El arte psicoactivo de Henri Michaux

Un hombre observa diferentes dibujos que forman parte de la nueva exposición de Henri Michaux./EFE
Un hombre observa diferentes dibujos que forman parte de la nueva exposición de Henri Michaux. / EFE

El museo Guggeheim de Bilbao recrea la aventura en las fronteras de la percepción de Henri Michaux precursor de la psicodelia y el 'underground' | Reúne de 200 obras del enigmático pintor, poeta e intelectual francobelga

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIBILBAO

De la ciencias a la música. De la literatura a la etnografía. De la caligrafía y los signos al azar, las drogas y los estados alterados de la mente, nada humano le era ajeno a Henri Michaux (Namur, Bélgica, 1899 - París, 1984). Explorador de paraísos reales y artificiales más allá de los límites de la percepción, de los efectos creativos y liberadores de sustancias como la mescalina, el LSD, la psilocibina o el hachís, poeta, músico, narrador e infatigable viajero, fue Michaux un cartógrafo de la imaginación y precursor, quizá a su pesar, de la psicodelia y el 'underground'.

El Guggeheim de Bilbao penetra ahora en los recovecos de los procesos mentales y plásticos de una de las figuras más enigmáticas y poliédricas de la cultura del siglo XX. Lo hace a través de más de 200 obras, documentos y objetos reunidos en 'El otro mundo', muestra comisariada por Manuel Cirauqui en torno a tres temas cruciales para el intelectual y artista francobelga: la figura humana, el alfabeto y los signos, y los estados alterados de la conciencia.

Ficha

Qué:
Henri Michaux: el otro lado
Dónde:
Museo Guggueheim Bilbao. Avda. Abandoibarra 2. www.guggenheim.eus
Cuándo:
del 2 de febrero al 13 de mayo de 2018
Cuánto:
Entrada general 16 euros

La fama de sus dibujos «mescalínicos» es toda una paradoja para un creador que siempre se definió como «un sobrio bebedor de agua». Que experimentó con las drogas «con rigor, curiosidad científica y creativa; siempre bajo supervisión médica y con enorme respeto a su carácter sagrado y cultural», según Cirauqui.

Franqueó Michaux los umbrales de la conciencia en sesiones controladas por el neurólogo vasco Julián de Ajuriaguerra y casi siempre junto a la efigie de Mescalito, una figurilla de inspiración precolombina adquirida en México que se muestra en Bilbao. Unas experiencias de las que daría cuenta en textos como 'Miserable milagro' y 'El infinito turbulento', que siguieron legiones de jóvenes del 'flower power' y mayo del 68.Y eso que «Michaux no fue jamás ni un jipi, ni un adicto a sustancias psicoactivas como el peyote, la mescalina o el ácido lisérgico. No tenía interés por la ebriedad y sí por cartografiar la percepción», explica el comisario.

Mapas infinitos

«No es un adolescente descontrolado que se divierte con las drogas, ni un hedonista. Busca imágenes de las alteraciones cerebrales», precisa Franck Leibovici, responsable de los archivos Michaux en París.

La exposición reúne un notable conjunto de obras de una figura lúcida y enigmática que se alió con la química y el azar como fuerzas creadoras y se convirtió en una figura tutelar de la incipiente cultura psicodélica y la mística underground. «Poeta de poetas» y «pintor de pintores», ejerció un poderoso influjo en artistas y escritores coetáneos.

Para él la pintura era ese 'otro lado' del que el artista traza un mapa infinito. «Desprecia la pintura como representación de la realidad, está en la imaginación extrema y en lo que le ofrezca el azar», dice el comisario. Solo se adscribía al «fantasmismo», un arte de «espectros y apariciones» y su raro talento fue celebrado por grandes colegas como el escritor André Gide y el pintor Francis Bacon.

Con varias piezas inéditas, la muestra explora series fundamentales como los fondos negros, los azarosos 'frottages', los movimientos, y en especial 'dibujos mescalínicos' de este curioso infatigable que se acercó a las drogas en la madurez, 55 años, y «con espíritu ascético y sistemático». Tratando de siempre «de observar el comportamiento de la consciencia en condiciones experimentales», según Cirauqui.

EFE

Solitario, independiente y esquivo -no se dejó fotografiar en sus 20 últimos años vida- irredento viajero por mundos reales, interiores, imaginarios y simbólicos, creador de alfabetos y obsesionado con crear «un idioma gráfico universal», narró sus viajes reales e interiores en libros como 'Ecuador', 'Un bárbaro en Asia' o 'En otros lugares'.

Pintor tardío, fascinado por los ideogramas, la caligrafía oriental y el mundo de los sueños y las alucinaciones, inventor de alfabetos poéticos y sin semántica, se aproximó al arte a través de Klee, Ernst, De Chirico y Dalí. Iniciado en los automatismos, y seducido por el azar como potencia creadora, comenzó a pintar y exponer 1937 una obra que bebe del Bosco, Goya, William Blake o Alfred Jarry.

Organizada en colaboración con los Archivos Michaux de París, 'El otro lado' recorre los más de sesenta años de febril actividad creadora Michaux, que produjo miles de obras sobre papel de las que apenas se conoce una parte.

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