El actor Pepe Viyuela, en su última visita a Santnader en 2014
El actor Pepe Viyuela, en su última visita a Santnader en 2014 / Alberto Aja

"El payaso tiene algo de filósofo, poeta y actor"

  • Pepe Viyuela agota las entradas para su obra 'Encerrados' en La Redonda. La sala de Vioño de Piélagos ya ha programado una nueva función para el sábado

Es actor, cómico, poeta y licenciado en Filosofía, pero por encima de todas las cosas, se declara payaso. Pepe Viyuela (Logroño, 1963) ha sabido sacar partido a su vena cómica en el cine y la televisión con personajes como el torpe Filemón, el reivindicativo tendero de 'Aída' y el intuitivo guardia civil de 'Olmos y Robles'. A él, el humor es lo que más le llena y satisface en el ejercicio de su profesión. Detrás del actor, del payaso, hay un hombre solidario que viaja con este espíritu hasta lugares en conflicto.

Desde hace 25 años es miembro activo de Payasos Sin Fronteras, ONG con la que ha colaborado en los conflictos militares en Kosovo, Palestina, Bagdag y, este mismo año, en Kurdistán. El viernes se podrá disfrutar en La Redonda de Vioño de Piélagos de su nuevo espectáculo, 'Encerrados', una reflexión sobre la vida desde los ojos de un payaso (20.30 horas). Un día después impartirá una conferencia sobre su método de trabajo. También en el espacio teatral de Vioño de Piélagos, el sábado, a las 12.30 horas. Viyuela acudía a La Redonda para ofrecer una única función de su espectáculo pero las entradas se han agotado y la sala ha programado una función más para ese mismo sábado, a las 20.30 horas

–Actor, cómico, poeta, filósofo... ¿Qué es lo que mejor le define o cómo se define usted?

–Yo me definiría como payaso. Si tengo que elegir algo de lo que hago, lo que más me gusta, me defino como payaso porque engloba un poco de todo, filósofo, poeta y actor. Es lo que más me gusta hacer cuando me subo a un escenario.

–Estudió filosofía, ¿qué le atrajo del teatro? ¿Cuál fue el punto de partida?

–El juego, porque en el teatro descubrí la posibilidad de jugar constantemente y no perder esa energía que uno tiene de forma natural cuando es niño y luego he podido conservar gracias al teatro. La posibilidad de disfrazarte, cambiar de personaje, tener vidas distintas y vivir constantemente como en un carnaval... Es lo que hizo que el teatro me hechizara, me eclipsara, aunque en el primer momento no lo interpreté así. Primero me gustó el teatro y después, reflexionando sobre porqué me gusta el teatro encontré esta repuesta: me ofrece la posibilidad de jugar permanentemente.

–¿Y ese juego, lo descubrió de forma casual o recuerda algún detonante?

–Fue puramente casual. Fue jugando a hacer teatro con los amigos en el instituto cuando descubrí que cada vez me lo pasaba mejor.

–Ha realizado multitud de trabajos en teatro, cine y televisión, casi siempre interpretando personajes cómicos. ¿Cómo ha sido su evolución?

–Mi evolución yo creo que ha sido de lo más natural. He intentado pasármelo bien, jugar y divertirme mucho. Me he encontrado con regalos y trabajos que no me esperaba. Ha sido todo bastante divertido.

–¿Cuál de todos estos trabajos le dejó un mejor sabor de boca?

–Todos los que han tenido algo que ver con el mundo del payaso. Cuando descubrí al payaso tuve la sensación de llegar a un continente nuevo, a algo que no había llegado nunca y que me daba libertad por lo que tiene de personal. Es un personaje que tú te inventas, que tú haces y representas y que lo desarrollas a lo largo de los años. Vive contigo.

–Precisamente el próximo viernes acerca al espacio teatral de La Redonda, en Vioño de Piélagos, las reflexiones de un payaso sobre la vida. 'Encerrados' es su último espectáculo.

