«Hemos pasado de tirar la leche a que falte, pero los precios siguen siendo una miseria»

Pedro Gómez, en su explotación ganadera de Ramales de la Victoria, donde tiene 289 animales./Daniel Pedriza
Pedro Gómez, en su explotación ganadera de Ramales de la Victoria, donde tiene 289 animales. / Daniel Pedriza
Pedro Gómez, presidente de la asociación agraria Asaja

«La ganadería de Campoo está en la ruina más absoluta por culpa de la sequía y de las políticas sanitarias»

Gonzalo Sellers
GONZALO SELLERSRamales de la Victoria

El barrio de Guardamino, en Ramales de la Victoria, es un reflejo de la situación ganadera en Cantabria. Allí se llegaron a juntar 25 explotaciones en su día. Ahora sólo quedan tres. Una de ellas pertenece a Pedro Gómez, presidente de la asociación agraria Asaja. Él, como muchos trabajadores del campo, ha tenido que reciclarse para sobrevivir. Del vacuno de leche ha pasado al de carne. «Aquí en Ramales todo el mundo vivía de las vacas y de la fábrica de trefilería. Ahora sólo hay bares y jubilados», lamenta.

–Los hosteleros lamentan que el mal tiempo haya frenado el turismo y los ganaderos que la sequía esté acabando con los pastos. ¿Ambos tienen razón?

–Ahora mismo hay dos zonas en Cantabria en alerta roja por sequía: Campoo y Liébana. Si los hosteleros de allí se quejan no lo entiendo. Hay una seca como no se ha conocido en muchos años. En otras zonas es algo mejor, pero el campo sigue en unas condiciones muy malas por la falta de lluvia. También es cierto que el momento más grave fue en primavera, cuando se preveía una seca histórica.

–¿Es una situación preocupante o ha sido un problema puntual?

–Fue un tema preocupante en toda la región en primavera y sigue siéndolo en Liébana y Campoo. El otro día me contaba un ganadero de allí que está dando de comer a las vacas igual que en invierno. El campo está seco, seco, seco y no hay nada de pasto. Tienen un problema grave y el Gobierno debería haber actuado con un plan de ayudas que aliviase la situación. Lo pedimos, pero nos dijeron que no tenían capacidad económica para hacerlo frente.

–¿Se está dejando de sembrar por no tener asegurado el riego o por miedo a una nueva sequía grave?

–En primavera hubo agricultores de patata, sobre todo, que decidieron no sembrar por las previsiones de tiempo. Pero es que, de rebote, todo la sequía de Castilla también nos afecta. Se han incrementado muchísimo los costes de los forrajes. Si el año pasado comprabas una tonelada por 100 euros para vacuno de carne, este año ya está en 200 euros. Se ha duplicado. Para la economía de un ganadero esto es la ruina. Menos mal que en nuestra zona oriental hemos tenido unas lluvias que han servido de equilibrio, pero en Campoo la ganadería está en la ruina más absoluta por las restricciones sanitarias y la climatología.

«Hubo agricultores de patata que la pasada primavera decidieron no sembrar por las previsiones de sequía que había»

–Cantabria ha pasado de 4.000 explotaciones ganaderas de leche a 1.400. ¿Se espera un nuevo aluvión de cierres?

–La previsión es que en el año 2020 sólo queden 1.000 ganaderías en total en Cantabria en el mejor de los casos. La inestabilidad es enorme. Y también hay muchísima gente que se plantea cerrar pero no puede. Ahora mismo el Gobierno tiene restringidos los movimientos de animales y sólo puedes llevarlos al matadero. Si tú ahora quieres vender animales por la sequía, no puedes.

–¿A cuánto venden ahora el litro de leche?

–A 30 céntimos más o menos, aunque estuvo a 0,15 el año pasado. Todavía no hemos digerido la situación de que sobraba producto por todas partes y ya estamos justo al revés: falta leche. El otro día hablé con el responsable de una cooperativa que no tenía capacidad para suministrar todo lo que le piden. Eso sí, los precios siguen siendo una miseria.

