Quince fugas de agua han puesto en peligro los fondos del Museo de Prehistoria

Los fondos del Museo de Prehistoria se encuentran en los bajos del Mercado del Este desde el 2013.
Los fondos del Museo de Prehistoria se encuentran en los bajos del Mercado del Este desde el 2013. / Javier Cotera

Un informe de Cultura alerta del riesgo al que se encuentran expuestas las obras en el Mercado del Este y refuerza la necesidad de construir el nuevo edificio

ENRIQUE MUNÁRRIZ | GUILLERMO BALBONA SANTANDER.

La necesidad de erigir una nueva sede para el Museo de Prehistoria (Mupac) junto al Palacio de Festivales «es totalmente perentoria». Su ubicación actual en los bajos del Mercado del Este es «insatisfactoria», «impide el adecuado desarrollo de las funciones museológicas que la institución tiene asignadas» y, lo que es más grave, «ha puesto en riesgo serio la conservación de sus colecciones», que han sufrido desde 2013 quince episodios de inundaciones, tres de ellos especialmente graves. Todo ello se desprende de un contundente y demoledor informe de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte elaborado por el director del Mupac, Roberto Ontañón, en colaboración con Eva María Rosales y Adriana Chauvin, en el que se hace hincapié en la necesidad de contar con una nueva sede que ponga de relieve todo el potencial de sus «magníficas colecciones» y «catapultar sus colecciones a nivel europeo».

Inundaciones y cierres temporales en la sede de Puertochico

En abril de 2008, la Consejería de Cultura cerraba el viejo museo situado en los bajos del antiguo edificio de la Diputación Regional, en Puertochico, y decidía dividir la colección en dos partes: una muestra destinada al público en general en el centro de la ciudad –en el Mercado del Este– y otra, más especial, destinada a la investigación de la Universidad de Cantabria, que también incluía una parte expositiva con piezas inéditas. Ésta última se ubicó en un local alquilado desde 2007 en Los Castros, hoy ya cerrado. Antes lo azaroso, la provisionalidad y los cierres temporales acompañaron a un museo sin sede estable ni imagen propia. En los años de estancia en Puertochico los episodios vinculados a inundaciones y fugas también fueron frecuentes. Los bajos de la Diputación sufrieron los efectos de tormentas debido a las deficientes instalaciones. En 2003 se vivió uno de los últimos cierres temporales por culpa de la entrada del agua en las dependencias. Hasta el presente, en el que el proyecto de sede propia y definitiva parece totalmente encauzado, durante décadas la propuesta de lugares adecuados para instalar el museo se sucedieron sin que hubiese nunca una decisión política que aclarara su futuro.

El departamento dirigido por Ramón Ruiz ha tenido en cuenta este crítico documento para diseñar las necesidades del futuro edificio, que duplicará su capacidad expositiva y tendrá unas condiciones museográficas que pongan fin de una vez a su «penosa historia», se dice en el informe firmado por Ontañón.

Aunque el documento recoge que, «sin género de dudas», la ubicación del Mercado del Este es «la mejor» de sus 90 años, no obstante dista de ser la «óptima» al estar las piezas repartidas en dos sedes, ambas ubicadas, como parece el sino de la institución, en la planta baja y el sótano de sus respectivos edificios.

«La cubierta del almacén está deteriorada y proliferan las goteras»

Los técnicos resaltan que las condiciones son especialmente «inapropiadas» en el caso de la exposición permanente donde sus magníficas colecciones se exhiben en una «excelente muestra», pero en «un espacio subterráneo sometido a un doble factor de riesgo de filtraciones de agua e inundación: la escorrentía procedente de las aguas pluviales y los desagües de los locales de hostelería que se encuentran inmediatamente encima». A estos factores se les suma otro, no menor: todas las instalaciones de aire acondicionado y otros equipamientos, tanto del museo como de los locales del mercado, están en un cabrete entre el falso techo de la exposición y el suelo de la zona comercial.

Las muestras se encuentran en riesgo de sufrir graves desperfectos. / DM

Quince episodios de inundación de la sala en tres años, tres de ellos de especial entidad, dan testimonio del riesgo al que se encuentran expuestas las colecciones del museo en su actual ubicación. Otro factor «negativo» de esta céntrica ubicación «es el hecho de que no exista no ya una playa de carga y descarga sino la posibilidad de detener un vehículo cerca de la puerta para realizar estas tareas, en una calle semipeatonalizada cuyas acercas están sembradas de bolardos».

Instalaciones precarias

Pero hay más. Aludiendo a razones presupuestarias, en diciembre de 2014 se desalojó precipitadamente el local de la avenida de Los Castros, de Santander, y se traslada el Centro de Investigación al edificio de la Biblioteca Central de Cantabria, en la misma ciudad, concretamente a los espacios asignados al Archivo Regional que, a pesar de sumar una superficie similar, «no cumplen con todas las condiciones necesarias, particularmente en lo referido a laboratorios, por la imposibilidad de extracción directa de aire al exterior, y equipamientos de depósitos, que se dotarán de armarios compactos casi dos años después de la instalación en esta subsede.

«Ha habido tres episodios de especial entidad que han puesto en riesgo las piezas de la colección»

La división del museo en dos subsedes, alejadas varios kilómetros entre sí, obliga a continuos desplazamientos de materiales y personal entre unas y otras, lo que genera un funcionamiento «poco ágil, incómodo y que constituye un factor de costos y riesgos añadidos a la preservación de las colecciones».

El almacén de la Consejería no cumple tampoco los requisitos para una adecuada conservación de los fondos, «ya que su cubierta está deteriorada y proliferan las goteras que afectan directamente a los materiales». Y tampoco los locales que ocupan ahora las áreas internas del museo cumplen todos los requerimientos de habitabilidad y seguridad, «centrándose los problemas de riesgos en el laboratorio de restauración, carente -como el resto del edificio- de ventilación directa».

Nuevas necesidades

Todos estos aspectos son los que han llevado al actual director, sus colaboradores y al Gobierno a diseñar una nueva sede que acabe con las «carencias históricas». El nuevo edificio, como ya adelantó este periódico, tendrá una altura máxima de hasta cuatro plantas, con 7.430 metros cuadrados, cerca de 500 metros más de los anunciados inicialmente, y un estacionamiento subterráneo de una o dos alturas, en función de la disponibilidad económica o de las condiciones del terreno. La nueva sede, que saldrá de un concurso de ideas, permitirá incrementar más de un 50% su capacidad expositiva.

«Los desagües de los restaurantes y los locales comerciales están encima del tejado»

La idea de Cultura es poner de relieve la institución y el valor de sus colecciones en un «contenedor adecuado a la importancia del Mupac, recuperando así la imagen perdida en los últimos años». El proyecto de construcción del nuevo Mupac, en cualquier caso, no es un objetivo aislado, sino que se enmarca en el llamado Plan Estratégico del Arte Rupestre que requiere de la colaboración de distintos sectores, tanto sociales como económicos. Cultura, el Ministerio, los ayuntamientos que albergan cuevas que son Patrimonio de la Humanidad, la Red de Desarrollo Rural y representantes de la Universidad de Cantabria son los ámbitos de trabajo de esta iniciativa.

En la estrategia se incluye el ambicioso Centro de Interpretación de Puente Viesgo; el centro de Arte Rupestre de la Unesco en Santillana del Mar, una incógnita no resuelta, y el Mupac, que está llamado a abrir nuevas «rutas de la cultura». En los Presupuestos, entre las partidas ya se contempló una de 300.000 euros para la licitación de los proyectos del Mupac y del Centro de Interpretación.

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