha convertido en la panacea para alejar el fantasma de otra revuelta interna y les hace verse con fuerzas para ganar unas elecciones por primera vez.

La hora de Revilla

«Revilla lleva meses sentado en su despacho, acariciando al gato y viendo pasar cocinándose a fuego lento a sus rivales. Hace dos años, cuando volvió a gobernar, no se podía imaginar un escenario tan favorable. Está frotándose las manos. No va a ganar las elecciones, se las vamos a regalar. Se lo estamos poniendo en bandeja», se lamentaba un diputado de una de las fuerzas en crisis el pasado jueves en la cafetería del Parlamento durante el Debate del Estado de la Región.

Las crisis son múltiples y de distinta índole, aunque las cuatro tienen el mismo denominador común: la lucha de poder. Van desde el convulso proceso de primarias en el PSOE y las consecuencias en el liderazgo de la secretaria general y vicepresidenta de Cantabria, Eva Díaz Tezanos; una ruptura en dos del PP desde que María José Sáenz de Buruaga se enfrentase a Ignacio Diego en el comité regional y ganase por cuatro votos; un Podemos más pendiente de purgar cualquier tipo de crítica interna, que pierde fuerzas buscando a los enemigos dentro de casa y con las bases a un paso de forzar con los estatutos internos las terceras primarias en dos años; y Ciudadanos, que se ha quedado prácticamente sin todos sus cargos institucionales, mandos territoriales y afiliados de base tras el golpe en la mesa de Albert Rivera al imponer a Félix Álvarez como barón.

La chispa de la crisis prendió en el tradicional bipartidismo. Aquella fatídica noche del 24 de mayo de 2015. PP y PSOE se llevaron lo peor de la crisis. Los populares cayeron 14 puntos y casi 50.000 votos y los socialistas 2 puntos y 11.000 votos. La inestabilidad política nacional, con un Gobierno en funciones, retrasó los congresos regionales más de lo previsto, un tiempo que ha permitido agrandar las heridas. A Sáenz de Buruaga su liderazgo se le ha atragantado: no se esperaba una oposición interna tan fuerte. Y en el PSOE la fortuna de Pedro Sánchez ha dado fuerza a una corriente que hace dos años, después de regresar al Gobierno y recuperar el poder municipal, ni siquiera se hubiera atrevido a moverse.

En el lado opuesto del tablero político, tanto Podemos como Ciudadanos han envejecido con inusitada rapidez, replicando los vicios del vetusto bipartidismo. En definitiva, lo que los ciudadanos pueden apreciar es que quienes prometieron una nueva forma de hacer política en realidad practican la política de toda la vida. También en la tendencia al hiperliderazgo a pesar de que ambos partidos se rigen por el sistema de primarias para elegir a sus dirigentes. La consecuencia inevitable es una cierta pérdida de la ilusión y el entusiasmo que, en electorados distintos, despertaron tanto Podemos como Ciudadanos. Todos temen que los terremotos no se apaguen antes de 2019 y unas consecuencias que pueden ser catastróficas y encumbrar a Revilla.

PP, un liderazgo en entredicho Génova pone a hibernar la crisis interna

Ante la imposibilidad de acercar posturas, con un partido roto en dos y sin atisbar el más mínimo rayo de luz al final del túnel, Génova ha puesto a hibernar la crisis interna del PP cántabro ‘sine die’ con la esperanza de que el tiempo temple los ánimos y se evite llegar a una escisión. Desde que María José Sáenz de Buruaga se impuso por cuatro votos a Ignacio Diego en el congreso regional, solo se ha encontrado palos en las ruedas. El detonante final fue la rebelión de nueve de los trece diputados contra la decisión del comité ejecutivo de cambiar de portavoz en el Parlamento.

La presidenta esperaba una reacción «contundente» y «rápida» de Madrid contra el órdago de los parlamentarios díscolos, que podría ir desde la suspensión mínima de un año a, en el caso más radical, la expulsión del Partido Popular. Pero, de momento, solo se ha encontrado con una respuesta tibia y emplazamientos a futuras reuniones.

María José Sáenz de Buruaga e Ignacio Diego, en el Parlamento. / Andrés Fernández

Desde entonces, el PP cántabro vive instalado en una tensa calma. Los disidentes cuentan con el respaldo de al menos la mitad de los alcaldes y números uno, en general de ayuntamientos pequeños. Y están a la espera de que los tribunales se pronuncien sobre la demanda que pide impugnar el congreso por irregularidades.

La nueva ejecutiva popular, que tiene la adhesión de la militancia en casi todos los municipios grandes, valora el «goteo» de dirigentes locales que poco a poco se van sacudiendo la presión del bando de Diego.

La presidenta del PP se muestra dispuesta a resistir con el apoyo de la mayoría del partido y el de la cúpula nacional, y desde luego, con la potestad de manejar las listas electorales en 2019.

En la dirección regional se frotan las manos ante un escenario con el que sueñan:un adelanto electoral que pueda acabar con todos sus problemas de un plumazo. Barajan que ante una victoria de Pablo Zuloaga en las primarias socialistas, Miguel Revilla aproveche para convocar elecciones anticipadas.

PSOE, continuidad histórica o ruptura con el pasado El ‘sanchismo’ quiere el trono de Bonifaz

Tranquila, Eva, que contigo no va nada, esto solo afecta al proceso federal», le dijeron los referentes del ‘sanchismo’, Pedro Casares y Pablo Zuloaga, a su secretaria general en febrero cuando iniciaron la campaña para devolver al líder caído al trono de Ferraz. Pero ni permanecer en la Ejecutiva de Pedro Sánchez hasta el último momento, ni su aparente neutralidad, ni la Vicepresidencia del Gobierno, ni siquiera los gestos de acercamiento –como el anuncio de la salida de José Guerrero de la dirección– le han servido a Díaz Tezanos para mantener a salvo su liderazgo y tendrá que enfrentarse a Zuloaga.

