«Es falso que la RAE acepte la palabra crocreta»

José María Merino participó este jueves en el curso de la UIMP dedicado al cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón
José María Merino participó este jueves en el curso de la UIMP dedicado al cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón / María Gil Lastra

José María Merino Escritor y académico. «La literatura es el instrumento más perfecto que hemos inventado los seres humanos»

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

El escritor y miembro de la Real Academia Española (RAE) José María Merino (La Coruña, 1941), lector desde bien pequeño, es un gran conocedor del cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, protagonista esta semana del curso ‘Artes, Letras y Ciencias: creadores santanderinos. Mito y realidad en la obra de Manuel Gutiérrez Aragón’.

–¿Quién es Manuel Gutiérrez Aragón?

–Tengo la suerte de conocerle casi desde la adolescencia. Estudiamos juntos en Madrid y hemos compartido muchas vivencias tanto cinematográficas como literarias. En la Uuniversidad Internacional Menéndez Pelayo me he referido a los elementos literarios y ficcionales que hay en su obra. Su enfoque del mundo está muy marcado por los mitos y arquetipos. Me gusta su visión de ‘El Quijote’, porque su mirada a esta gran obra es muy renovadora, no solo cinematográficamente. De su obra se desprende que se ha leído la novela y ha reflexionado sobre ella de una forma moderna y Neoromántica.

–¿Qué destacaría de la figura de Gutiérrez Aragón?

–Hasta que punto es un hombre formado en la literatura y con el gusto de la literatura. Y cuando se convierte en cineasta, destaca el trasfondo de un gran narrador y lector. Es alguien capaz de narrar con la potencia de la literatura y la gracia del cine.

–Escritor y académico, ¿diría que hay un buen nivel de escritores hoy en España?

–Yo creo que en el mundo del relato corto hay un nivel estupendo y creo que el nivel de la literatura que hay en España no es inferior al que se hace en el resto de Europa.

–¿Cómo influyen las nueva tecnologías en la forma de escribir?

–No solo influyen en la forma de escribir, también en la de leer. Yo creo que la lectura ha sufrido un colapso y el sistema educativo está abandonado. Llevamos cinco años hablando de que hay que ponerse de acuerdo para hacer una reforma del sistema educativo y hoy la literatura y la lectura están peor. Las humanidades son fundamentales y las nuevas tecnologías, si fueran conscientes pensarían ¡que qué tontos son los seres humanos!, porque por las nuevas tecnologías estamos abandonando una vieja tecnología tan sólida como el libro y la lectura de palabras impresas. Y eso está ocasionando problemas de concentración que los vamos a pagar a medio y largo plazo.

–Sin embargo, los nuevos planes de estudio dejan de lado a las Humanidades.

–Sí y a la letra impresa en papel. La letra es ya una visión borrosa y tenemos que adaptarnos a esta nueva visión.

–El papel no muere.

–Eso espero. Yo leo cuentos de gente joven y se sigue escribiendo bien a pesar de todo.

–¿Usted cuándo comenzó a escribir? ¿Hubo un por qué?

–Me gustaba mucho leer y se me daba bien escribir, hacía buenas redacciones en el colegio. Después empecé a escribir poesía, que fue mi escuela o taller de aprendizaje y un día decidí pasar a la narrativa. Tengo libros inéditos y papeles escritos desde los 16 años, aunque mi primera novela la publiqué con 30 años, cuando ya era mayorcito.

–¿Qué le ha enseñado la literatura en su vida?

–La literatura es el instrumento más perfecto que hemos inventado los seres humanos para saber cómo somos, cómo nos comportamos y cómo es nuestro corazón. La literatura es precisamente esto y la gran psicología lo ha extraído todo de aquí. Como perdamos la literatura dejamos de saber quiénes somos.

«La lectura ha sufrido un colapso y el sistema educativo está abandonado. Las Humanidades son fundamentales»

–Sus inicios se enfocaron en la poesía, pero rápido comenzó a escribir novelas con notable éxito y tocó muchos otros estilos. ¿Cómo fueron esos cambios y dónde se encasilla hoy como escritor?

–A mí me gusta pasar del cuento a la novela y de la novela al cuento o al relato corto. La poesía me abandonó. José Hierro decía que la poesía le había dejado y yo digo que a mí me ha abandonado totalmente.

