la crisis del autobús

Las dimisiones de Salvador Blanco y Rosa Inés García son el último capítulo de un conflicto que ha salpicado al Gobierno y del que aún faltan páginas por escribir

Javier Cotera
Gonzalo Sellers
GONZALO SELLERSSantander

Hay un momento clave para entender la crisis que sacude al PSOE cántabro y que ha terminado por contaminar al Gobierno regional, primero con el cese del consejero de Educación y ahora con las dimisiones de Salvador Blanco y Rosa Inés García al frente de Sodercán y MARE. Ese instante se produce el pasado junio, en el autobús que lleva a la delegación cántabra socialista al Congreso Federal en Madrid. Pablo Zuloaga y su núcleo de confianza acaban de cerrar un acuerdo con Eva Díaz Tezanos para formar una lista de integración tras siete horas de negociación esa misma semana. Las dos candidaturas se unirían en una sola para evitar, precisamente, una fractura interna. Los socialistas estaban inmersos en una lucha cainita entre Pedro Sánchez y Susana Díaz y no querían un desgaste parecido en Cantabria. O al menos así lo aseguraban en público. Pero todo cambió durante el viaje de ida en ese autobús. Zuloaga y su entorno más cercano deciden en ese momento dar marcha atrás y no suscribir el pacto con la entonces secretaria general. Se ven fuertes para ganar las primarias -una sensación que se confirmaría ese mismo fin de semana con la victoria sanchista- y buscan un cambio radical del partido. En Bonifaz y en Peña Herbosa. Y lo siguen queriendo a todos los niveles.

Por eso, el cese de Ramón Ruiz y las salidas de Salvador Blanco y Rosa Inés García no son sólo una demostración de fuerza. Hay entrañas, sí, pero también una estrategia política con dos fechas marcadas en rojo en el calendario: el próximo mes de noviembre, cuando termine la renovación de los comités locales, y mayo de 2018, momento en el que se elegirá a la persona que liderará la lista electoral del PSOE en 2019.

Pablo Zuloaga sabe que aún no controla el partido del todo. El Comité regional es un órgano tan fuerte como para hacer caer una Ejecutiva y, por eso, se juega mucho en las primarias locales que se celebrarán durante las próximas semanas. Pero también Eva Díaz Tezanos. Una vez asumida la derrota, y convencida por su entorno de confianza, la vicepresidenta del Gobierno estaría barajando plantar batalla a la nueva dirección, espoleada también por lo que considera una 'caza de brujas' entre sus colaboradores más cercanos.

La táctica del nuevo secretario general consistía en cercar a Tezanos, privándola primero del consejero de Educación, su mano derecha en el Gobierno, y desautorizarla después obligándole a destituir a Salvador Blanco y Rosa Inés García. Es decir, forzándola a dimitir sin ser él quien la cesara, un gesto que no sería bien visto en algunos sectores del partido por el prestigio que ella aún conserva tras cinco años a los mandos. Pero, de momento, la vicepresidenta ha esquivado el golpe. La marcha voluntaria de los dos responsables de MARE y Sodercán le da oxígeno, le libera de la presión de una expediente disciplinario -incluso de una posible expulsión del PSOE- y le regala tiempo para maniobrar desde dentro, con el cargo intacto, para abanderar una alternativa en el partido.

El primer objetivo de Tezanos sería conseguir una mayoría de fieles en el Comité Regional que le permita atar en corto a la nueva dirección y aspirar a cimas más altas el próximo año. Zuloaga y ella se juegan mucho en los municipios. De ese resultado dependerá que la exsecretaria general decida o no plantar batalla a Zuloaga por liderar la lista electoral en las autonómicas de 2019.

Mientras tanto, en la última planta de la sede de Peña Herbosa, Revilla asiste incómodo a esta crisis que el PSOE le ha trasladado a su Consejo de Gobierno. El PRC es el único partido cántabro que se libra, de momento, de luchas internas. Pero su socio en el bipartito le ha obligado a tomar decisiones que no quería, como cesar al consejero de Educación. Las luchas intestinas han terminado por salpicarle cuando más cómodo contemplaba desde la barrera cómo se autodestruían el resto de partidos. A pesar de todo, Revilla mira a 2019 con la esperanza de ganar por primera vez unas elecciones. Está ante una oportunidad única porque su principal contrincante, el PP, también se desangra con una confrontación que, incluso, ha llegado a los tribunales. Si fuera por ganas, Revilla sacaría las urnas con un año de adelanto.

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