'Cuestión de tiempo' reúne la obra de Jose Ibarrola en una doble muestra

El artista en una muestra de 2016 / I. Pérez

El Espacio de Arte Contemporáneo de Reocín, desde hoy, y Garcilaso de Torrelavega, desde el día 21, reúne sus pinturas y esculturas en una aproximación al Quattrocento

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

«La pintura, para mí, es un ejercicio de memoria, el mensaje epistolar de un náufrago, nuestro pecio interno. Por eso valoro tanto cuando sé que la botella ha llegado a la orilla». Jose Ibarrola, hijo y heredero artístico del artista vasco Agustín Ibarrola, protagoniza una doble cita en el octubre expositivo a través de su creación en exhibiciones casi paralelas. A modo de doble muestra, el proyecto conjunto abre su primera cita hoy en el Espacio de Arte Contemporáneo de Reocín y, ya el próximo día 21, llegará el turno de Espacio Garcilaso de Torrelavega. En la cita que se inaugura hoy, a las 19.00 horas, se exhibirán pinturas en gran formato y esculturas y se podrá visitar hasta el próximo 2 de diciembre.

En esta primera propuesta con la colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Reocín el horario es de de 17.00 a 21.00 horas, de martes a sábado. La segunda entrega se celebrará en Garcilaso, con pinturas de mediano y pequeño formato.

«Como artista quiero saber dibujar, pintar, esculpir, generar espacios... No quiero tener cortapisas a la hora de generar cualquier proyecto». Estas palabras del artista presiden el espíritu de su doble presencia en Cantabria bajo el epígrafe 'Cuestión de Tiempo. Quattrocento'. Exposiciones individuales y colectivas de pintura y escultura, ilustraciones de libros, portadas, trofeos, cartelería, logotipos, diseño gráfico y de escenografía, o trabajos de dirección artística recorren la creación de Jose Ibarrola durante casi cuarenta años como creador. «En el Quattrocento hablaban de artífices politécnicos, una expresión perfecta para definir a los de nuestro oficio: personas que trabajaban indistintamente con la pintura, la escultura, la orfebrería, la arquitectura... Siempre he sentido la necesidad de expresarme a través de la imagen, de ahí que no vea la menor diferencia entre las distintas técnicas artísticas», confiesa.

En 1972 participó en una exposición colectiva, y a partir de entonces su obra se ha ido mostrando en individuales y colectivas. Ha realizado ilustraciones, escenografías y trabaja como director artístico para teatro, eventos, cine o televisión en numerosos espectáculos.

Su vuelta a espacios artísticos de Cantabria -en los setenta expuso en la histórica galería Trazos Tres- coincide con su desarrollo del proyecto sobre el Quattrocento: «En tiempos de zozobra y de crisis hay que pararse y mirar hacia atrás. Era una época fascinante, en la que surge el concepto de humanismo. O como dice Todorov, en la que mueren las alegorías y nace el individuo. Y he querido que sea un punto de encuentro entre la escultura y la pintura, reinterpretando a los artistas que van desde 1400 al 1500, una especie de revisión de lo que he hecho hasta ahora de la que estoy muy ilusionado».

Ibarrola (Bilbao, 1955) ha realizado en los últimos tres años este trabajo monográfico en el que establece una aproximación al Quattrocento desde la contemporaneidad del hecho artístico y cultural. En sus muestras ha reunido alrededor de 125 obras entre pintura, escultura y dibujo de pequeño formato. Autor de ilustraciones para artículos de las secciones de opinión, caso de El Diario, esta faceta supone una actividad en la que sigue «disciplinada y apasionadamente disfrutando del ejercicio que supone interpretar la realidad a través de una ventana, desde la que interrogo y propongo mi mirada».

Sus exposiciones en Reocín y Torrelavega, 'Cuestión de tiempo', son el fruto de «un cambio de impresiones». Un diálogo transversal planteado como «una confrontación entre esculturas y pinturas, entre su mutación dimensional y su variedad iconográfica, entre su permeabilidad temática y su relatividad temporal, un diálogo que bucea en las cambiantes aguas de la memoria discursiva». Cuadros de mediano y gran formato, obras sobre papel y esculturas integran sus exposiciones concebidas, dice Ibarrola, como una mirada al Quattrocento, «una reivindicación del artista politécnico, una aproximación al mundo renacentista, al mundo del nacimiento del individuo, que galvaniza las diferentes maneras con las que abordo mi trabajo creativo».

Ilustración

Entre sus juicios, una declaración relevante: «El trabajo de la ilustración me mantiene la mano y la mente ágiles, y me viene muy bien para el resto de mis facetas; pinto dibujando mucho, me gusta que haya un soporte de dibujo; y la escenografía me permite generar una atmósfera, ubicar espacialmente las cosas para crear la profundidad de campo necesaria». En su opinión, «vivimos en un país en el que apenas se reconoce al artista. Gastamos muy poco en lograr que el arte prospere. Incluso en términos de negocio social, es necesario cultivarlo. El arte se ha reducido a lo económico, a la especulación. Y ha dejado de tener la función social de otras épocas».

Jose Ibarrola, para quien «todo nutre a la experiencia, que es de la que me quiero alimentar», ha expuesto en el Museo de Arte de Durango, en la Galería Pintzel (Pamplona), Círculo de Bellas Artes, Biblioteca de Bidebarrieta (Bilbao), o Parco Nazionale delle Cinque Terre. MediterrArt.(Italia), entre otros espacios. «Experimentar con esa idea de lo común a partir de lo propio es como trabajar sobre lo universal a partir de lo local. Y reivindico la necesidad de narrar, emocionar y transmitir a través del arte. Generar una inquietud, placentera, reflexiva... Muchos de mis trabajos en prensa tienen ese objetivo: llevar al lector a reflexionar más allá de lo que diga el artículo que ilustran».

Ibarrola, que dio sus primeros pasos artísticos junto a su padre en una exposición en la galería Aritza de Bilbao, cultivaba el expresionismo y el arte povera. Desde mediados de los noventa se encauzan definitivamente los trazos y rutas del artista. Pintura y escultura forman parte de su nueva etapa y con el teatro y la ilustración busco la «necesaria complementariedad que ensamblen las caras poliédricas» de su expresión.

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