La aventura de emprender

Itxaso Rodríguez decora el escaparate de su colorida floristería ‘Kimas’, ubicada en la céntrica plaza de San Antonio.
Itxaso Rodríguez decora el escaparate de su colorida floristería ‘Kimas’, ubicada en la céntrica plaza de San Antonio. / Daniel Pedriza
  • Un total de 38 comercios y pequeñas empresas de diversos sectores abrieron el año pasado sus puertas al público en las calles de Santoña

Han apostado por montar sus propios negocios – o emprender como se dice ahora tanto – por muy distintas razones. Para Carmen abrir una mercería era su sueño y no quería quedarse con esa ‘espinita’ por no haberlo intentado. Rebeca solo encontraba trabajo como peluquera a media jornada y buscaba algo más estable. El cierre de su empresa y caer en las garras del paro le impulsó a Itxaso a dar el paso de abrir la floristería que siempre había deseado. Y a Ana su bar ‘La Sardina’ se le quedaba pequeño y decidió lanzarse a lo grande montando el restaurante ‘La tradicional’ para que sus clientes degusten sus guisos caseros y cocina de temporada sin problemas de espacio.

Ellas forman parte del grupo de valientes que se embarcaron el año pasado en Santoña en la difícil aventura de trabajar por cuenta propia. Son empresarias. Autónomas. Con todos los retos y riesgos que eso conlleva. En 2016, el Ayuntamiento de Santoña concedió 38 licencias de apertura de comercios, negocios y pequeñas empresas en el municipio en muy diversos sectores: hostelería, textil, calzado, juguetería, carnicería o peluquería, entre otros. Una cifra similar a la del año anterior cuando se montaron 35 establecimientos. La gran mayoría elige las calles más céntricas para ofrecer sus productos y servicios y hacerse un hueco en la actividad comercial de la villa.

La historia de Carmen Carmona es una ilusión hecha realidad. Ella cita una frase del popular corredor de Bolsa Josef Ajram para explicar qué le ha llevado a emprender. "En la vida hay algo peor que el fracaso, el no haber intentado algo". Y esa máxima le motivó a dejar su trabajo en una conservera de Santoña y montar en la calle Marqués de Robrero una mercería-corsetería con su nombre.

En la coqueta tienda, que abrió en noviembre, se pueden comprar lanas, lazos, medias, lencería...y una gran variedad de pegatinas, medallas, broches, agremanes y accesorios para customizar la ropa y darle un estilo personal. "El mundo de la artesanía de hacer jerseys, chaquetas, capotas...siempre me ha apasionado. Y quería poner la tienda sí o sí. Era mi ilusión", explica Carmen. Y es que cree que "los pueblos, las ciudades, los países necesitan emprendedores que se arriesguen en aquello que mejor sepan hacer".

Carmen es una seguidora fiel de la revistas de moda para estar al tanto de las últimas tendencias. "Sigo a las grandes firmas de moda y, luego, ‘tuneo’ las prendas haciendo algo similar pero más económico". También personaliza la ropa. Abrigos, chaquetas, vestidos, sandalias, bikinis..."Algo que ya no te apetece ponerte le podemos dar otro aire cambiando los botones, poniendo agremanes...Lo customizamos, dándole un cambio". Como emprendedora hace un balance positivo de estos primeros meses. "Los inicios siempre son duros. El primer año es todo inversión e ir haciendo la clientela pero estoy muy contenta de haber dado el paso porque me encanta hablar con la gente y aprender de ella". Tiene claro que "hay que arriesgarse y ser feliz con los que haces". Y, pone de relieve que en la conserva "tengo amigas y compañeras que son grandes artistas y muy creativas haciendo tartas, tejiendo...Tienen mucho potencial y tendrían que sacarlo, hay que incentivar a la mujer de Santoña para dar el paso de cumplir sus sueños y no temer al fracaso".

Casi enfrente de la mercería, esta la peluquería ‘Rebeca’ que inició su andadura el pasado abril. La joven, Rebeca Fernández, trabajó en una peluquería de Santoña siete años hasta que su dueña se jubiló. Entonces, empezó a buscar empleo por el sector pero solo encontró trabajo para media jornada. "Estuve así un año y, aunque no estaba en mis planes, mi novio me animó a dar el paso porque me daba algo de miedo y mi familia también me ayudó". Aunque vive en Escalante, decidió por montar su peluquería en Santoña aprovechando que ya la conocían algunas clientas. Reconoce que le habría gustado emprender con su hermana, también peluquera, pero a punto de cumplir su primer año "estoy muy contenta y no me arrepiento". Para darse a conocer tiene ofertas en tinte y mechas los martes y siempre "intento hablar con las clientas, darles confianza y sobre todo que se vean bien".

Empatizar con el cliente

Otra nueva emprendedora en Santoña es Itxaso Rodríguez que atiende con su dulce sonrisa la floristería ‘Kimas’, ubicada en una esquina de la plaza de San Antonio desde agosto. "He trabajado muchos años en floristería pero al cerrar la empresa en la que estaba me quedé en paro y como siempre había tenido ganas de montar algo, me decidí". Como el resto de sus compañeras está "contenta" con estos primeros meses de apertura. Ofrece plantas para interior y exterior, y todo tipo de arreglos florales, ramos y centros ya sean para eventos, bodas, funerales. En este sector, dice, es necesario la formación, "como mínimo unas nociones básicas y luego hay actualizarse, mirar tendencias y coger experiencia". Además de eso, es fundamental "empatizar con el cliente" que, por lo general, pide consejo de qué planta o ramo le conviene más para regalar. "Hay que ponerse en su lugar porque aunque sueño ñoño al final no regalas un ramo de flores, regalas sentimientos: un perdón, un te quiero, un estoy aquí, un lo siento, me acuerdo de ti. Y, por eso, hay que crearlo con cariño y buen gusto".

Carmen Carmona ha cumplido un sueño abriendo su coqueta mercería.

Carmen Carmona ha cumplido un sueño abriendo su coqueta mercería. / Daniel Pedriza

Quien ya sabía lo que es tener su propio negocio es Ana Isabel Rico. Ayer, justo, hizo un año desde que pusiera en marcha el bar restaurante ‘La tradicional’ en el entorno de la plaza de Abastos. Se decidió a montar este local tras ocho años con el bar ‘La Sardina’, que se le quedó pequeño casi desde el principio por la buena acogida que tuvo su cocina. "Cuando mi último crío se hizo más grande y al ver que este local, (antes era Frutería Riomar) se quedó vacío, decidí cogerlo y remodelarlo". Ella se encarga sobre todo de los fogones ofreciendo cocina de temporada y haciendo del mercado de Abastos "mi nevera principal" al comprar allí todo el género. "La cocina me ha gustado de siempre y cogí muchas ideas de mi madre a la que se le daba bien".

Entre sus platos están los guisos tradicionales, platos de casa y siempre productos de temporada. "Este año ha sido desbordante, la gente ha respondido mejor de lo que pensaba, porque muchos ya me conocían".