La belleza de la materia queda en silencio

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Retrato de la escultora Isabel Garay en los 70. / Ángel de la Hoz
  • Isabel Garay, una de las artistas que renovó el lenguaje escultórico, murió el pasado domingo en Santander

  • Desde los setenta indagó en los materiales, del acero al vidrio, para «abrir caminos nuevos» al espíritu. La retrospectiva del MAS en 2002 certificó la esencia de suincansable trayectoria

Su sensibilidad era directamente proporcional a la facilidad con que domaba los materiales más duros. En su taller de Galizano, durante casi cuatro décadas, como una probeta de aire armado, trazó caminos, se movió entre las fronteras intangibles del estudio, el diseño y la investigación, y recorrió las entrañas del acero, el aluminio y el vidrio. Solo el cáncer venció a Isabel Garay. La artista de Muskiz, que abordó en Cantabria la mayor parte de su trayectoria creativa y vital, murió el pasado domingo en Santander.

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  • Su vida, en imágenes

Coherencia, experimentación, búsqueda incesante, Garay forjó desde los años setenta uno de los caminos de indagación más fértiles de la escultura española. La enfermedad influyó en sus silencios de los últimos años pero nunca abandonó el trabajo constante, la investigación de materiales y formas, ni tampoco eludió los espacios públicos expositivos con miradas atrás, nuevas piezas y renovaciones. El MAS, la galería Del Sol St. y la Biblioteca Central fueron algunos de los últimos escenarios que alumbraron su permanente lucidez para exprimir el lenguaje del arte.

Vinculada estrechamente desde sus inicios a la histórica galería santanderina Trazos Tres, espacios como Siboney y Del Sol St, y Carmen de la Calle, Edurne, Rafael Ortiz y Vanguardia, entre las galerías nacionales, ferias como ARCO, museos como el santanderino y el Museo Barjola de Gijón y citas históricas, caso de la muestra ‘Reexistencias’, se sucedieron entre muchos otros referentes como testigos de su trayectoria ascendente. Garay gustaba hablar de «equilibrio, solidez, simetría, lugares de belleza serena y armonías casi matemáticas».

Asistente social de profesión, su vínculo fundacional con el arte se originó en un curso de pintura con Aníbal García y en su trabajo en el taller de Miguel Vázquez durante tres años. Posteriormente, realizó varios talleres de madera, piedra, elaboración y trabajo en hierro. Su primera muestra individual tiene lugar en 1971 en la galería Puntal. Le sucedieron, entre otras, las del Museo de Santander, Sala Nicanor Pinole de Gijón, galería Edurne de Madrid, Sala Rekalde de Bilbao, el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, Interarte en Valencia y Fiac’88 de París, Art London, o Art Cologne, la Sala Santa Inés de Sevilla, o Parlamento de Extremadura en Mérida. Su obra forma parte de la Colección Norte y del Centro Galego de Arte Contemporáneo de Santiago, entre otros fondos.

Alquimia y poética subyacían tras su universo de módulos, series, prototipos y materiales de carácter industrial. Su mutación de las texturas del aluminio pulido y el vidrio en perspectivas que apuntaban al infinito y en geometrías puras, configuraron su último territorio. Su traslación a los talleres de un mundo anodizado y corrugado, era el fruto de conjugar el acero con transparencias, la geometría, con el color, el reto de las formaciones rectangulares e instalaciones con la mezcla de sencillez y el juego con los espacios.

Nacida en los años cuarenta –aunque siempre evitaba las fechas y huía de la dictadura del tiempo con sus ‘Fugas’, una de sus series mas celebradas– desarrolló en Cantabria una trayectoria sin pausa, reconocida como una de las escultoras de referencia en el panorama nacional. En esta senda prolífica, reflexiva, intensa, muy trabajada, sembró el territorio creativo de ‘Aire armado’, ‘Fugas’, ‘Génesis’ ‘Módulo y materia’, ‘Barro y estrellas’... que crecieron con la materia prima del norte en un imaginario de viajes interiores de la madera al hierro, del acero cortén al metacrilato. En su taller de Galizano, más de 150 metros cuadrados, trabajaba a diario con «disciplina y constancia». La escultora y pintora pasaba la mitad del año en su estudio de donde surgieron señales minimalistas y armonías imposibles modeladas en pacientes y laboriosas búsquedas.

Evolución y desafío

Su mundo silencioso e intenso se fue construyendo desde que se instalara en Santander en los sesenta. Una ventana al mundo por parte de la escultora, fruto del trabajo de una artista cuya condición radicaba en «abrir caminos nuevos al espíritu». El cielo protector de esta creadora que siempre exponía su obra a un riesgo experimental y desnudaba los materiales a través de etapas obvias y rotundas, lo propiciaba la lucidez de su evolución: «la investigación en los materiales, el desafío de la apuesta por la forma en la eliminación del fondo».

Albaicín en Noja, Sobrellano en Comillas, el Palacio de los Bustamante de Renedo, Museo de Jesús Otero en Santillana del Mar, Robayera, los espacios portuarios, Luz Norte, Sala Bretón, Fundación Botín, Casyc... son algunos de los espacios que albergaron sus piezas durante estas décadas.

La artista, que fallecía el pasado domingo en la Residencia Cantabria, abordaba su trabajo de modo pausado, pero con una honda mirada sobre los materiales, el entorno y el sentido de la evolución. El galerista Juan Manuel Ortega, ya fallecido, testigo activo y cómplice de su obra, resaltaba siempre los cuadernos llenos de bocetos y las maquetas que precedían su trabajo encauzado en series, entre las que discurrían dos o tres años. Garay se movía por el amor a los materiales y sus posibilidades, sacándolos a veces de su contexto, por el puro reto de dominarlos, de dotarlos de otros significados y conseguir en ellos las reacciones que expresaran los proyectos más sentidos.

En la muestra de 2002 el Museo de Bellas Artes, hoy MAS, albergó un recorrido ambicioso y esencial por sus creaciones desde 1985. Un trabajo intelectual y físico, de rigor matemático, y de sensibilidad e investigación profunda. Una revisión, que dirigió Salvador Carretero, de diecisiete años de creación y al menos ocho etapas diferenciadas. En una de las entrevistas que concedió a este periódico confesó: «Enigma, misterio, compromiso, en resumidas cuentas belleza, ética, estética, es lo que un artista debe ofrecer al público, es lo que debe transmitir el arte, es lo que yo pretendo hacer».