Inmaculada de Zurbarán
Inmaculada de Zurbarán / EFE

Festín de vírgenes en el Prado

  • El museo reúne seis Inmaculadas de maestros del Siglo de Oro, cuatro de ellas procedentes de la donación de Plácido Arango

  • Tres de la telas son de Zurbarán y las demás de Valdés Leal, Herrera el Mozo y Mateo Cerezo

La Inmaculada Concepción es uno de los asuntos más habituales entre los artistas españoles del Siglo de Oro. "Tanto, que la historia de la pintura española en ese tiempo se podría escribir a través del tema de la Inmaculada". Así lo sostiene Javier Portús, jefe de Departamento de Pintura Española hasta 1700 del Prado y responsable de la muestra 'Inmaculadas'. Reúne seis excepcionales vírgenes barrocas, cuatro de ellas procedentes de la generosa donación que realizó en 2015 Plácido Arango Arias, excepcional coleccionista y mecenas y expresidente del patronato de la pinacoteca.

Este verdadero festín de vírgenes incluye las cuatro procedentes de la donación Arango –dos de Zurbarán, una de Mateo Cerezo y otra de Valdés Leal–; otra Inmaculada de Zurbarán que ingresó en el Museo del Prado en 1956 y que se expone junto a su radiografía; y una nueva incorporación a la donación inicial, una Inmaculada de Herrera el Mozo que, según el museo, "constituye un aporte significativo a la colección de obras de este autor", cuyo catálogo es relativamente escaso.

Reunidas en la misma sala, conforman "una antología del mejor arte español de los siglos XVI y XVII" asegura Portús, que destaca como esta representación de la virgen era un tema favorito para los artistas, muy conscientes de su tirón y del que sólo Zurbarán llego a pintar más de una docena.

"La inmaculada Concepción es también uno de los temas más habituales entre los artistas españoles del Siglo de Oro para expresar los sucesivos ideales de belleza femenina", precisa Portús. Fechadas entre 1630 y 1680, las inmaculadas de la muestra permiten así comprobar como la representación de este tema religioso osciló entre dos versiones, una más íntima y circunspecta y otra más colorista y expansiva. "La primera –apunta Portús– subraya la intimidad del recogimiento y la concentración, mientras que la segunda presenta fórmulas barrocas mediante composiciones dinámicas y coloristas".

En la exposición se reúnen la Inmaculada más temprana de la donación y la que custodia el Prado, ambas de Zurbarán, "cuya comparación permite conocer las distintas alternativas iconográficas y compositivas que se planteó el pintor al principio de su carrera", según Portús.

Frente a la concentración formal y la introspección emotiva de la que ingresó en el museo en 1956, la Inmaculada procedente de la donación Arango "es expansiva y destaca por el amplio vuelo de su túnica" apunta el experto. La segunda Inmaculada de Zurbarán de la donación, fechada en 1656, es "un puente con la rica tradición de representaciones concepcionistas sevillanas de la segunda mitad del siglo XVII y puede compararse con la Inmaculada de uno de los grandes representantes de esta escuela, Juan Valdés Leal, que en su obra, fechada en 1682, evita el dinamismo compositivo y la expansión comunicativa que le son característicos, y compone una obra introspectiva y delicada, en la que la joven María se encuentra rodeada por un elaborado contexto teológico".

Estas seis vírgenes se podrán contemplar en la sala 10 A del edificio Villanueva hasta el próximo 19 de febrero. Coincidiendo con la presentación, el museo del Prado edita una publicación en la que se estudian en detalle cada una de las 26 obras que conforman la donación de Plácido Arango. Se incluye un texto en el que se valora la aportación del conjunto los colecciones del Prado.