Urgente

Acuerdo en el ERTE de Sidenor

El paisaje como campo de batalla

Mateo Maté durante la inauguración de la exposición de sus obras en la sala Robayera.
Mateo Maté durante la inauguración de la exposición de sus obras en la sala Robayera. / Roberto Ruiz
  • Mateo Maté «devuelve al arte lo que la guerra le ha robado» en la sala Robayera

«Trato de devolver al arte lo que la guerra le ha robado». Mateo Maté (Madrid, 1964) escribe esta frase en el texto con el que presenta su serie ‘Paisajes uniformados’, que protagoniza la exposición homónima que ocupa la sala Robayera (Miengo) hasta el próximo día 9 de octubre. La muestra se inauguró en la tarde del pasado sábado y el acto contó con la presencia del artista.

Mientras recorre la sala, Maté también recurre a esta declaración de intenciones para explicar la esencia de su proyecto. ¿Por qué la guerra y por qué el arte, por qué Maté ha conectado ambas dimensiones? Maté ha seguido su intuición artística. En su serie ‘Paisajes uniformados’, el artista madrileño revela el origen artístico del camuflaje con el que los ejércitos se visten para la guerra, un camuflaje que está construido con los patrones –los trazos, la paleta de colores– de la pintura impresionista y realista. En ese origen están Sorolla, Carlos de Haes o Camille Corot. Pero Maté no solo revela ese sorprendente origen, sino que emplea esos patrones ‘artísticos’ del camuflaje para crear arte.

Por eso, de algún modo, es un viaje de ida y vuelta: del arte al camuflaje, y del camuflaje al arte. Y con ese segundo trayecto, Maté le devuelve al ámbito artístico aquello que la guerra le ha arrebatado. Todas las pinturas impresionistas y realistas de los ‘Paisajes uniformados’, los fiordos, los bosques, los Picos de Europa, o el Cabo de San Antonio de Jávea, están construidas a partir de patrones del camuflaje: a simple vista hay árboles, agua, prados, montañas; pero una mirada más atenta revela que esos elementos naturales están construidos con manchas de guerra, botones, casacas, botas, costuras, incluso números de serie.

El paisaje como un campo de batalla. Los cuadros guardan, además, una apariencia decimonónica gracias a los marcos dorados con los que se presentan.

Camuflaje social

De algún modo, «cualquier descubrimiento humano acaba teniendo alguna relación con matarnos», reflexiona Maté. El artista también habla sobre la realidad camuflada, difuminada, a la que el ser humano se enfrenta más allá del estricto campo de batalla. «Ese camuflaje social puede ser la gran oferta de información que tenemos. La realidad queda camuflada dentro de una gran nube de información. El principal camuflaje es por exceso».

La esencia de las cosas también queda relegada en una sociedad que celebra la apariencia, la imagen. «Pasa en todos los sectores, también en el arte. No importa lo que vendas, lo que presentes, sino cómo lo vendes». El arte debe desempeñar, dice el artista, la función de «evidenciar y cuestionar» la realidad.

La profesora de la Universidad de Málaga, Maite Méndez Baiges, en el prólogo del catálogo de la exposición ‘Paisajes Uniformados’, escarba en la mirada sobre el mundo de esta serie. Escribe Méndez Baiges: «El camuflaje es un campo sembrado de minas, que aprovecha la mínima ocasión para sumirnos en un mar de confusión y paradojas, tanto artísticas como de otra naturaleza, sobre todo políticas.

La serie de Maté posee la habilidad de revelar y hacer uso de esto con singular precisión. Que los paisajes de la pintura decimonónica se puedan metamorfosear sin aparente dificultad en fragmentos de uniformes militares no solo dice mucho acerca de la cualidad de la pintura, sino que nos alerta sobre la imposición de un modo uniforme y militarizado de ver y estar en el mundo».

La guerra y el arte moderno entran en contacto directo en el interesante texto de la profesora Méndez Baige. Entrelaza camuflaje e impresionismo, pero va más allá en esa relación. «En el origen del camuflaje militar contemporáneo, durante la I Guerra Mundial se encuentran artistas pertenecientes a las primeras vanguardias del siglo XX».

El paisaje como campo de batalla

/ R. Ruiz

Por ese escenario circulan algunos pintores fauvistas, cubistas, abstractos, vorticistas, quienes «pusieron al servicio de esta guerra sus muchas habilidades en los terrenos del engaño y la invisibilidad». La profesora Méndez Baige concluye que: «si los pintores inventaron el camuflaje mimético es sin lugar a dudas un acto de justicia poética restituir al arte lo que la guerra le había arrebatado», que es precisamente la declaración de intenciones de Mateo Maté.

La serie, que inició en 2007 y que sigue abierta, le ha supuesto una intensa búsqueda de tejidos y texturas en los fondos de los coleccionistas de vestimenta militar de medio mundo. La ‘normalización’ de internet como herramienta le ha facilitado enormemente el acceso a esos recursos.

Conceptual

Maté trabaja por series y proyectos, mantiene varios abiertos a la vez. Se cierran porque se mueren solos, el artista siente que se agotan, y quedan atrás. Entre aquellos que pueden crecer está ‘Nacionalismos domésticos’, una de las series más conocidas de Maté y que, junto con sus ‘cartografías personales’, nacen de su entorno más cercano: su hogar. Los nacionalismos se traducen en banderas-mantel, escudos heráldicos hechos con escobas y cubiertos, fuegos de cocina que son el mapa de España. Los mapas (los de corte militar, los geográficos, etcétera…) tienen enorme peso en su obra.

El artista madrileño está inmerso ahora mismo en el desarrollo de un proyecto cuyo resultado se expondrá, en mayo, en la Sala Alcalá, de Madrid. La idea que subyace en este proyecto es la modificación del canon clásico del arte –los moldes y figuras tipo de la escultura–, y su adaptación a la contemporaneidad. Maté da forma a esta idea en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

‘Paisajes uniformados’ es la primera exposición individual de Maté en Cantabria. La directora de la sala Robayera, Marta Mantecón, seguía su trabajo y trayectoria desde hace tiempo. «Tenía muchas ganas de traerlo». Maté pone en valor la trayectoria de salas periféricas como esta. «Robayera tiene una gran programación –centrada en artistas consolidados–. La verdadera labor la hace la gente pequeña. El arte se mueve por voluntades». Maté habla de este espacio como de algo verdadero, un espacio a tener en cuenta en el mapa