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El Mupac, el Centro Botín, la sede del Reina Sofía y el refugio antiaéreo forman parte del anillo cultural / Cotera/Ruiz/Fernández

El anillo cultural toma forma

  • Los grandes proyectos que deben dar una nueva identidad a la ciudad comienzan a perfilarse

En enero de 2012, el alcalde de Santander se presentaba ante los medios de comunicación con una apuesta y un mapa a sus espaldas. En el mapa se había dibujado una circunferencia acotando un pedazo del centro urbano. En aquella presentación nacía el anillo cultural.

Íñigo de la Serna ligó entonces el nuevo concepto con el Plan estratégico 2020 de Santander, y colocó dentro de la circunferencia los Centros de Interpretación de las plazas de Alfonso XIII y Velarde, y también la Catedral.

Al mismo tiempo, señaló de la necesidad de dotar al Banco de España y al edificio de Correos de un uso cultural; de impulsar el Mupac, que por entonces esperaba su turno para estrenar sede en el Mercado del Este; y de tener en cuenta el tirón que supondría el Centro Botín. Vincular aquellas infraestructuras era una forma de aprovechar su convergencia en el espacio y generar un concepto ‘vendible’ dentro de la estrategia de convertir Santander en ciudad y destino cultural.

El alcalde dijo, concretamente, que el anillo era una manera de presentar alternativas culturales para hacer de Santander «una ciudad más competitiva y dinámica».

Han pasado casi cinco años desde la conversión del centro de la ciudad en un anillo. Algunos de sus proyectos orbitan ya en torno al centro, otros siguen siendo un deseo. A rebufo de esta explotación cultural de la ciudad han surgido ideas complementarias, como el Barrio de La Florida, o el incipiente itinerario de la bahía, que uniría el Museo Marítimo con la Biblioteca Central. El anillo ha ido girando a velocidad discontinua y no ha dejado de mencionarse en presentaciones y actos vinculados al turismo, la cultura y la tecnología. A continuación, un repaso por el presente (y futuro) de los puntos de la argolla con la que Santander quiere prenderse de la cultura.

Las obras del centro encargado por el fallecido Emilio Botín al arquitecto Renzo Piano podrían terminar el próximo mes de octubre. Es una previsión no oficial, publicada ayer por este periódico, que cobra fuerza.

Cuando ocurra, quedarán atrás la polémica en torno a su ubicación al borde la bahía, canalizada en gran medida por la plataforma DEBA; más de cuatro años de obras; un presupuesto monumental (los 77 millones iniciales han sido superados ampliamente); algunos problemas de operatividad de la Unión Temporal de Empresas; y miles de piezas de cerámica que le dan un aspecto perlado.

Su ubicación también conllevó un cambio de la disposición del tráfico –Botín propuso y financió un túnel subterráneo de 200 metros– y de los Jardines de Pereda, en los que se implicó el paisajista Fernando Caruncho.

Por delante se extienden grandes expectativas en torno al edificio de Piano, un reclamo en sí mismo, que albergará exposiciones, actividades culturales, espacios de encuentro, zona de tiendas, de biblioteca, cafetería. El centro, cuya dirección está en manos de Fátima Sánchez, y cuya dirección artística contará con Vicente Todolí, se presentará ante el público con una muestra del artista belga Carsten Höller. ¿Cuándo? Puede que incluso en 2016.

Este año ha sido crucial para el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, aunque no se hayan resuelto todas las incógnitas sobre su futuro. Actualmente exhibe sus fondos más representativos en el Mercado del Este (más de 2.600 piezas), pero su ubicación definitiva será el terreno anexo al Palacio de Festivales, ahora un parking.

Allí se construirá un edificio nuevo –casi 7.000 metros cuadrados, un coste previsto de 7 millones de euros; saldrá a licitación en 2017– y la idea es que pueda albergar toda su actividad expositiva e investigadora del Mupac, este dejará de estar despiezado.

«Si se alcanza la deseada coordinación entre el proyecto arquitectónico y el museográfico se puede hacer un edificio a medida de las necesidades del museo», ha declarado a este periódico el director del Museo, Roberto Ontañón.

