La danza contemporánea como herramienta de cambio

Destino Dance Company en una actuación en Addis Abeba. :/A. Baschieri
Destino Dance Company en una actuación en Addis Abeba. : / A. Baschieri

La santanderina Marta Romero forma parte de Destino, una compañía surgida en Etiopía, que desarrolla una labor artística y social

Rosa Ruiz
ROSA RUIZSantander

Hace ya tres años que Marta Romero Diego (Santander, 1980) dejó su trabajo en Etiopía para seguir con su formación y hacer un máster en Danza Movimiento y Terapia en la Universidad Autónoma de Barcelona. Convencida de que la danza es una herramienta «poderosa» para el cambio «tanto en lo personal como en lo social» ha regresado a Cantabria para poner en marcha y en su tierra su experiencia en Destino Dance Company, una compañía fundada en Etiopía por ella misma junto a Junaid Jemal Sendi y Addisu Demissie, bailarines y coreógrafos del país africano, y la cooperante suiza Claire Balbo. «Junaid y Addisu llevaban años pensando en crear su compañía para poder poner en marcha un programa de danza con niños de la calle. En 2011 nos conocieron a Claire y mi, que éramos alumnas de sus clases de danza en Addis Abeba, y les contagiaron con su idea. Después de mucho trabajo, en 2014, Destino Dance Company vio por fin la luz».

La labor de esa empresa es, por un lado, llevar a cabo una labor artística dentro y fuera de Etiopía como cualquier otra compañía de danza y, por otro, utilizar la danza como herramienta de transformación social. «Nosotros utilizamos la danza tanto para luchar contra el estigma de la discapacidad física o la enfermedad mental como para emponderar a los jóvenes a creer en ellos y labrarse un futuro. Cuando eres 'nadie' para el resto de la sociedad, el simple hecho de subirse en un escenario y ser visto y aplaudido puede producir un cambio en uno mismo de enorme magnitud», explica.

Ella, que estudió en Madrid traducción e interpretación completó su formación con idiomas y un master en Estudios de Desarrollo. Logró trabajo en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Ministerio de Asuntos Exteriores) donde ha trabajado durante nueve años y que la llevó, entre otros países, a Etiopía. Allí formó parte de esa empresa con la que sigue colaborando. Así, el pasado mes de octubre organizaron en Addis Abeba el primer festival de danza de la historia de Etiopía. «Fue la culminación de un programa financiado por la Unión Europea, Suiza y España, que duró más de un año». Ese programa les llevó por todas las regiones del país para poder documentar la danza tradicional etíope ya que hay más de 80 tribus distintas con sus correspondientes danzas y rituales, tal y como señala. «Además no había nada escrito o filmado al respecto».

La cántabra organiza un festival de danza africana que tendrá lugar el próximo verano en Santander

Su proyecto logró convencer a las gentes del país y el festival contó con la participación de más de 120 bailarines de cada región, junto con cinco compañías internacionales llegadas de Japón, Eslovaquia, Uganda, Tanzania y España. «De aquí tuvimos la suerte de contar con Kukai Dantza del País Vasco, ganadores de los premios Max en esta última edición», explica la cántabra.

Tras esa experiencia y ya en Cantabria, Marta Romero Diego, se ha unido a un grupo de coreógrafos y maestros que querían promocionar la danza en la región y establecer redes entre los profesionales, el teatro y el público. Así, en 2016 nació Movimiento en Red, que en tan sólo un año ha puesto en marcha, entre otros proyectos, un plan de formación en danza contemporánea, el festival de danza 'Cercanías' o un curso de historia de la danza entre otras actividades que realizan desde uno de los espacios que la Fundación Santander Creativa ofrece a los creadores de la región.

En un intento por unir sus dos mundo (Etiopía y España) está organizando un festival de danza y música africana que se celebrará durante el mes de junio en Santander y que contará con Junaid Jemal Sendo y Addisu Demissie, sus socios en Destino. «No será tan grande como el de Etiopía pero sí que será el primero de nuestra región».

¿Qué por qué tiene tanta confianza en que la danza puede ser una herramienta de transformación social? «Hace 25 años, Addisu Demissie y Junaid Jemal Sendi eran niños de la calle que se ganaban la vida de limpiabotas y vendiendo pañuelos de papel. Pero tuvieron la suerte de entrar en un programa de educación artística y formarse como bailarines profesionales. Después de cinco años pudieron viajar por todo el mundo y trabajar con algunos de los más prestigiosos coreógrafos internacionales. Pero lo que más admiro de ambos es que, a pesar del éxito cosechado internacionalmente y de haber tenido muchas ofertas para quedarse trabajando en compañías de danza extranjeras, siempre han querido volver a Etiopía y ofrecer a otros niños de la calle sus mismas oportunidades».

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