–Hace muy poco se estaba tirando la leche porque sobraba...

–La producción europea depende de las épocas del año. Hay momentos en los que se consume mas de lo que se produce y otros momentos que es al revés. En verano baja mucho y en cuanto llega septiembre-octubre vuelve a subir. Ese equilibrio lo hacía antes la industria, que es muy lista. Había contratos anuales y cuando se producía un excedente, se secaba la leche y se hacía en polvo. Eso se ha acabado. Ahora la industria compra a la carta. Cuando necesita leche sale al mercado y ella pone el precio. Eso ha destruido el sector. Hay gente que ha tenido que cerrar porque no le compraban o porque sólo podía vender a 15 céntimos el litro.

«Todos los problemas de la leche se arreglarían si el supermercado vendiera el litro a 70 céntimos»

–¿Quién puede arreglar esto?

–Los grandes distribuidores. Lo que no pueden hacer las cadenas de supermercados es vender un litro de leche por menos de 60 céntimos. Si hacen eso, ¿a cuánto la compran? Pues a menos de 0,30. Y así es imposible subsistir en un mercado, no hay relevo generacional en las explotaciones, la gente tira la toalla... Si al consumidor le costase el litro 70 u 80 céntimos no se crearía ninguna alarma social. La gente compra la leche al precio que esté. En países donde el producto tiene un precio normal, que sostiene todos los eslabones de la cadena, hay estabilidad. El camino que llevamos en España es que va a desaparecer todo el sector lácteo.

–El Gobierno ha inyectado financiación pública para salvar ciertas empresas, ¿debería hacer lo mismo con explotaciones ganaderas en riesgo?

–El problema es que ellos analizan la producción de leche y ven que no desciende. En Cantabria se generan un millón de litros diarios. Los mismos ahora que cuando éramos 4.000 explotaciones. ¿Por que? El ganadero se moderniza y aumenta la producción. El modelo europeo consigue que nunca falte producto en el mercado, pero no tiene mecanismos para equilibrar los precios ni para decirle a la multinacional de turno que no puede pagar el litro de leche a 0,30 porque está oprimiendo el mercado. Hace falta un precio digno, que los ganaderos tengan un salario mínimo como todo el mundo. Este año ninguno en Cantabria ha cobrado los 0,34 euros por litro que la Unión Europea marca como mínimo para poder vivir de esto. El que mejor estaba colocando la leche ha llegado a los 0,33, pero la media ha estado en 29 céntimos.

–Pero establecer un precio mínimo es ir contra el libre mercado.

–Mira, la leche ahora mismo se quiere comprar lo mas fresca posible. Hay industrias, como Nestlé, que no compra a explotaciones que estén mas lejos de 30 kilómetros de su fábrica. Quieren que el producto les llegue con la máxima calidad y frescura. Pero eso no acompaña con el precio. No pasaría nada porque un litro de leche en el supermercado costara 70 céntimos. Eso arreglaría todos los problemas.

-Entonces, la lucha está en Bruselas, no en Santander o Madrid

-Siempre lo he tenido claro. La ganadería y el sector agricola depende de Europa. ¿Hasta dónde llega el PRC? Como mucho hasta el Ministerio, pero es que ahora mismo donde se debate y se cuece el futuro del sector es en Bruselas. De allí nos viene todo masticado. Llegan los comisarios extranjeros, ven Castilla, luego Cantabria, y no reconocen el mismo país. Las medidas para España son de tarifa plana, les da lo mismo el secano que el regadio, el sur que el norte... Se escriben las leyes en contra de los intereses de Cantabria. Nos dicen que si hay una orografía de mas del 25% no tenemos derecho a ayudas. Pues hombre, en Castilla vale, pero aquí sí se aprovecha para cultivo todo el terreno, haya o no pendiente.

«Los políticos legislan sin preguntar. La naturaleza es sabia, las leyes no tanto»

–¿Qué problema tienen los ganaderos en el Parque Nacional de Picos de Europa?