Es el lugar decidido por el Gobierno regional, la Consejería de Ramón Ruiz, después de que se abriera el melón sobre su emplazamiento. Hasta diecisiete sedes y siete ayuntamientos se presentaron candidatos en un primer momento, tras descartarse, a principios de año, el edificio del Banco de España. Torrelavega fue el municipio que con más intensidad le disputó el Mupac a Santander. Íñigo de la Serna llegó a decir que, de escapársele el Mupac, el anillo cultural se quedaría cojo.

Sin embargo, la capital ganó el pulso, y el Gobierno se decidió por la zona de San Martín y por un edificio de nueva construcción. Este paso, que alejará al museo del anillo, puede abrir un nuevo itinerario cultural para la ciudad.

El Gobierno tiene intención de reforzar el papel del Museo Marítimo, situado en el promontorio de San Martín, y extender la zona de influencia hasta la Biblioteca Central, al otro lado de la bahía, pasando por el edificio de Tabacalera, que albergará un centro cívico y, como acaba de anunciar De la Serna, un espacio para la formación de artistas, a través de becas, residencias, asesoramiento y tutorización. Tabacalera podría estar listo en 2017.

El Mupac, a pesar de la controversia, muestra cifras positivas: alrededor de 30.000 las personas lo visitaron en 2015, un 20% más que en 2014, y en 2016 se confirma una tendencia al alza. Ontañón es claro: «[...] si no es con la colaboración y la coordinación de todas las administraciones, nunca vamos a poder sacar adelante este u otros proyectos culturales».

Es otro de los proyectos más ambiciosos: convertir el edificio del Banco de España en contenedor de la primera sede asociada del Museo Reina Sofía y, en paralelo, de los fondos del Archivo Lafuente, que reúne más de 120.000 documentos sobre arte de vanguardia y más de 2.000 piezas. El Banco de España se convertiría en un escaparate para las exposiciones de la pinacoteca nacional y para el material del archivo.

El proceso avanza con velocidad relativa. Por un lado, la dirección del Reina Sofía y José María Lafuente llegaban a un acuerdo en febrero, por el cual el museo tiente un uso preferente de los fondos a diez años vista; esta parte está cerrada con este paso crucial.

Ahora queda que las administraciones local y regional avancen en la adecuación del edificio y en el cierre del convenio. El Ayuntamiento de Santander anunciaba recientemente su compromiso de adelantar la inversión que precisa el proyecto: rehabilitación y adaptación del edificio. El Gobierno de Cantabria la devolvería en un plazo de diez años.

Y ahí se ha detenido el proceso. Según el Consistorio, faltan las observaciones del Gobierno al convenio en el que muestra su compromiso. El alcalde De la Serna también ha comentado que el Museo Reina Sofía enviará en breve el proyecto museográfico a la ciudad, en el que determinará sus necesidades y que permitirá aproximar el coste del proyecto. La fecha de su puesta en marcha es aún una incógnita.

El anillo cultural orbita también en torno a centros de interpretación y un refugio. Son puntos del anillo quizá menos vistosos, ya en funcionamiento, y con necesidad de encontrar un modelo de gestión.

Se trata de un refugio antiaéreo de 40 metros cuadrados de la Guerra Civil, en el subsuelo de la plazuela del Príncipe; del Centro de Interpretación de la Historia de la Ciudad, situado entre el campanario y el claustro de la Catedral de Santander; del Centro Arqueológico de la Muralla medieval, un espacio subterráneo bajo la Plaza Porticada, y del Centro de Interpretación de los antiguos Muelles, en el aparcamiento bajo la Plaza de Alfonso XIII. Todos ellos se pueden visitar.

En abril se supo que el concurso convocado para la gestión conjunta de estos puntos quedaba desierto. Las empresas del sector estimaban, entre otras cosas, que el tamaño condicionaba la rentabilidad de los mismos.

El Ayuntamiento de Santander se ha puesto a trabajar en una nueva fórmula. Las Concejalías de Cultura y de Turismo van de la mano para idear un nuevo modelo de gestión de las visitas. En septiembre mantendrán una reunión con la Asociación de Guías Oficiales de Turismo para definir una nueva fórmula de explotación. La idea es que sea similar a la que se lleva a cabo en el Palacio de la Magdalena.

Al anillo se ha sumado este año la ruta del incendio de 1941, con motivo de su 75 aniversario: diez puntos informativos ubicados en el centro urbano que recogen los hechos más significativos del suceso y permiten comparar en imágenes el antes y el ahora de esas zonas concretas de la ciudad.