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Terele Pávez, del brazo de su hijo Carolo, llega al Ateneo con el homenajeado Mario Camus / Roberto Ruiz

«Las desigualdades sociales de los cortijos se ven ahora en las aceras»

  • El homenaje a Mario Camus por su adaptación al cine de la novela ‘Los santos inocentes’ puso de manifiesto en el Ateneo la vigencia de la obra

El director santanderino Mario Camus leyó ‘Los santos inocentes’ de Miguel Delibes en apenas unas horas. «La compré al mediodía y por la noche ya la había acabado. Poco después ya tenía la película en la cabeza», reconoció ayer en el Ateneo santanderino durante un homenaje que la Sociedad Menéndez Pelayo y la Fundación Miguel Delibes ofrecieron al realizador cántabro con motivo del treinta y cinco aniversario de la publicación de la novela que dos años después llevó al cine.

El director prefirió sentarse entre el público junto a la hija del escritor, Elisa Delibes, para seguir las intervenciones de Terele Pávez, actriz que representó a Régula, uno de los personajes de ‘Los santos inocentes’; Domingo Ródenas, profesor de Literatura de la Universidad Pompeu Fabra; José Luis Sánchez Noriega, licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia Comillas y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, quienes acompañados por los presidentes de las sociedades organizadoras: Borja Rodríguez (Menéndez Pelayo) y Javier Ortega (Miguel Delibes), analizaron tanto el libro como la película. Todos ellos coincidieron en que ambas obras presentan «una historia de justicia poética» y su vigente actualidad.

Terele Pávez expuso que todos los personajes, tanto los señoritos del cortijo extremeño donde se desarrolla la historia como sus trabajadores, «fueron igual de perdedores aunque representaban dos Españas bien diferentes». Emocionada al recordar algún momento del rodaje y el trabajo de Camus, expuso que «nosotros, los que hacíamos de sirvientes, sufríamos mucho, sobre todo mi personaje: Régula, pero la Marquesa (Mari Carrillo en la película) no era mala. Los ricos estaban acostumbrados a vivir así, no sabían hacerlo de otra forma».

Domingo Ródenas recordó que Delibes ya había creado uno de los personajes centrales de ‘Los santos inocentes’, 'Azarías', en otro cuento bastante anterior titulado ‘La milana’, y que mientras que el mensaje final de la novela es «absolutamente pesimista» -pues castiga sin un buen futuro a los trabajadores de esa finca- "Camus les proporciona una esperanza en su película».

Durante su intervención José Luis Sánchez enumeró algunas características del cine del realizador cántabro: «Su realismo comprometido con la estética del perdedor, su visión crítica de la sociedad de la época o el amor al oficio de cineasta», entre otras.

Terele Pávez destacó también «la gran educación espiritual» de Camus a la hora de tratar a los actores y, sobre todo, insistió en la calidad y vigencia de la obra. «Una película que está siempre viva y a cuyos personajes les salva el amor».

Mario Camus, que quería evitar protagonismo en el acto e incluso evitó posar para los fotógrafos asistentes, se vio ‘obligado’ a hablar en el coloquio con el público que le preguntó por la localización del cortijo, una finca de la localidad de Alburquerque en Badajoz; se interesó por la partitura y, también, sobre si las desigualdades sociales que había en los años sesenta se siguen dando en la actualidad. «¿Los señoritos ahora están en los bancos?», le preguntaron desde el público. «Creo que sí, que las situaciones que se daban en los cortijos se pueden encontrar ahora en cualquier acera», afirmó entre los aplausos del público.