«No queremos vallas, sino puertas abiertas para la discapacidad»

Hace una semana que se colocó la valla alrededor de la residencia sociosanitaria Medinaceli.
Hace una semana que se colocó la valla alrededor de la residencia sociosanitaria Medinaceli. / R- Ruiz
Bezana

El Cermi sale al paso de las «denigrantes» críticas vecinales hacia usuarios de la residencia de Soto de la Marina y pide que se «respete la diversidad y se eliminen prejuicios»

Ana Rosa García
ANA ROSA GARCÍASantander

Si la valla que rodea desde hace una semana a la residencia sociosanitaria Medinaceli, en Soto de la Marina, ha indignado a usuarios, familiares y trabajadores del centro, que están recabando firmas de apoyo para que sea retirada, la justificación argumentada por los vecinos de la urbanización colindante (Virgen del Mar) -de quienes partió la iniciativa, autorizada por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Bezana- no ha hecho sino acrecentar el malestar. Hasta el punto de que Cermi Cantabria, la plataforma de representación y defensa de los ciudadanos con discapacidad, ha reaccionado con un contundente comunicado de prensa frente a esta «clara muestra de vulneración de derechos y de discriminación».

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Su presidenta, Mar Arruti, juzga como «un ataque directo a la dignidad e imagen de las personas con discapacidad» las declaraciones realizadas por los vecinos -publicadas en este periódico el 25 de agosto-, en las que se quejaban de las «molestias» que les ocasionaban los internos de la residencia. En ellas, entre otras cosas, protestaban por «la ocupación» de sus instalaciones privadas (pista deportiva y parque), así como por la «invasión de coches» que soportaba la urbanización por parte de los trabajadores y visitantes del centro, «bloqueando incluso nuestros garajes», decían.

Cermi Cantabria aboga «para que se resuelva el conflicto que se arrastra desde la puesta en marcha de la residencia, y esperamos que todas las partes implicadas sean capaces de llegar a acuerdos justos y favorables, que ante todo que respeten la dignidad, seguridad e inclusión social de las personas con discapacidad». No obstante, para la presidenta del colectivo «la principal preocupación» es «tener una sociedad con valores, que respete la diversidad», «donde la inclusión, como principio básico de equidad y justicia social, sea la referencia». Una sociedad, añade, en la que «desaparezcan los prejuicios negativos e infundados por tener una discapacidad u otras causas, que tanto contribuyen a estigmatizar a las personas y a que sigan viviendo en una situación de exclusión permanente». Cuestiones que en este caso cree que han quedado en evidencia. «No queremos vallas, sino puertas abiertas para la discapacidad», defiende.

Por eso, Arruti pide «tanto a quienes han hecho esas manifestaciones como a las que las comparten que intenten ponerse por un momento en el lugar de las personas a las que se han referido de forma tan denigrante. ¿Les gustaría que hablaran de ustedes de esa manera, que fuera esa la imagen que se divulgara, que se les denegara el derecho a participar en su entorno? Dediquen un momento a imaginar que cualquiera de las personas a las que se han referido fuera de su familia».

Una semana después de la colocación de la polémica verja, en el interior de la residencia Medinaceli persiste «la impotencia y el coraje», como reconoce su directora, Raquel López. «Te duele por los usuarios y por sus familias, que perciben ese rechazo». Niega los motivos que han expuesto los vecinos para justificar la valla, «porque han enumerado una serie de situaciones que ya no se están produciendo. Dejamos de aparcar en las calles de la urbanización cuando pusieron la señal de prohibición (antes hubo trabajadores que se encontraron sus coches rayados, retrovisores rotos... incluso ha habido multas); les molestaba que saliéramos al parque (hasta quitaron los bancos), y dejamos de ir; no querían que utilizáramos la pista, y dejamos de hacerlo. A estas alturas, la verja no tiene ningún sentido. Esta es una guerra absurda».

«No vamos a quedarnos de brazos cruzados»

Ya son casi 1.300 las firmas de rechazo a la valla «discriminatoria» de la residencia Medinaceli, entre las recopiladas en el propio centro (alrededor de 260) y las enviadas a través de la plataforma digital change.org, que superaba ayer por la tarde el millar. «Está claro que no vamos a quedarnos de brazos cruzados, queremos que esto no se olvide, que se sepa que no estamos de acuerdo con la colocación de la verja y que, aunque esto lleva un proceso legal, lucharemos para que sea retirada», declaró la directora, Raquel López. Consciente de lo «complicado» de reconducir la relación con la urbanización vecina, inmersa en una «batalla» con la empresa que ya dura siete años, aún cree que «se puede convivir juntos», pero para ello «es necesario no juzgar sin conocer».

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