El arte de la superación

Antonio Pérez San Juan, Toñín, pintó ayer con la boca un cuadro como apoyo a la exposición.
Antonio Pérez San Juan, Toñín, pintó ayer con la boca un cuadro como apoyo a la exposición. / María Gil Lastra
  • El Ámbito Cultural de El Corte Inglés acoge hasta el día 25 una exposición con una treintena de obras de los artistas de la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie

Antonio Pérez San Juan es un hombre de retos y hasta ahora ha ido superando todos lo que se ha marcado. De bien joven le diagnosticaron polio, una enfermedad que poco a poco ha acabado con la movilidad de sus manos y sus pies. Ahora tiene 62 años y vive en su pueblo, Riocorvo (Cantabria) donde todo el mundo le conoce como Toñín y donde no para de pintar. Y es que lejos de rendirse hace ya quince años que decidió solicitar una beca a la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie que le permite vivir de sus cuadros, unas obras que pinta con la boca y con una facilidad que impresiona. Ayer hizo una demostración de sus dotes en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés donde se exponen, hasta el próximo día 25 de marzo, una colección de pinturas de los artistas de este colectivo.

En la muestra, todavía, no hay ningún cuadro de Toñín porque la asociación internacional sólo expone los trabajos de los que llaman artistas de pleno derecho. Es decir «que tienen un nivel equiparable a cualquier pintor de las manos». Así al menos lo explicó el director de la asociación en España, Ricardo Charfolé, quien recordó algunos de los principios de este colectivo que cuenta 900 artistas en 90 países, 150 de ellos pleno derecho. En España hay 32 artistas uno de ellos, Antonio Pérez San Juan, de Cantabria, quien reconoce con gran salero que «si mis padres me hubieran puesto a pintar a los veinte años hoy sería una gran figura».

Antes de dedicarse a la pintura viajó a Alemania y hasta ayudaba en las labores de costura a una de sus hermanas, «y se me daba muy bien», dice, pero fue a la vuelta a Cantabria cuando otra hermana le habló de la asociación a la que pertenece.

Ayer pintaba un gran árbol, porque según señala le gustan mucho los paisajes. Hace quince años cuando se puso por primera vez un pincel en la boca creía que no podría acabar ni un cuadro y ahora hace una media de cuarenta al año. En este tiempo ha contado con la ayuda de un profesor, Rafael Crespo, que le da clase dos horas a la semana y que puede pagar gracias a la beca que recibe de la asociación. «Para mi pintar es una forma de ganarme la vida. Así es como me he labrado el porvenir y he logrado poder mantener mi casa y mi independencia. Si no fuera por esta beca y este trabajo tendría que estar en una residencia u otro centro», repite.

Su reto ahora es poder llegar a ser un artista de pleno derecho en la asociación, pero sabe que lo tiene bien difícil. «Hay artistas buenísimos de todo el mundo que hacen grandísimas obras de arte. Yo creo que no lo hago mal y me esfuerzo por mejorar, pero aún no estoy a la altura. Me da pena no haber empezado a pintar más joven», repite.

De momento cada año manda su trabajo a la asociación, unos cuarenta cuadros, y los que le devuelven los regala.

La muestra

Entre los cuadros que se pueden contemplar en esta muestra itinerante por toda España y Andorra, hay todo tipo de técnicas y estilos. Predominan los paisajes y apenas se muestran obras abstractas. La asociación, tal y como recuerda, Ricardo Charfolé, no vive de ninguna subvención si no del trabajo que estos artistas que plasman en calendarios y postales de Navidad. «Los orígenes de la asociación en España se remontan a 1957 cuando el pintor Erich Stegmann y un pequeño grupo de artistas con discapacidad física de ocho países europeos crearon una asociación de autoayuda. Así formaron una cooperativa que se ha convertido en un movimiento mundial», señala.

Su objetivo, como el de Toñín, es poder vivir exclusivamente de su esfuerzo y de su trabajo, a través del reconocimiento de la obra y son los miembros de la asociación los que llevan el control. «Yo mismo soy su empleado», explica el director.

El árbol de Antonio Pérez San Juan es mucho más que un cuadro. Es un ejemplo de superación, de «orgullo» como él mismo explicaba. «A veces no me salen las cosas a la primera y lo tengo que dejar e irme a pasear con el perro, pero cuando consigo acabar el cuadro, me siento tan orgulloso...», concluye el artista.

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