La habitabilidad de la feria

El stand Josédela Fuente acoge una instalación del proyecto 'Más peso' de Ion Macareno.
El stand Josédela Fuente acoge una instalación del proyecto 'Más peso' de Ion Macareno. / D. Pedriza

Las galerías presentan proyectos de Manuel Diego Sánchez, Víctor Alba, Guillermo Oyágüez, Ion Macareno, Rafa Macarrón y Xesús Vázquez Un paseo por las seis propuestas cántabras en una edición que aumenta su carácter acogedor

GABRIEL RODRÍGUEZ

Artesantander consolida su forma de ser, su vocación como feria cercana en la que el visitante, el conocedor, puede tener una relación particular, reservada, con cada uno de los proyectos. También cómo feria articulada con el coleccionismo, gracias al simposio que acoge la UIMP organizado por la Asociación de Coleccionista de Arte Privado 9915 y dirigido este año por Rosina Gómez-Baeza. Y con el entorno de la ciudad por medio del programa 'Visiones Urbanas', la conexión exterior.

En esta ocasión, son seis las galerías de Cantabria entre las cuarenta y dos que componen Artesantander. El programa 'Solo Proyects', un solo artista, un solo proyecto por cada galería, hace la feria más habitable, más reposada, atractiva, paseable. Y, a la vez, permite profundizar en cada uno de los proyectos, haciéndola conceptualmente más coherente.

Una de las notas a destacar es la presencia de los espacios complementarios, la ampliación hacia un lugar de arte relacional, que sirve para darle una mayor proyección y para aumentar su habitabilidad, su carácter acogedor. El estand del Cabildo de Lanzarote presenta una espectacular instalación de Roberto Camacho: grandes cabezas de niños, de hombres africanos, amontonadas, grabadas con un sello que contiene unos números heladores. Organizada por el Instituto de Estudios Baleares, 'La marca invisible' es el título de la muestra comisariada por Mónica Álvarez Careaga en el territorio del dibujo considerado en su campo expandido. La Librería Gil se ha esforzado por presentar una generosa selección de libros de arte. Carmen Alonso se ha decantado por piezas de coleccionista, libros objetos, libros de autor. Además, está presente la pequeña editorial cántabra Nocapaper con sus esmerados diseños. Y, en un rincón abierto, accesible, un lugar para los encuentros, debates, entrevistas, mesas redondas en las que participan los actores del mundo del arte, los artistas, comisarios, galeristas, coleccionistas. Todo ello como un conjunto de ofertas que, además de una finalidad de promoción e intercambio, de apertura, sirve para incrementar la habitabilidad ya mencionada de la feria.

La galería Espacio Alexandra presenta el proyecto 'Promised Land', de Manuel Diego Sánchez (Madrid, 1993), una serie de collages fotográficos dedicados a los temas de la memoria y el desarraigo. Son imágenes que remiten a la frontera, a la necesidad de la migración, al cambio en el perfil del horizonte y a cómo ese cambio afecta el perfil de la vida. Los rostros de los personajes aparecen recortados por una figura geométrica que los une, que les da universalidad. El paisaje es el de los pioneros, el de los que necesitan seguir un impulso hacia lo desconocido, presentado desde la ambigüedad de unas figuras difusas que dejan ver el granulado propio de las fotografías de prensa. Del mismo modo, sus protagonistas conservan, o van perdiendo, las imágenes de la tierra de la que partieron, del suelo como lugar para el desarraigo.

Víctor Alba (Salamanca, 1986) presenta el proyecto irónicamente titulado 'Las segundas partes nunca fueron buenas' en la galería Espiral de Noja. Los antiguos cuadros han sido cuidadosamente troceados, cortados en tiras que, una vez apiladas, dan forma, por acumulación de sus perfiles, a nuevas obras. Son 'Estratigrafías' que nos hablan de lo superficial y de lo profundo, de la piel que esconde y revela al organismo, del devenir, del paso del tiempo y los estratos acumulados, de los sedimentos de los trabajos realizados, de los paisajes perdidos. En las piezas horizontales, la acumulación azarosa de los restos laterales de cada cuadro le da a la nueva obra un carácter de tapiz, de tejido, semejante a las jarapas o a los patchwork. Las verticales, en cambio, tienen un sentido más escultórico, remiten a escenas de pequeñas estanterías, al cuerpo de los libros. Siguiendo el mismo concepto de reciclaje, los dibujos están delicadamente compuestos a partir de las tiras de papel que han quedado tras pasar antiguos dibujos por una máquina de destruir documentos.

