El templo de todos los cántabros

Varias personas asisten a una de las misas que se ofician a diario en el Santuario de la Bien Aparecida
Varias personas asisten a una de las misas que se ofician a diario en el Santuario de la Bien Aparecida / DM
Escenas de estío

Personas de distintos puntos de España visitan cada año el santuario de la Bien Aparecida, un lugar donde el silencio adquiere su máxima expresión

SAMIRA HIDALGO Y ALEXANDER AGUILERA

Cuando llegas al Santuario de la Bien Aparecida el protagonista es el silencio, únicamente interrumpido por el sonar de las campanas y algún que otro susurro de los visitantes. Una vez dentro, las miradas se dirigen a una pequeña figura de 21 centímetros encontrada hace ya más de cuatro siglos en la ventana de una ermita situada en el alto de Marrón, perteneciente al municipio de Ampuero. Sin embargo, no fue hasta 1905 cuando se convierte en patrona de la región.

El tamaño de la figura suele llamar la atención de algunos visitantes. Sin embargo, Vicente Basterra, prior del templo desde hace dos años y fraile de la Comunidad de Trinitarios, explica el porqué de esta peculiar característica: «La figura no debe su pequeño tamaño al estilo minimalista, sino al uso doméstico que se le quería dar, ya que esa era la finalidad para la que fue fabricada en los talleres de la ciudad de Malinas, perteneciente hoy a Bélgica». Fuera de las paredes del santuario se puede apreciar un entorno verde, tranquilo, sosegado, algo que personas como Marta Martín, residente en Burgos, valora: «Me encanta la naturaleza, es un paisaje espectacular. Además, disfruto mucho de esta tranquilidad por lo que volveré seguro, es un sitio muy recomendable».

El goteo de visitantes es constante durante todo el año, pero aún más en verano

La afluencia de gente es constante, y aunque con el calor siempre hay más movimiento, en época de frío el santuario también recibe gente. «Llevo aquí dos años y todo sigue igual, en verano es cuando más gente hay, pero durante el resto del año, excepto los días muy fríos de invierno, también atendemos excursiones que se acercan hasta aquí», señala el prior. Prueba de ello es que, en invierno, se celebran misas diariamente a las 12 del mediodía, y en verano, a parte de esta, otra a las 18.30.

Ascensión, de Jaén, es la primera vez que viene al santuario. «Aunque no había venido nunca a visitar la Virgen de la Bien Aparecida, tengo que decir que me ha encantado, es chiquita pero muy primorosa». Además, a pesar de que desde Jaén hasta Hoz de Marrón haya unos cuantos kilómetros, está segura de que volverá.

Imagen de la figura de la Virgen en el santuario

Entre los visitantes más asiduos se encuentra el sevillano Andrés Tolón, que lleva viajando hasta la Bien Aparecida 32 años seguidos: «Solemos veranear en Galizano y no faltamos ni un año a nuestra visita a la Virgen. Lo que más me gusta es este maravilloso paisaje y el silencio que hay aquí». Andrés esta vez ha venido acompañado y no duda en afirmar que seguirá acudiendo a este mismo sitio, al menos, «como dicen aquí en Cantabria, mientas Dios me dé salud».

Por su parte, Rafael Vázquez, que viene también desde la capital andaluza, coincide con su amigo Andrés en que las vistas son espectaculares y asegura que el año que viene también intentará hacer otra visita a la Virgen. «Es un precioso lugar; amenazo con volver», bromea.

La belleza de la iglesia puede apreciarse desde el primer momento. Cuando traspasas la puerta se siente una sensación de grandeza que únicamente puedes admirar. La bilbaína Ana María Cano muestra su asombro tras salir del santuario: «Por dentro es una pasada, me habían hablado de lo bonito que era, pero esto hay que verlo, recomiendo a todo el mundo que al menos se pase una vez por aquí». Algo que ha hecho Rosa María Estajadillo casi tres décadas después de su última visita. «Estuve aquí hace ya cerca de 28 años y después de tanto tiempo ya casi no me acordaba de nada, únicamente recuerdo lo grande que era la iglesia y los retablos tan bonitos que había. Así que hemos aprovechado para acercarnos y refrescar un poco la memoria», afirma.

A la salida del santuario se encuentra la tienda de souvenirs llevada por María Asunción Fernández. Lleva casi un año en el local y los meses de verano aprovecha para abrir todos los días ya que es la temporada más fuerte: «Llevo un año trabajando en la tienda de souvenirs y es precisamente en los meses de verano cuando tengo más clientes. Julio, agosto y el 15 de septiembre, que es el día de la Bien Aparecida, entra bastante gente, el resto del año solo abro algunos días sueltos y festivos». Asegura que la procedencia de los visitantes es sobre todo nacional, pero ella ha tenido la posibilidad de atender a gente de muchos países: «Por aquí han pasado clientes de Estados Unidos, Colombia, Perú, Chile y muchísimos mejicanos. Hay que tener en cuenta que aquí hubo muchos indianos y ahora las familias vienen a conocer sus orígenes».

Son muchos días los que la bilbaína Cristina Palencia ha podido disfrutar de este transitado lugar y lo que más destaca del templo es el entorno que lo rodea y la paz que se respira dentro: «Conozco esto desde chiquitita y lo que más me llama la atención es la tranquilidad que te invade en la iglesia, es algo digno de admirar».

Ya sea por su serenidad, por la belleza de su entorno o devoción hacia la Virgen, personas de multitud de países acaban visitando el Santuario de la Bien Aparecida. Un lugar lleno de historias donde religión y belleza se mezclan para crear algo único.

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