Reivindicar a Torres Quevedo

Las exposiciones sobre el inventor iguñés han formado parte del conjunto de actividades del Año Torres Quevedo./Luis Palomeque
Las exposiciones sobre el inventor iguñés han formado parte del conjunto de actividades del Año Torres Quevedo. / Luis Palomeque

El año dedicado al genio de Iguña ha logrado dar a conocer algo más de su vida y su obra, pero aún se está en deuda con él

JOSÉ AHUMADA SANTANDER

Más de ochenta conferencias, veinte exposiciones, decenas de entrevistas en televisión y radio y de artículos en periódicos y revistas resumen las actividades desarrolladas durante el 'Año Torres Quevedo 2016... y 2017', una celebración con la que se ha tratado de dar a conocer la figura y la obra del inventor iguñés. ¿Se ha conseguido? «Aún falta mucho por hacer -reconoce su promotor, Francisco A. González Redondo, matemático y profesor de Historia de la Ciencia de la Complutense de Madrid-, pero hemos dado una serie de pasos importantes».

Los cien años de funcionamiento del transbordador del Niágara justificaban este 'Año Torres Quevedo', aunque había muchos más aniversarios para elegir (entre otros, el centenario de la obtención de la patente de su catamarán y del inicio de las operaciones de sus dirigibles; los 130 años del transbordador del Río León; los 120 años del fin infructuoso del proyecto de transbordador del monte Pilatus en Suiza; los 110 años del éxito de las pruebas públicas del Telekino, y, finalmente, los 80 años del fallecimiento en Madrid, el 18 de diciembre de 1936, del genio). «España no tiene muchas figuras en el campo de la ciencia que merezcan ser historiadas por su talla internacional. En humanidades sí, pero en el terreno científico sólo hay dos, uno aragonés y otro cántabro: Santiago Ramón y Cajal, único Premio Nobel de Ciencias -Severo Ochoa lo recibió siendo ya americano-, y Leonardo Torres Quevedo, porque tiene talla mundial en el campo de la invención».

Para González Redondo sigue siendo una asignatura pendiente para las autoridades darle la importancia que se merece, e incluirlo en el currículum de Primaria y Secundaria y de la universidad. «El reto es proyectar su figura desde un pequeño pueblecito, la Serna de Iguña, hacia todo el mundo», y cita otros nombres -el naturalista González de Linares, el doctor Madrazo, en el campo de la Medicina...- que podrían convertirse en «modelos para los jóvenes, que en definitiva son el futuro de la región y del país», sustituyendo en ese papel a artistas y jugadores de fútbol.

De toda la actividad desplegada durante estos dos años, el profesor destaca las cuatro exposiciones simultáneas desarrolladas en Cantabria y San Sebastián durante el pasado verano, así como la extraordinaria acogida recibida en Soria, donde se programaron tres charlas para todos los alumnos de ESO y Bachillerato de la ciudad. En 2016 vivió su gran momento con la concesión del premio Maybourne del Royal Institute of Navigation del Reino Unido a la mejor conferencia: durante la entrega, el príncipe Felipe -consorte de Isabel II- le preguntó que qué hacía un español quitándoselo a los británicos.

Polifacético

Leonardo Torres Quevedo (1852-1936) fue realmente un hombre polifacético: formado como ingeniero y dedicado a la invención, se adelantó a su tiempo con ideas precursoras de la inteligencia artificial y las ciencias de la computación. Francófono, fue firme impulsor del esperanto como idioma universal y llegó a formar parte de la Academia de la Lengua.

La admiración de González Redondo por él viene de antiguo, y recuerda cómo colaboró con su padre, Francisco González de Posada, rector de la Universidad de Cantabria, por reivindicarlo. «Me dedico a la Historia de la Ciencia, pero no sólo como investigador: es un conocimiento que también debe ser transmitido a la sociedad. En mi trabajo formo maestros y busco motivaciones que ellos puedan a su vez transmitir a sus alumnos, que quizás lleguen a despertar vocaciones científicas. Hay figuras del pasado que sirven a este propósito, y Torres Quevedo es una de ellas».

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