«Sobre todo, no perder el control»

Miles de personas celebran durante todo este mes las tradicionales cenas y fiestas de empresa. /Peter Klaunzer
Miles de personas celebran durante todo este mes las tradicionales cenas y fiestas de empresa. / Peter Klaunzer

Los expertos en recursos humanos advierten del riesgo de un mal comportamiento en la cena de empresa

ÁLVARO MACHÍNSantander

Salía ofuscado. Paseando de camino a casa entre los corrillos nocturnos del último sábado por el centro. Cerca de un bar de copas santanderino que estaba a reventar. «Ya sabes, cenas de empresa. Alguno quiere hacer en un día lo que no ha hecho en muchos meses y cree que, de repente, vuelve a ser un crío de veinte años». Lo contaba un hostelero cántabro recién salido del servicio. Decía que en alguna mesa sólo les había faltado «subirse a las sillas». Mientras, en ese bar abarrotado de allí mismo, uno se empeñaba en ser el ejemplo perfecto del contraste entre el 'así se ve él' y 'así le ven los demás'. Graciosísimo él, dejando un rastro de caras molestas en su catálogo de bromas por el local. Abordando con su 'ingenio' a cada chica que pasaba por delante. Un caso real de aquí al lado. Otra postal tan navideña como el turrón. «Es sentido común. La clave es no perder el control. Una mala noche o un exceso de alcohol puede echar por tierra una reputación de muchos años en un empleo». Lo dice Eva Martín, especialista en Recursos Humanos del Grupo Clave. Sabe de lo que habla. «Sí que nos han llegado casos». Lo resume de forma muy gráfica. Divertirse, estar gracioso... Sí. «Pero no des la nota». Hay gente que todavía lleva el sambenito en la empresa desde las navidades del 96. Incluso, que perdió su puesto. Carbón en la empresa por Reyes.

«El objetivo es pasarlo muy bien, reírse y compartir un rato divertido con gente con la que convives en el trabajo a diario pero muchas veces no tienes ocasión de conocer de verdad en otro ámbito», dice la experta. De entrada, una buena ocasión «para facilitar una relación más fluida, que es beneficiosa para desarrollar el trabajo». Pero hay riesgos. Ella da una serie de consejos desde un punto de vista profesional. Que mejor evitar los discursos, que no debes llevar el coche a este tipo de reuniones o que el atuendo debe ser el típico «arreglado, pero informal». «No es bueno llevar una vestimenta arriesgada. Eso es mejor dejarlo para otro momento. Lo recomendable es ir cómodo, acorde al lugar donde se celebra la cena». Es importante. Conoce casos que 'dejaron huella', «comentarios de si alguno o alguna estaba fuera de lugar». Y esas etiquetas luego son pegajosas. «Es recomendable -continúa con la lista- que no lleves a tu pareja. Es un momento tuyo que permite conocer mejor a tus compañeros de trabajo y debes centrarte en ellos».

Ahí vuelve a insistir en «la clave». Lo esencial. «Es que, sobre todo, es no perder el control. Vales lo que comunicas y eso de que una imagen vale más que mil palabras, aquí significa que una mala noche puede romper una gran trayectoria profesional».

«Alguno quiere hacer en una noche lo que no ha hecho en todo el año», cuenta un hostelero local

Riesgos. Lo más común, el alcohol. Lo más comentado, el flirteo. Con lo primero, «a veces perdemos el control de lo que decimos». «Hay que evitar hablar mal de compañeros de trabajo o de los jefes. No ridiculizar a nadie». Confianzas excesivas, corrillos, lenguas flojas para todos los chismes de la oficina... Mal día para eso. De lo segundo, a cualquiera le ha llegado un caso a los oídos. Un lunes de arrepentimientos. Y al despacho de Martín, también. «Historias de flirteos que no son bien recibidos», explica. «Echarle 'los trastos' a un compañero o a una compañera puede generar que te quedes con esa imagen de una persona y un rechazo posterior en el lugar de trabajo. Una situación incómoda». Embarazosa. Eso, por no hablar de actos en los que alguien «se sobrepasa o pierde el respeto». «Eso, obviamente, nunca. En ningún caso, y aquí tampoco».

¿Y cuándo irse a casa? En todos los decálogos de recomendaciones que aparecen cada Navidad sobre este asunto suelen resumirlo con un «mejor no ser el primero, pero tampoco el último». A lo que desde hace unos años hay que añadir que cuidado en ese momento de la despedida con los mensajes en el teléfono móvil y, más recientemente, ojo a lo que pones -tuyo o de alguno de tus compañeros o tus jefes- en las redes sociales. «No dar que hablar, no ser el centro de atención», prosigue la experta.

«Había un chico de prueba que acababa de superar un periodo de selección con muchos aspirantes. Fue a la cena de Navidad y a los jefes no les gustó nada su actitud», contaban esta misma semana en la barra de un bar de Guarnizo. El protagonista de la historia no comió el turrón en la empresa. «Sentido común», repite Eva Martín.

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