–Esa es la definición teórica del espectáculo, pero lo que realmente hago es jugar con objetos, desenvolverlos y relacionarme con ellos, que son mis compañeros de escenario y de viaje. Es un trabajo basado en la relación con los objetos, cómo se pueden volver locos y hacerte la vida imposible.

–¿Tiene moraleja el espectáculo?

–La que cada uno quiera sacar. Lo primero que se me ocurre es cómo nos complicamos la vida los seres humanos con las cosas más sencillas. Y cómo, a pesar de todo, seguimos adelante, y somos capaces de salir de cualquier agujero. Creo que hay muchas moralejas y cada uno debe extraer la suya.

–Además, impartirá una charla en Vioño de Piélagos sobre su método de trabajo. ¿Cuál es el método Pepe Viyuela?

–Vuelvo a la misma palabra recurrente de toda la entrevista: el juego. Es el espacio máximo de la libertad, el sitio donde uno se deja volar y deja que la imaginación vaya por delante y es donde incluso pierdes el control de ti mismo y empiezas a ser otro, a través del payaso. Pero la palabra es juego, quitar importancia a todo lo que haces para que las cosas no te pesen y salgan solas.

–Entonces para usted el teatro es juego.

–Básicamente es un lugar donde desarrollar la imaginación y jugar con libertad.

–¿Hay humor en España o cree que se ha perdido?

–Si no hubiera humor estaríamos muertos. Claro que hay humor, en todas partes, hasta en el peor de los sitios, en los campos de concentración... Por eso siempre queremos seguir vivos.

–Ha hecho papeles dramáticos en teatro y cómicos en televisión, ¿con qué se queda?

–Me quedo con el teatro siempre. El teatro te permite estar cerca de la gente y notar sus sensaciones, cosa que no ocurre en la televisión. El teatro es mi lugar preferido.

–Estuvo 10 años dando vida a Chema en 'Aída' ¿qué le queda de ese personaje?

–Me quedo con todos los años que he podido disfrutar de él, en los que no me he aburrido ni un solo día y eso es muy de agradecer. He aprendido mucho, a no aburrirme con un personaje que está siempre en el mismo ambiente y rodeado de los mismos personajes. Podía haber resultado tóxico y nunca me aburrí, fue muy divertido y me quedo con todo, no desecho nada.

–También es conocido por su papel de Filemón, ¿cómo fue la experiencia en el cine?

–Peor que en teatro, porque me gusta menos, pero también fue divertido. No es mi lugar favorito pero he aprendido mucho y me dio la oportunidad de dar vida a un personaje de papel, darle voz, alma y movimiento. Fue muy emocionante y divertido.

–¿Qué nuevos proyectos tiene entre manos?

–Estoy con la obra de teatro 'Mármol' que acabará el día 30 en Madrid y comenzará la gira por España. Después ando en otro espectáculo de payasos y valoro posibles participaciones en televisión que todavía están muy verdes.

–¿Cómo ve el mundo de la cultura? ¿Mejora o sigue instalado en la crisis?

–No ha salido de la crisis y no es por falta de talento o de ganas de la gente que trabajamos en este mundo. Es porque hay un deseo por agostar y acogotar la cultura porque no hay la más mínima sensibilidad en este gobierno con todo lo que tiene que ver con la cultura, la literatura, el cine o el teatro. Yo diría que incluso hay una persecución constante contra todo lo que tiene que ver con la creación, quizás porque la utilidad que se le ve no le resulta cómoda al Gobierno. La cultura siempre se ha mostrado bastante crítica con el poder y esto, este gobierno lo lleva mal.

–¿Qué necesita la cultura para salir a flote?

–Que nos dejen en paz y nos dejen trabajar. Ahora mismo resulta muy difícil sacar adelante un proyecto y no es solo cuestión de subvenciones, que ni las defiendo ni las dejo de defender, aunque creo que la cultura hay que protegerla. Es difícil sobrevivir con una iva tan salvaje como el que tenemos y tan poco dinero destinado a la programación de los teatros. Por eso, hay muchas compañías que han tenido que cerrar. Es muy difícil.