Estela Docal nos ofrece el proyecto '14 años después' de Guillermo Oyágüez Montero (Málaga, 1970), una serie de óleos que, como el mismo título sugiere, tiene un sentido autobiográfico. Son nocturnos en los que la iluminación residual ha alterado los colores de las cosas. Una caravana aparcada en un claro del bosque, integrada en la naturaleza, cubierta por el juego de luces y sombras que proyecta el enrejado de los árboles, rodeada de silencio. Escenas deshabitadas, románticas, de paisajes de sombras verde-azuladas y claros muy fríos. Es una obra fijada en la memoria, como recordatorio, como huella mnésica. Las pinturas horizontales, partidas por las líneas de la carretera, tienen vocación abstracta: un incidente, una rugosidad, centra la atención sobre un fondo abierto.

Una sola instalación, un gran expositor, una grada, transforma el espacio de la galería JosédelaFuente, tomada por el proyecto 'Más peso', de Ion Macareno (Bilbao, 1980). Los itinerarios, la interacción con el espacio urbano se prolonga en una reflexión sobre el espacio público de la galería. La obra provoca la integración del visitante a partir de la idea de que es el individuo en sus trayectorias el que configura el entorno. Sobre el expositor y delante de él, elementos constructivos, piezas de un laboratorio de experimentación de materiales, ensayos, configuraciones. Y un vídeo de colores saturados en el que un replicante verde evoluciona en un espacio en transformación. El cuerpo cambia, busca la parte obscura, se adapta, sufre y genera derivas.

La obra de Rafa Macarrón (Madrid, 1981) se esparce y multiplica por la galería Juan Silió, incluso por el interior de cada pieza. Un gran políptico lleno de personajes desaforados, sobre 60 soportes volumétricos, cubre la pared del stand. El fondo, de color tan ácido como las formas de los seres que lo habitan, aparece como lugar para la escritura de mensajes, anotaciones, esquemas, dibujos, como muro lleno de graffitis. Son figuras de diseño primitivo a la vez que extraordinariamente sofisticado, formas fuera de la norma que han crecido en incidentes, en detalles precisos que se reproducen llenando todo el espacio sobre la única referencia de alguna línea de tierra o de un diedro habitable. Hay un constante juego en el detalle, en el collage, en la miniatura. Transmite una gran libertad, una falta de moderación irónica, que recuerda a Dubuffet, a Matta. Personajes muy humanos, muy desnudos, muy débiles, inscritos en escenas unitarias a pesar de la pérdida de referentes de un mundo caótico, viven entre juegos, sueños, fantasía, humor.

La galería Siboney presenta una selección de obras de Xesús Vázquez (Orense, 1946) reunida bajo la reivindicación del arte como forma de pensamiento. En el fondo un gran cuadro, 'Exterior ¿noche?', en el que vemos delineado el paisaje del fiordo en el que tenía su solitaria cabaña Wittgenstein, solo accesible desde el mar. En la parte superior, rotulado a puntos, un texto especular formado por citas extraídas del Tractatus. El escenario, el exterior para pensar, para acceder al mundo interior de la lógica radical, para poder jugar su partida secreta de ajedrez con las palabras. A los lados, obras de la serie 'Los nombres de dios', dípticos, formados por una fotografía y un rayograma, en los que se pueden leer invertidos los nombres propios de Durero, Botticelli, Velázquez, Monet. Un animal, un león, un antílope, unas cebras, un elefante, da corporeidad, simbolismo secreto, a las deidades. Por último, una bolsa con semillas del diablo dedicada a 'El ocaso de los dioses'. Es una obra encendida, rodeada de mitos, de fuerza romántica, de mirada radical al exterior de la noche, a los límites de lo conocido.

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