Cantabria convertirá lodos y residuos en fertilizantes agrícolas

Cantabria convertirá lodos y residuos en fertilizantes agrícolas
Javier Cotera

La iniciativa, que cuenta con el apoyo del Gobierno, Sodercán, MARE y 5 empresas, se desarrollará en el antiguo pozo minero de Santa Amelia

PILAR CHATO y AGENCIASSantander

El pozo Santa Amelia, situado en el municipio de Reocín, va a acoger un proyecto experimental de tratamiento de residuos no peligrosos, en el que colaboran el Gobierno de Cantabria y cinco empresas de la región con una inversión de 112.000 euros. Se trata de una iniciativa de I+D+i que se va a desarrollar en una parcela de 3.000 metros cuadrados propiedad de las empresa públicas MARE y Sodercán. Se procesarán los lodos que produce MARE, las arenas de Solvay y las cenizas del Grupo Álvarez y se rentabilizarán como sustratos y fertilizantes de uso agrícola y forestal para la recuperación de espacios degradados.

El proyecto contempla el proceso de esos residuos con los productos químicos suministrados por las empresas promotoras (Depuran, Valora y Tecnosolos Galaicos), que, según ha precisado Díaz Tezanos, aportan en torno a 100.000 euros del presupuesto de esta actuación, incluidos gastos como los de acondicionamiento de parcelas, preparación de sustratos, fertilizantes y analíticas.

La vicepresidenta ha aludido a las «cantidades muy importantes» de lodos de Mare que es necesario gestionar sometiéndolas a determinados tratamientos. El actual modelo de gestión tiene como opción preferente la aplicación directa en suelos agrícolas de comunidades limítrofes que tienen un déficit importante de materia orgánica en sus suelos.

En 2016 se generaron en Cantabria 16.438 toneladas de lodos (en 2018 estima que se llegará a las 21.314), con un gasto de la gestión de los lodos que supuso un coste anual de 628.000 euros, de los cuales aproximadamente 428.000 correspondieron al traslado a otras comunidades y 129.000 al tratamiento.

La parcela destinada a este proyecto, ubicada donde estaba el pozo de 300 metros construido en las minas de Reocín en 1936, se dividirá en dos partes. Una de 1.500 metros cuadrados que albergará la unidad de recepción de residuos, el foso de higienización y la zona de maduración. Otra de similar superficie estará destinada a las parcelas experimentales -4 de 250 metros cuadrados- en las que se van a ensayar los distintos sustratos.

Las necesidades de residuos requeridos, según ha añadido Díaz Tezanos, van a ser de unas 600 toneladas que se van a emplear tanto para la preparación de la preparación de los sustratos como para explorar la vía de elaboración de fertilizantes.

Alberto Aja

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