Chat stories: literatura y voyeurismo

javier menéndez llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARESSantander

Tras la impresionante irrupción de Manuel Bartual y su twitnovela 'Todo está bien', la opinión generalizada era que el editor y dibujante acababa de inventar un género literario, tal vez el primero 'nativo digital'. Sin embargo, el debate más especializado comenzó de inmediato en las redes: ¿realmente se estaba innovando? ¿Podría el ministro del ramo colgar una nueva medalla a la 'marca España'? Para empezar, ni siquiera aquella era la 'primera vez' de Bartual. 'El peso de la verdad' había sido un experimento previo, con mucha menos trascendencia, pero tal vez mejor resultados literarios. Pero es que, además, ya había otros intentos previos: en Argentina, por ejemplo, el movimiento de las abuelas de la plaza de Mayo había convocado ya en 2012 un premio de 'twitrelatos', y más recientemente se han puesto de moda las novelas por entregas vía Whatsapp, como glosa en un reciente artículo la filóloga Milagros Lagneaux: «Se crean grupos de chatmultitudinarios y diferentes autores envían sus producciones».

Aunque tal vez el formato más novedoso sean los 'chat stories', capturas de pantalla de tablets o móviles. Estos pantallazos simulan conversaciones directas entre los personajes de los relatos, de manera que se trata de obras en las que sólo hay diálogos, al estilo de la dramaturgia. El éxito de este género es tal que incluso se ha aireado una aplicación específica, 'Hooked', que en apenas un par de años ha logrado seducir a millones de jóvenes –diez en 2017, cuarenta el pasado febrero–, especialmente adolescentes, con una variada oferta que incluye desde novela romántica hasta aventura o fantástico. Aunque su punto fuerte es, por descontado, el realismo. La apariencia tecnológica es la de una conversación en tiempo real, a la que el lector asiste como espectador. Un chat cualquiera, pero con aspecto verdadero, en el que la posición del público es la de un completo voyeur. Quizá el auténtico atractivo, el concepto que explota, sea esa sensación entre culpable y morbosa de estar espiando el móvil de otra persona. Aunque sin los grandes riesgos de desafiar realmente las leyes de protección de datos y el derecho a la intimidad.

De modo que géneros como las chat stories no sólo podrían considerarse como nativos digitales por su tecnología y origen, sino sobre todo porque explotan realidades, experiencias y actitudes absolutamente actuales y novedosas: sin redes sociales, sin el mundo digital, no tendrían sentido. Ni el enorme éxito que tienen.

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