–¿Por qué?

-Porque llegó un momento en el que ya no le gustaba.

–¿Cree que los móviles y el whatsapp perjudican a la escritura?

–Se está perdiendo léxico a velocidad de vértigo, cada vez se escribe peor y se está perdiendo Gramática y ortografía... Aquí hay un proceso de analfabetización vigoroso, veloz y grave.

–Usted ocupa en la Real Academia de la Lengua la letra ‘M’ ¿cuál ha sido su mejor momento como académico?

–Ocupo la letra ‘M’ minúscula. La Real Academia se creó hace más de 300 años y ha generado momentos muy buenos. Respecto a los míos, yo creo que el mejor momento fue el primer encuentro con la academia. Descubrir lo que era y lo que se hacía. Otro de los grandes momentos es cuando nos reunimos en comisión para hablar de palabras. Yo estoy en la misma comisión que Manuel Gutiérrez Aragón. Esas casi dos horas que dedicamos a vernos y hablar de las palabras son el mejor momento en la academia. Son momentos en los que hablamos de las palabras, las revisamos y vemos cómo han envejecido y han cambiado sus sentidos.

–¿Y cuál sitúa como el peor momento en la Real Academia Española?

–Cuando hablamos de presupuesto y nos dicen que andamos muy mal de dinero, que estamos fatal y que no hay dinero para comprar nuevos equipos, que son muy necesarios para hacer nuestro trabajo. En ese momento es cuando lo vemos todo muy oscuro.

–No puedo dejar pasar este momento sin preguntarle por algunas palabras mal dichas que se han incluido en la RAE como almóndiga, toballa o asín.

–(Ríe). Vamos a ver, aquí se ha creado un estereotipo. Almóndiga es la palabra original, porque viene del árabe, pero hoy en día es un error decir almóndiga. Pero si un noruego consulta el diccionario porque ha leído almóndiga en algún lugar, tiene que saber qué es. Y junto a la palabra almóndiga encontrará vulg que quiere decir vulgarismo, que no se debe decir y a su lado aparece albóndiga. Seamos justos con el diccionario. Las palabras que se reiteran y están vivas, nosotros tenemos que incorporarlas y marcamos para decir que la palabra existe, pero ¡ojo! no se debe decir, que la forma correcta es esta otra. Cuando las palabras se repiten mucho, el diccionario debe orientar a la gente para que sepa que existe, pero así no se dice y poner la expresión correcta.

–Si seguimos admitiendo ese tipo de palabras mal dichas, al final el castellano se resiente, ¿no lo cree así?

–No, no. Por ejemplo se ha dicho que hemos aceptado la palabra crocreta y eso es falso. A veces corren bulos que no son verdad. Pero lo que recomiendo es leer la marca, porque si al lado de la palabra aparece vulg, es que está mal dicha y no se debe decir así. Ahora estamos pensando en cómo modificar las marcas para hacerlas más expresivas y cuando una palabra está mal dicha que la persona cuando consulta el diccionario lo sepa, que aparece porque mucha gente la utiliza, pero está mal dicha.

«La tecnología y el abandono de la lectura generará problemas de concentración a medio y largo plazo»

–¿Qué proyectos tiene ahora a la vista?

–Estoy preparando una recopilación de cuentos del profesor Souto, que se me ha aparecido en varias ocasiones, que se titulará ‘Aventuras e invenciones del profesor Souto’. La idea me la propuso la profesora Ángeles Encinar y al final lo hemos hecho.

–Si tuviera que elegir un escritor, ¿Cuál me dice?

–Es tan difícil... Una vez me propusieron dar varias conferencias sobre los diez mejores libros de mi vida y, al final, me dijeron, Merino siempre hablas de diez libros diferentes. ¡Hay tantos buenos escritores en mi memoria de niño! Empezaría por Johanna Spyri, la autora de Heidi, seguiría por Robert Louis Stevenson o Mark Twain y Benito Pérez Galdós, Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Y que hago con Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro o Pablo Neruda? No puedo escoger un solo nombre. Bueno, si tengo que decir uno sería Cervantes porque si en su momento hubiera existido el Premio Cervantes a él nunca se lo hubieran dado, bromea.

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