El rodaje de ‘Sordo’ transforma Cantabria en el lejano Oeste

El equipo dio carpetazo el pasado jueves a seis semanas de grabación en escenarios de Campoo para contar una historia de maquis con estética de western

Una pausa del rodaje del filme, esta misma semana en Campoo, donde el actor Asier Etxeandia conversa con miembros del equipo técnico. / Alberto Aja
José Carlos Rojo
JOSÉ CARLOS ROJOSantander

El monitor de rodaje captura solo esa porción de la realidad que contiene la magia. Justo el tiro de cámara que protagoniza el intérprete vasco Asier Etxeandia, que caracterizado como maqui sostiene un rifle para disparar al vacío, en mitad del bosque. Solo eso se ve en la película. Fuera de cuadro, los operarios del equipo de fotografía sostienen los paneles para filtrar la dureza de un sol que calienta con fuerza en pleno otoño; los responsables de efectos especiales preparan el arma y los maquilladores retocan el último detalle para un primer plano del actor. Es toda la maquinaria que hace posible la magia de la pantalla, esa mentira que se ve en las salas de cine.

Para el equipo de ‘Sordo’ es el último día de rodaje con actores en tierras cántabras. Después de seis semanas de trabajo por diferentes localizaciones en exteriores, se pone fin a las secuencias grabadas en la zona de Campoo para plegar velas y continuar en estudio, en Madrid. «Nos vamos muy contentos con lo que hemos hecho. Creo que la película va a tener una fotografía impresionante y que va a funcionar muy bien», explica el director Alfonso Cortés-Cavanillas, ideólogo de esta adaptación al celuloide del cómic que logró el Premio Nacional en 2017 con Rayco Pulido y David Muñoz como autores.

«No es solo la historia de un huido de la guerra, habla de todos los que sufrieron en aquel entonces» Asier Etxeandia (actor)

Ambientada en 1944, la historia comienza cuando unos milicianos huidos al monte ponen una bomba que por accidente explota antes de tiempo. Uno de esos soldados, Anselmo, pierde las armas, su mochila y el oído. «Lo más complicado de interpretar a este personaje ha sido ponerme en la piel de alguien que ha perdido el oído. Al principio sentí miedo porque no sabía cómo iba a hacerlo. Sobre todo porque no se trata de contar una historia de un hombre en concreto, sino que estás narrando lo que fue la guerra y lo que pasaron quienes sufrieron como víctimas. Anselmo fue una víctima de la Guerra Civil», sostiene Etxeandia, que ha compartido reparto con Aitor Luna, Hugo Silva, Imanol Arias y los cántabros Jaime Martín y Ruth Díaz. «Ha sido muy fácil trabajar con todos estos profesionales y amigos. Siempre digo que los compañeros son el 75% de tu trabajo, y aquí ha vuelto a ser así», agrega el actor vasco.

Los detalles de maquillaje y vestuario se han cuidado con esmero.
Los detalles de maquillaje y vestuario se han cuidado con esmero. / Alberto Aja

Los rostros cansados del equipo reflejan en el set que han sido duras semanas de rodaje, de cambios en el plan de grabación por culpa de la climatología y de reinvenciones del concepto original con el que se había planteado la escaleta. «Ha habido que aprovechar los inconvenientes para que se convirtieran en virtudes», explica el responsable de producción, Jaime Martín. «Cuando llegamos al pantano del Ebro habíamos preparado las secuencias para un entorno con más agua;pero al final el director ha sabido aprovechar al máximo la sequía y ha logrado unos planos maravillosos de las grietas en la tierra seca».

«Campoo es un gran desconocido, tiene todas las localizaciones para rodar un western» Alfonso Cortés-Cavanillas (realizador)

La falta de lluvia ha servido para mejorar la estética de un proyecto que pretende emular los grandes westerns del celuloide. «Campoo es un gran desconocido. Aquí tenemos todas las localizaciones posibles para rodar y el western está ahí, solo hay que saber buscarlo», destaca el realizador de un proyecto que precisamente por eso se ha recreado en los espacios abiertos. «El retrato de la naturaleza se va a palpar en el filme».

Un rodaje duro

«Ha exigido mucho en el plano físico», confiesa el actor Aitor Luna. «Y montar a caballo ha sido estupendo. Al final de todos estos días creas un vínculo con el animal que es muy bonito, la verdad», explica el intérprete, que da vida al villano de la película. «Luego está la parte buena. El disfrute gastronómico que hay en Cantabria y lo bien que nos ha tratado la gente, que es de lo más acogedora que he visto en mi vida», confiesa.

Aitor Luna interpreta al villano de la película.
Aitor Luna interpreta al villano de la película. / Alberto Aja

Todas las localizaciones del filme son reales, salvo una. Una pequeña casa que el equipo construyó en mitad de un descampado y que simula en su fachada decenas de impactos de bala. Medio equipo se encierra allí y el otro medio aguarda afuera. Toca grabar un plano con efectos especiales. Etxeandia dispara desde el interior, a través de una ventana, y los cristales saltan por los aires. Hay que tomar precauciones para que nadie salga herido. Quienes están en el interior de la casa utilizan tapones para soportar el estruendo de las explosiones y desde fuera se aguarda con suspense. Se hace el silencio y después se escucha el grito: «¡Acción!». El petardazo sorprende incluso a metros de distancia, y mientras todo el mundo espera en silencio que todo haya ido bien, comienzan a oírse risas en el interior de la casa. El plano está perfecto y Asier Etxeandia sale a plena luz del sol para airearse porque el vestuario le asfixia.

«Lo mejor de Cantabria es el disfrute gastronómico y lo hospitalaria que puede llegar a ser la gente» Aitor Luna (Actor)

«Este personaje fue un desafío desde el principio porque no es un héroe. Es sencillamente un tipo como tú o como yo que se vio implicado en un conflicto sin quererlo. No está preparado para matar, y se sorprende a sí mismo cuando reacciona ante lo que le pasa. Él sufre con todo esto, como sufrió mucha gente en aquel entonces. Por eso sabía que quería hace esta película», sentencia el protagonista.

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