Santoña se relame con la marmitada

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Cientos de santoñeses y visitantes se reunieron en la campa de Glacis para degustar el tradicional marmite. / Antonio 'Sane'

  • Vecinos y visitantes tomaron la campa del Glacis para degustar las 10.000 raciones del típico guiso marinero

Algo tiene que tener la Gran Marmitada de Santoña para que ayer más de uno rebañara el plato con el pan hasta dejarlo casi como le traían de casa. El guiso marinero por excelencia en la campa del Glacis sabe de otra manera. Más rico. Será porque se comparte con amigos y familia. Será porque se degusta a la vera de la bahía. O será por el cariño que ponen la peñas y murgas en su elaboración. Pero algo tiene.

Esta Fiesta de Interés Turístico Regional se hace más grande cada año. Cada septiembre. O, mejor dicho, la hacen más grande los vecinos que, con su desinteresada labor, hicieron realidad las 10.000 raciones de marmita que se sirvieron de forma gratuita en Santoña al caer la tarde. Yes que hacen falta muchas manos para pelar 2.800 kilos de patatas, 350 kilos de cebolla y trocear 1.300 kilos de bonito.

Un trabajo que comenzó con la pela popular de patatas en la mañana del lunes en el entorno de la plaza de Abastos, donde las caras nuevas se mezclaron con vecinos fieles a esta cita. «Hacer el marmite sin esta colaboración sería impensable. Una peña solo no lo puede hacer. Lo más bonito de esta fiesta es la participación de la gente», contó José Mari Sobrino, uno de los coordinadores de ese evento junto a Juanjo Sañudo o César Ortiz, entre otros. Por segundo año, se acercaron también usuarios de la residencia Santa Ana de Berria para echar un mano. «Han bajado unos veinte muy ilusionados. Enorgullece que la gente mayor quiera ayudar y formar parte de algo que también es suyo».

Mientras lo dice, Sobrino mira de reojo a los que están triscando las patatas. En la mañana de ayer todo eran prisas en Abastos. Y es que en cuanto están listos los ingredientes, se ponen en marcha los nueve fogones improvisados en el patio del Patronato Militar. Allí, aguardan decenas de peñistas y murguistas dispuestos a cocinar a fuego lento el marmite en las perolas. Son el siguiente eslabón de la cadena. Y su trabajo aún tuvo más valor porque guisaron bajo un calor de justicia. Pero la alegría y el buen humor no se perdió en ningún momento. «Se crea un ambiente de trabajo festivo».

Cada peña se hizo cargo de un fuego. Sobrino bromea con que hay un poco de pique entre ellos por ver quién hace la mejor paila de marmite. «Es una pequeña rivalidad. Se les escucha decir ‘la mía es la mejor’, aunque, luego, para el reparto se mezcla todo». El coordinador, que formó parte de Los Vinikis organizadores de este evento en sus orígenes, asegura que «el secreto de un buen marmite es rehogar mucho la patata y la cebolla. El color lo da la cebolla. Hay que darle un color oscuro sin que se queme». Por eso, los ‘cocineros’ no pueden parar de remover todo con el remo.

El reparto del marmite se hizo media hora más tarde de lo tradicional. A las siete y media. Para entonces la colas eran inmensas. Con el plato bien lleno, miles de vecinos y visitantes buscaron un hueco para acomodarse en la campa a degustar el guiso, amenizado por las voces de los Marceros de la Bahía, para después bailar con el concierto de Santi Sánchez y amigos de Los Inhumanos. Y con las perolas ya limpias y todo acabado, «queda la satisfacción de la gente que te dice que estaba rico», concluye Sobrino.