"No cambiaría mi vida por nada"

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Miriam Fernández, junto a su inseparable andador, al que considera "un Ferrari de Fórmula 1". / Mireya López

  • Convirtió su discapacidad en un reto del que ha salido victoriosa tras superar barreras físicas, psicológicas y personales. Hoy comparte su experiencia en Santander

  • Miriam Fernández Cantante, actriz y empresaria con parálisis cerebral

"No cambiaría mi vida por nada, el haber aprendido desde muy pequeña a convivir con una discapacidad me enseñó a caer y levantarme una y otra vez", asegura Miriam Fernández (Madrid, 1990) al otro lado del teléfono, antes de emprender viaje hacia Santander. Su historia pone la piel de gallina: los médicos la diagnosticaron una parálisis cerebral por culpa de un infarto cerebral que había sufrido durante el parto. Su madre biológica, que la dio a luz con apenas 17 años rodeada de dificultades, la entregó en adopción a otra familia por no contar con recursos para poder afrontar la enfermedad y las operaciones consiguientes. Los galenos certificaron que no iba a poder andar. Nunca. La parte locomotora de las piernas estaba afectada. Pero esa discapacidad no se convirtió en un impedimento, sino en un reto y una oportunidad. Hoy en día, tras regatear a la silla de ruedas, camina con ayuda de un andador -su Ferrari particular, tal y como le define-, es cantante, actriz de teatro, destacada nadadora, empresaria e imparte conferencias como coach de motivación y positivismo para numerosas instituciones, firmas, fundaciones y centros educativos.

¿Cuáles son las armas para superar barreras que parecen totalmente infranqueables?

–En primer lugar, hay que aceptarse uno mismo como es, da igual que seamos diferentes. La diferencia es lo que nos hace únicos y tenemos que amar como somos. Confiar y creer en uno mismo es el primer paso para poder luchar por todo. Y luego aceptar que en la vida todo tiene un para qué, y lo terminas descubriendo. Si tienes una actitud positiva y receptiva, al final eres capaz de darle sentido a todo lo que ocurre. Hay que afrontar la vida con positividad, ilusión, ganas de superación...

–¿Las peores barreras son las que se crea uno mismo en la cabeza?

–Sí, desde luego. Las barreras están en la mente de las personas, no hay barreras más allá de ella, somos las personas las que nos ponemos límites. Mi andador es una dificultad visible para la gente, pero a lo mejor yo tengo unos defectos menos visibles que me impiden hacer cosas. El secreto es confiar y saber que tenemos que arriesgar por aquello que queremos, hay que intentar luchar por nuestros sueños y buscar la manera de hacerlos realidad. La gente, por sobreprotección o miedo, te dice que no hagas cosas, pero si te apetece, si tu corazón te lo dice, hay que arriesgar. Las experiencias buenas que tienes te llegan porque has salido a buscarlas. No hay esperar a que pase la tormenta, hay que aprender a bailar bajo la lluvia.

–¿Cuántas veces se ha preguntado por qué a mí?

–Pues muchas, la mayoría durante la infancia. Vas al colegio y no sabes por qué se burlan de ti, por qué se ríen, por qué me empujan, por qué mis compañeras son más populares, más guapas, por qué pueden andar bien y yo no... Los niños a esas edades son crueles, me veían diferente e iban a por mí. Luego te das cuenta de que no sirve de nada preguntarte el porqué de todas las cosas y que debes preguntarte para qué.

–¿En qué momento se decidió a enfrentarse al problema en vez de sufrir por él?

–Con 11 años, con el cambio de colegio. Llevaba mucho tiempo pasándolo mal, no había contando nada a mi familia. Con el cambio de colegio vi la oportunidad de ser quien soy, de conocer a gente nueva, de hacer amigos nuevos. Entendí que tenía dos opciones, o hundirme y que toda mi vida siguiera siendo como era, o aceptar y levantarme cada día con una sonrisa, sin miedo, sin pensar en el qué dirán. Y ahí descubrí que si crees en ti mismo, la gente te empieza a aceptar, pero si te ven débil, ahí es cuando eres vulnerable.

–¿Qué la ha aportado la música en todo este proceso?

–Al margen de que me gustaba, cuando era más pequeña la música me aportaba una vía de escape muy grande, una manera de escaparme de un mundo que no me gustaba y de meterme en otro mejor, me encerraba en mi cuarto, cantaba a los muñecos y me sentía una estrella. Con el tiempo, la música se ha convertido en un medio de expresión, que me ayuda a ser mejor, a compartir mis sentimientos con los demás.

–Tras ganar la segunda edición del concurso de televisión ‘Tú sí que vales’, publicó el disco ‘Bailando bajo la lluvia’ (2010) y ahora está preparando el segundo.

–Va lento, llevo mucho tiempo escribiendo canciones y la intención es empezar a grabarlo el próximo año después de elegir entre todo el repertorio que he ido acumulando.

–Si la dieran la oportunidad de cambiar algo de su vida, ¿qué sería?

–No cambiaría mi vida por nada, ha podido ser más o menos difícil, pero no la cambiaría. Sufrir acoso escolar me hace valorar la amistad muchísimo; el haber aprendido a convivir con una discapacidad, me enseñó a caer y levantarme una y otra vez desde que era pequeña...

–Es feliz.

–Sí, totalmente. El mayor éxito en la vida no es ser alguien en un determinado ámbito o conseguir cosas a largo plazo, sino arriesgar y luchar por aquello que cada día te hace feliz. Y cuando eres feliz se nota en todo lo que haces y la cosas ruedan solas. Hay que aprender a valorar cada momento y llevarlo todo con una sonrisa.