Los actos multitudinarios de la campaña de Sánchez y su victoria arrolladora, con el 70% de los votos, han desatado la batalla por el cambio. Hasta ahora el PSOE siempre había sido un territorio vinculado a la herencia del liderazgo y la dirección, con Pepe Guerrero al frente, y había conseguido apartar a todo aquel que intentaba sacar la cabeza.

Eva Díaz Tezanos y Pablo Zuloaga durante la campaña de las Generales. / Daniel Pedriza

Pero los renovadores se ven con fuerzas para ganar al aparato. Es un fervor reciente el que se ha incubado entre la militancia, porque el ‘sanchismo’ representado en la ejecutiva regional hasta ahora nunca había alterado la paz y la unanimidad reinantes en los órganos de dirección del partido. Solo así se explica que rompiesen el acuerdo para lograr una lista de integración, en la que Díaz Tezanos se garantizaba mantener el liderazgo y dejaba en manos de sus rivales el 60% de su futura Ejecutiva.

La situación ya ha llegado a un punto de no retorno. De momento, los avales dan una ventaja al alcalde de Bezana. Están en juego la Secretaría General, la candidatura de 2019 y, desde luego, la paz del partido. Tezanos ya ha dejado caer por su entorno que una derrota será una desautorización en toda regla y supondrá su marcha del Ejecutivo, algo que sus rivales ni siquiera creen que llegue a plantear. El debate principal no se centra en las ideas, sino básicamente en un cambio de caras.

PODEMOS, juego de tronos por el poder Una guerra sin cuartel desde el inicio

La paz en Podemos apenas ha durado un año. El secretario general, Julio Revuelta, presentó hace dos semanas su dimisión, junto al diputado Alberto Bolado y otros seis miembros de la dirección, acuciado por los duros conflictos internos que soporta el partido desde su nacimiento y que se habían trasladado al grupo parlamentario. La disputa abierta entre dos de los diputados, Verónica Ordóñez y Alberto Bolado, terminó por llevarse por delante al segundo líder de la formación morada. Un año antes, en primavera de 2016, el Consejo Ciudadano retiró la confianza en un convulso proceso lleno de ataques y descalificaciones a su entonces líder, José Ramón Blanco.

El problema de fondo, una vez más, ha sido la lucha por el poder. A diferencia de las disputas anteriores, en esta ocasión no se trata de una batalla entre los partidarios de Pablo Iglesias y los de Íñigo Errejón. Ese debate quedó ya enterrado tras el congreso de Vistalegre 2. Esta vez se trata de hacerse con el control del partido para posicionarse de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales de 2019. Todos quieren garantizarse un puesto de salida en las listas.

Julio Revuelta y Verónica Ordóñez caminan delante de Alberto Gavín. / Roberto Ruiz

Alberto Bolado y el llamado «frente castreño» del partido, liderado por Ordóñez y con mucha ascendencia en los órganos de dirección de Podemos, han tenido sonados desencuentros.

El diputado camargués ha recriminado en varias ocasiones al actual líder el reparto de los temas que se hace en el grupo parlamentario, así como la monopolización de los cinco trabajadores que el partido tiene allí. Uno de ellos ha presentado una consulta en la dirección nacional para aclarar quién gestiona determinados recursos del partido. Con la salida de Revuelta y Bolado y a la espera de convocar primarias, todo el poder está ahora en manos de los castreños.La dirección nacional ha aplazado las primarias y ha creado una comisión permanente que estará coordinada por Alberto Gavín.

CIUDADANOS, la escisión naranja Revientan las costuras naranjas

La salida del diputado Juan Ramón Carrancio, los concejales de Santander David González y Cora Vielva, seis delegados comarcales y hasta «doscientos, de más de trescientos afiliados» de Ciudadanos se veía venir desde que la dirección nacional les retiró la confianza y les sacó a todos de la ‘cúpula’ del partido en Cantabria.

El diputado, que había controlado el partido durante los dos últimos años, está sitiado por dos frentes: uno político y otro judicial. Albert Rivera designó al diputado y humorista Félix Álvarez para poner orden en una formación a la que ha acompañado la polémica desde el primer minuto.

La primera medida impulsada por Madrid fue cortar por lo sano y erradicar de la dirección regional al núcleo duro de Carrancio. Jesús Calleja abandonó el cargo de delegado territorial y David González, uno de sus apoyos más fuertes en la organización, quedó relegado a concejal en Santander.

Los exdirigentes de Ciudadanos anunciaron la pasada semana su marcha. / Roberto Ruiz

Su debilidad interna se suma al frente judicial que tienen abierto. Su defensa en los tribunales de Fernando Dou, policía local que fue acusado por compaginar este trabajo con el de organizador de la campaña electoral de Ciudadanos, ha desembocado en una denuncia por falsedad documental tras la presentación de una supuesta acta simulada durante el transcurso del juicio. Tanto Carrancio como David González se enfrentan, como denunciados, a una petición de pena de entre tres y seis años.

Ante este panorama y con la posibilidad de que Madrid le pidiese que abandonasen sus cargos en breve si salían imputados –hay diferencias en la interpretación del código ético–, han decidido irse dando un sonoro portazo, manteniendo sus actas y con el cuchillo entre los dientes al acusar al partido de «transfuguismo ideológico».

A falta de conocer el número oficial de las bajas en Ciudadanos, la marcha hace un roto importante. Álvarez se evita así tener que hacer limpieza, pero deberá impulsar la expansión del partido.

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