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El escritor peruano esta mañana, en la UIMP / Javier Cotera

Vargas Llosa hace una encendida defensa de la libertad y la responsabilidad de la sociedad

  • El escritor, en su investidura como doctor honoris causa de la UIMP, evoca a Karl Popper durante su último encuentro en Santander

En julio de 1991, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) compartió un curso en La Magdalena con el filósofo Karl Popper. «Entonces tenía 86 años, acababa de perder a su compañera de toda la vida y sufrir un ataque cerebral que le hacía enfrentarse a la desmemoria con ese coraje tranquilo que caracterizó toda su vida. Pero allí estaba, siempre lúcido, con ese mechón que parecía una cresta de gallo», recordaba con nostalgia el Premio Nobel de Literatura, durante su discurso de investidura como nuevo doctor honoris causa de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), la misma institución en la que coincidió con Popper y que ayer concedió al autor de ‘La ciudad y los perros’ su máximo reconocimiento.

En el Paraninfo de Las Llamas, con la presencia de las principales autoridades políticas y académicas de la región, Vargas Llosa recibió sus atributos de nuevo doctor honoris causa de manos del rector César Nombela, tras la laudatio leído por José María Pozuelo Yvancos. Vargas Llosa no llevaba escrito su discurso, un emocionado recordatorio al pensador austriaco, fallecido en el año 1994 y un canto al optimismo, a la libertad, al espíritu crítico y a la responsabilidad, porque según reiteró: «Todos los problemas tienen solución y esta depende de nosotros».

El recuerdo del filósofo y su último encuentro con él en Santander fue una constante en las palabras del nuevo doctor honoris causa y el hilo conductor de su mensaje: «Sólo nosotros somos responsables de aquello que ocurre o deja de ocurrir en la sociedad».

El nuevo doctor honoris causa recordó «lo conmovedor que fue escuchar su defensa, con la misma convicción que siempre tuvo, de la idea de sociedad abierta, de sociedad libre, de individuo soberano y también lo fue poder oírle criticar, con la misma severidad de antaño, todo lo que conspiraba contra la libertad y los derechos civiles».

Las del Nobel y Premio Príncipe de Asturias fueron las palabras de un «liberal», tal y como se había definido durante la conferencia de prensa previa al acto, dedicadas a otro «liberal». «Una de las pocas cosas que tenemos que agradecer a Hitler y al nazismo es que si no hubiesen existido probablemente Karl Popper hubiera sido un oscuro profesor en su Viena natal y no hubiera escrito nunca los libros por los cuales hoy en día le conoce todo el mundo y le admiramos sus lectores».

Fundamento de la libertad

Vargas Llosa, que también agradeció a la UIMP su reconocimiento como nuevo doctor y prometió, como parte de la ceremonia, favorecerla y ayudarla cuantas veces se le demande, recordó otras participaciones en otro cursos de la institución académica de los que guarda «gratos recuerdos». Sin embargo, fue el de Popper el que más le marcó de todos, un seminario, dirigido por Pedro Schwartz y en el que también participó como ponente el fallecido exministro de Economía Miguel Boyer, anterior pareja de Isabel Preysler, compañera sentimental en la actualidad de Vargas Llosa y que no le acompañó a Santander en esta ocasión.

Como su «admirado» Popper, Vargas Llosa insistió en que la libertad depende solamente del ser humano. «La historia es un mundo en permanente efervescencia y puede tomar las direcciones más arbitrarias y diversas. Ese es el fundamento de nuestra libertad pues si la historia existe depende de nosotros el rumbo que tome. Y si en lugar de ir por la paz y la prosperidad, se nutre del atropello sistemático de los derechos humanos y la ausencia de las libertades, no se habrá equivocado la historia moderna, sino nosotros que somos los responsables de lo ocurre o deja de ocurrir en la sociedad», reiteró.

Para el autor de ‘Cinco esquinas’ esa libertad solo será posible con la presencia del espíritu crítico «que nos permitirá aprender de nuestros errores y convertir las mentiras en verdades y las verdades deficientes en verdades operativas». Por ello, también coincidió con el filósofo vienés en criticar el oscurantismo y utilizar la palabra «para enredar el pensamiento».

En aquel curso de La Magdalena, según recordó, los periodistas le preguntaron a Popper cómo podía seguir siendo optimista en tiempos de guerra, pobreza y desigualdades. «Recuerdo bien su respuesta. Es verdad que el mundo está mal hecho, dijo, pero cuando nos asalten estas ideas no debemos dejarnos desmoralizar porque en esta larga historia de la Humanidad, nunca hemos estado mejor que ahora. Se refería a los instrumentos científicos, ideológicos, tecnológicos y sociológicos con los que contamos en la actualidad y que nos sirven para combatir eficazmente a los demonios de la enfermedad, del hambre y la pobreza». Y ese optimismo del filósofo, continuó, «es muy necesario en esta época en la que los medios de comunicación, desarrollados extraordinariamente en nuestro tiempo, nos ponen prácticamente cada día la violencia ante nuestros ojos y en la que los problemas políticos a veces parecen agitarse y no tener solución».

Vargas Llosa, en Santander.

Vargas Llosa, en Santander.

Otras intervenciones

El profesor José María Pozuelo Yvancos, encargado de leer la laudatio de Vargas Llosa, puso de relieve la distinción otorgada por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, cuyas especificidades conectan «íntimamente» con lo que el escritor e intelectual hispano peruano ha defendido desde que se puso a escribir: «La necesidad de que la universidad sea uno de los nervios del pensamiento y de la cultura». Por ello, incidió en que el autor de ‘La fiesta del chivo’ «ha entregado su vida», en el espacio de la literatura, tanto como creador de grandes novelas y ahora obras de teatro, como en hondas reflexiones anidadas en sus ensayos críticos, y ha «mimado» el sistema vital de la cultura con «tanto afán y entusiasmo sin decaimiento».

Por su parte, el rector de la UIMP César Nombela describió a Mario Vargas Llosa durante su discurso como «maestro indiscutible de la novela, escritor transoceánico y global, intelectual incombustible y controvertido y deslumbrante ensayista literario»

También recordó las palabras que el Nobel pronunció al recibir el Premio Internacional Menéndez Pelayo en el año 1999 en las cuales afirmó que «una humanidad que no hubiera leído poemas ni novelas sería tartamuda y afásica», por lo que, según dijo César Nombela, «leer a este escritor, provoca todo lo contrario: plenitud de palabras, mundos nuevos entretejidos con el hilo de nuestros pensamientos y convertidos en algo tan tangible y tan real como son las palabras. En esto consiste el maravilloso don de la lengua que Mario Vargas Llosa ha elevado a su máximo esplendor». concluyó.