–He leído que sus dos hijos, Camila y Samuel, han seguido sus pasos y son actores. ¿Cree que los jóvenes lo tienen ahora más difícil?

–Quizás lo tengan más difícil ahora. No digo que antes lo tuviéramos fácil, pero hoy la precariedad laboral es durísima y hay mucha gente que no trabaja.

–No quiero terminar sin hablar de su faceta solidaria. ¿Cómo ve el mundo?

–Lo veo muy necesitado de parches, arreglos y de soluciones fundamentales, que no están precisamente en manos de los ciudadanos. Podemos decir lo que queremos pero hay poderes económicos, financieros y políticos que no están por la labor de solucionar los grandes problemas como el clima, el hambre, la violencia... La gente que trabajamos en ONG hacemos lo que podemos y todo lo que hacemos es poco, pero las grandes decisiones que se toman en las grandes mesas es donde falta voluntad y no es fácil que se produzca el acuerdo. Lo veo muy revuelto y convulso, con decisiones tomadas democráticamente como el Brexit o la elección de Donald Trump que pintan un panorama bastante negro para todos. No soy muy optimista, pero eso no quiere decir que vaya a dejar de intentar mejorar las cosas.

–¿Qué nuevos proyectos tiene entre manos?

–Estoy con la obra de teatro ‘Mármol’ que acabará el día 30 en Madrid y comenzará la gira por España. Después ando en otro espectáculo de payasos y valoro posibles participaciones en televisión que todavía están muy verdes.

–¿Cómo ve el mundo de la cultura? ¿Mejora o sigue instalado en la crisis?

–No ha salido de la crisis y no es por falta de talento o de ganas de la gente que trabajamos en este mundo. Es porque hay un deseo por agostar y acogotar la cultura porque no hay la más mínima sensibilidad en este gobierno con todo lo que tiene que ver con la cultura, la literatura, el cine o el teatro. Yo diría que incluso hay una persecución constante contra todo lo que tiene que ver con la creación, quizás porque la utilidad que se le ve no le resulta cómoda al Gobierno. La cultura siempre se ha mostrado bastante crítica con el poder y esto, este gobierno lo lleva mal.

–¿Qué necesita la cultura para salir a flote?

–Que nos dejen en paz y nos dejen trabajar. Ahora mismo resulta muy difícil sacar adelante un proyecto y no es solo cuestión de subvenciones, que ni las defiendo ni las dejo de defender, aunque creo que la cultura hay que protegerla. Es difícil sobrevivir con una iva tan salvaje como el que tenemos y tan poco dinero destinado a la programación de los teatros. Por eso, hay muchas compañías que han tenido que cerrar. Es muy difícil.

–He leído que sus dos hijos, Camila y Samuel, han seguido sus pasos y son actores. ¿Cree que los jóvenes lo tienen ahora más difícil?

–Quizás lo tengan más difícil ahora. No digo que antes lo tuviéramos fácil, pero hoy la precariedad laboral es durísima y hay mucha gente que no trabaja.

–No quiero terminar sin hablar de su faceta solidaria. ¿Cómo ve el mundo?

–Lo veo muy necesitado de parches, arreglos y de soluciones fundamentales, que no están precisamente en manos de los ciudadanos. Podemos decir lo que queremos pero hay poderes económicos, financieros y políticos que no están por la labor de solucionar los grandes problemas como el clima, el hambre, la violencia... La gente que trabajamos en ONG hacemos lo que podemos y todo lo que hacemos es poco, pero las grandes decisiones que se toman en las grandes mesas es donde falta voluntad y no es fácil que se produzca el acuerdo. Lo veo muy revuelto y convulso, con decisiones tomadas democráticamente como el Brexit o la elección de Donald Trump que pintan un panorama bastante negro para todos. No soy muy optimista, pero eso no quiere decir que vaya a dejar de intentar mejorar las cosas.

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