La fotografía paciente de Fernando Manso

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Vacas tudancas en una cuadra tradicional. / Fernando Manso

  • El artista madrileño, que veranea en Santander, reúne en su nuevo trabajo imágenes de la Cantabria más rústica

"Si no veo algo que me guste de verdad, si no lo siento, no disparo". En la filosofía del fotógrafo Madrileño Fernando Manso la economía de recursos se explica por la técnica. "Utilizo desde siempre una cámara de placas. De toda la vida me ha gustado hacer las cosas de la manera más tradicional". Así se permite trabajar con una película de 10 centímetros por 12, tamaño suficiente para dar una calidad que supera con creces al formato estándar.

Es un detalle que aporta una personalidad a las fotografías de Fernando Manso, que ha reunido imágenes de Galicia, Asturias, Cantabria, Navarra y parte de León en una exposición en la Galería Ansorena en Madrid. 'Pintar con luz', ha titulado la serie. La exposición permanecerá abierta hasta el 3 de abril, y su intención pasa por llevarla algún día a Cantabria. "Me encantaría. Es una tierra donde me escapo cada vez que puedo porque tengo una casa. Sería muy ilusionante lograr un espacio expositivo allí", cuenta.

Sus obras, impresas en gran formato, desprenden ese magnetismo que se construye con el paisaje, las gentes, los animales y la luz. "A veces también me recreo en la arquitectura, otro de los aspectos que me interesan mucho", y desgrana su método: "Soy paciente y romántico. Me gusta esperar hasta que encuentro el día, o el instante. He sabido estar tres años para lograr la fotografía de una playa en Cantabria". "Me interesa conocer el coeficiente de marea, las condiciones del mar, la luz que habrá en un minuto determinado...". Y al final del camino, solo queda confiar en la fe. "Al trabajar con formato analógico, a veces he tardado hasta un mes en comprobar la imagen que había captado", explica.

Tal vez por eso reniega de las tecnologías digitales. "Está bien que la fotografía se haya democratizado; pero no entiendo ese ímpetu por disparar a todo con la esperanza de llegar luego a casa y hacer una selección que además pasará por el ordenador. Yo, si no lo tengo claro, no gasto recursos".

Sus imágenes quedarán en el tiempo como un testimonio indeleble de la Cantabria más profunda, la más tradicional y rural. "Cuando entro en esas cuadras antiguas y hablo con los propietarios, se sorprenden y me dicen... '¿Cómo puede salirte algo bonito de esto tan feo?' Pero realmente esos establos tienen una belleza que solo hay que destapar".

El fotógrafo madrileño afirma que tuvo "la gran suerte" de tener un padre arquitecto que todos los domingos le acercaba a uno de los diferentes museos de la capital española. Esas visitas por el Prado, el Sorolla, el Lázaro Galdeano, le contagiaron "sensibilidad y arte" para aprender a mirar la naturaleza.

Al finalizar sus estudios, se dio cuenta de que "lo suyo" estaba relacionado con la imagen, el cine, la pintura o la fotografía, y se decidió por la última.

Empezó por su cuenta en los años ochenta, y tras diez años de trabajo en una agencia de publicidad, periodo en el que hizo mucho paisajismo y fotos de gente en "situaciones curiosas", decidió hacer algo más de autor.

Con su cámara de placas y negativos, los mismos que aún le acompañan, se inclinó por tomar imágenes de otro Madrid, "no el postalero", sino uno más romántico, más onírico y personal.

De ahí nació su libro 'Madrid', prologado por el pintor Antonio López, y en cuya portada aparece una fotografía del Palacio de Cristal en el Parque del Retiro que tardó 18 días en captar.

"Tenía en la cabeza algo para transmitir, y soy muy, muy paciente", asegura. Y no lo puede negar tras explicar que en 2012 invirtió 500 horas en la Alhambra para elaborar un libro sobre ese edificio histórico.