policía de nacimiento

Mega es el nuevo agente de una saga de perros policías cántabros entrenados para detectar drogas, dinero y explosivos

Mega y su padre Wifi, dos 'agentes' que velan por la seguridad de los ciudadanos cántabros. / DM
ANA DEL CASTILLOSantander

Mega tiene dos meses de vida y ya está acostumbrada a los billetes de 50 euros. A ese olor fuerte a tinta y a borra de algodón. Es lo que les enseñan desde pequeños, a detectar dinero, explosivos, drogas, personas escondidas y cadáveres. Por algo su capacidad olfativa supera en cien mil veces a la humana. Forma parte de una saga de perros policía entrenados desde que nacen para ser un 'agente' más. Es hija de Wifi, pieza clave en el equipo de explosivos desde hace cuatro años.

El cachorro de Border Collie se acaba de incorporar gracias a una donación a la Unidad Canina de la Policía Nacional en Cantabria y se encuentra ya en fase de entrenamiento. De los doce perros que hay en la brigada, solo dos se han comprado a la Administración. «Preferimos las donaciones para enseñarles desde pequeños, como a Mega. Trabajamos mejor de esta manera», explica Raúl Bernardo, subinspector de la Unidad.

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La Unidad Canina de la Policía Nacional se creó en 2003. «Los perros comenzaron a venir a Santander en verano para la programación de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y después se intensificó el trabajo cuando ETA estaba en activo. Éramos una de las unidades de España con más atentados reales, gracias a Dios sin bajas». Catorce años después todo sigue igual. O casi todo, porque desde que España activó el nivel 4 en alerta antiterrorista el trabajo de la brigada se ha intensificado notablemente. «Antes la gente no decía nada. Ahora, cuando nos ven en las estaciones o en el aeropuerto, nos dan las gracias por estar presentes y por el trabajo que desempeñamos», explica Bernardo.

En el gimnasio suena la música de Schubert. Wifi está ejercitándose en la máquina de correr porque fuera, en la calle, el día está gris. Es el padre de Mega. Lleva cuatro años velando por la seguridad de los ciudadanos cántabros y está especializado en explosivos. Se mueve como una gacela, «es cariñoso y siempre está dispuesto a trabajar. No se cansa, tiene mucho instinto de juego. Es lo mejor que tiene», explica el subinspector y compañero de batalla. «Todos los días se viene a casa conmigo. Y ahora Mega también». Cada agente tiene asignados dos perros, normalmente uno de explosivos y otro de drogas. Es imprescindible determinar para qué tipo de rastreo está capacitado cada perro. Equivocarse en la elección puede llevar al fracaso a ambos, agente y animal. O peor, «acabar todos por los aires».

Mega tiene que superar varias etapas. La primera, la de socialización. Debe aprender a estar con personas, a pisar suelos resbaladizos, como el del aeropuerto Seve Ballesteros-Santander, a caminar por la arena de las playas, a subir y bajar escaleras y a desarrollar poco a poco su olfato.

La segunda fase de aprendizaje para el cachorro Mega es la más divertida: motivación al juego. «Desde que nació se le esconden las cuatro tomas de comida, para que vaya acostumbrándose a buscar». Durante el juego, que no deja de ser un aprendizaje, se trabaja con olores fuertes: dinero, hachís, heroína y cocaína. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre cede a la Policía Nacional billetes defectuosos triturados para que los animales ensayen con dinero de curso legal. «Lo metemos en un rodillo dentro de papel, para que lo vaya asimilando y después, le quitamos el juguete. Así solo captan el olor. Lo escondemos y ellos lo encuentran. Entrenamos con dólares, libras, euros...».

Cama, aseo y comida

Al margen del gimnasio, cada perro tiene su propio cuarto con una cama o cubil seco y en altura, para que no cojan frío; un bebedero automático que funciona como el sistema de la cisterna, siempre tiene agua fresca y corriente, y comida.

El servicio de limpieza dentro de las instalaciones trabaja los 365 días del año.

También disponen de 'zona de baño' y bañera «copiada de una guardería». Son los propios agentes los que se encargan de la limpieza de los animales. Y los veterinarios de la Administración, de su salud.

En una de las paredes de la unidad se pueden leer todas las razas de agentes caninos: Golden, Pastor Belga, Setter Inglés, Cocker, Pastor Alemán, Labrador y Jagd Terrier. Y en el muro de honor aparecen los nombres -tallados sobre tacos de madera- de todos los perros que han formado y forman parte de la brigada. Dentro de poco aparecerá también el de Mega.

Compuesta por seis agentes y 12 perros, es la unidad policial más cercana a los ciudadanos. Eso se nota en el despacho «más orientado a las visitas que a trabajar», empapelado con recortes de periódico, juguetes en miniatura de canes, una colección enorme de escudos de las policías de todo el mundo, dibujos... Tal es la simpatía que despiertan en los niños que «aquí todos somos Rider, como en los dibujos», dice Bernardo.

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