–Hay que compaginar la actividad ganadera con la turística. No es un tema de dinero, es de pedagogía. Quieren que las explotaciones se mantengan como hace 50 años, no se las deja que se modernicen, no se pueden tocar los caminos para llegar a ellas… Tenemos un plan de modernización de explotaciones que a los ganaderos de allí les condiciona mucho más por las restricciones medioambientales del parque. En otras regiones de Europa sí hay equilibrio. Pero aquí se juzga igual una explotación situada en zona de reserva natural que cualquier otra. Por ejemplo, un invernal en Picos está hecho para momentos de inclemencia y se cierra entero. Luego llega el inspector y dice que como no hay ventilación no cumple con la normativa. Pero si es que estamos a mil y pico metros y si hubiera ventanas se llevaría todo el viento...

–El nuevo plan, tan criticado por ayuntamientos y empresas turísticas, no parece solucionar el conflicto.

–Lo único que hemos hecho es adaptarlo al medio natural. Ahora los ayuntamientos se levantan contra él… Antes en las zonas rurales había un porcentaje altísimo de concejales ganaderos. ¿Cuántos hay ahora en los 102 municipios? Los contamos con los dedos de la mano. El problema es que el desconocimiento te lleva al error. Se legisla sin preguntar y se genera un conflicto, como esta pasando con el lobo. La naturaleza es sabia, las leyes no tanto.

–¿Se están dando demasiadas vueltas para solucionar los ataques de los lobos?

–El que ha dado un giro de 180 grados es el Gobierno. Nosotros no entramos en cuántos lobos tiene que haber, sólo exigimos que el Gobierno decida el límite de ejemplares y cubra los daños a los ganaderos. Se trata de controlar la especie para que no supere una línea roja. Hay zonas de Cantabria en las que se ven lobos como si fuesen perros por los pueblos. Claro, los ganaderos ya no suben animales al monte, los lobos no tienen comida y bajan a por ella. Eso es algo natural. No quiero ser alarmista, pero acabaremos teniendo un conflicto también con los osos. Estamos recuperando la especie, pero tiene que haber reguladores de la fauna salvaje.

–¿Se está apostando por el turismo y la industria, mientras se deja morir al sector primario?

–Esa es la realidad. Nosotros no hemos tirado la toalla, pero si no se hace algo de manera urgente van a matar a la gallina de los huevos de oro. El turismo depende de la Cantabria verde, ¿y quien la mantiene? Ahora mismo no hay desbroce más barato que un animal domestico. El problema es que los ganaderos somos unos sufridores. Siempre digo lo mismo, el problema del sector somos nosotros mismos, no hay que echarle la culpa a nadie. Estamos arraigados a la tierra como nadie, no tenemos ningún derecho y, al mismo tiempo, no hay nadie que aguante más que nosotros. Las políticas no nos acompañan porque el sector primario no es la prioridad. La Consejería de Ganadería está dejada de la mano de dios. Todos dicen que les preocupa, pero luego los actos van por otro lado.

–¿Cuándo dejó de ser una prioridad la ganadería y la agricultura en Cantabria?

–En los últimos 25 años hemos tenido representación en el Parlamento. Había políticos que decían allí lo que pasaba en el campo y lo que se debía hacer. Pero ahora, los viejos partidos y los nuevos se han olvidado del medio rural. Comparas el impacto del sector en el PIB con el presupuesto de la Consejería y no se corresponde. Nos han dejado sin dinero. A nivel político no hay apoyos.

–Entonces, ¿qué os queda para resistir?

–Tenemos un comodín: las ayudas europeas. De ellas estamos viviendo, aunque el modelo con el que se reparten va en contra de los intereses de la región en muchas ocasiones. Mira, ahora nos llaman pirómanos y nos culpan de la mayoría de incendios cuando venimos avisando del mal estado en el que se encuentran los montes. La única herramienta que hemos tenido toda la vida para generar pasto, no estamos inventando nada, es la quema controlada. Pero nos están criminalizando y nos amenazan con no dar ayudas europeas en las zonas quemadas. Si toman esa medida, mucha gente no va a recibir sus únicos ingresos.

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