«Johnny Hallyday descubrió el rock and roll a todo un país»

Felipe Cabrerizo retrata a Hallyday en un nuevo libro que se presenta hoy en el marco de la Feria del Disco . /DM
Felipe Cabrerizo retrata a Hallyday en un nuevo libro que se presenta hoy en el marco de la Feria del Disco . / DM

El autor de 'Johnny Hallyday. A toda tralla', Felipe Cabrerizo, presenta esta tarde en Santander la primera biografía en español sobre uno de los rockeros más importantes del mundo

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Felipe Cabrerizo ha dedicado dos años de su vida a Johnny Hallyday. El tiempo que ha invertido en dar forma a la primera biografía española del astro rockero francés por antonomasia. Un libro que finalizó la misma noche que moría el cantante. Porque todo en la vida de esta excesiva y explosiva persona, dotada de una voz y una imagen inconfundibles, parece parte de una película. Cabrerizo presenta hoy, a las 19.00 horas 'Johnny Hallyday. A toda tralla' (Expediciones Polares, 2017), en el hotel NH el Paseo Menéndez Pelayo, dentro de la programación de la Feria del Disco y el Coleccionismo.

- «Un país entero acaba de descubrir el rock and roll», dice al inicio de su libro. ¿Hasta ese punto llegó la importancia de Johnny Hallyday o es parte de la épica literaria?

-La ventaja de escribir un libro como éste es que no tienes que añadirle ninguna épica, la que aporta el biografiado es más que suficiente. No, no es ninguna exageración. En el año 1960 Johnny aparece en 'L'École des vedettes', una especie de OT de aquellos años. El rock and roll era algo impensable en la Francia de aquel momento y de hecho pocos días antes, unos asistentes a un cabaret parisino en el que actuaba se quejaron al propietario porque creían que no era buena idea permitir subirse a discapacitados al escenario. En un momento en el que sólo existía una única cadena de televisión en Francia, la aparición de un chavalito de dieciséis años haciendo rockabilly ante un público masivo supuso, aparte de un escándalo notorio, el primer contacto con el rock and roll de todo un país.

«Fue una película de Elvis la que le hizo comprender lo que quería hacer en la vida»

-Para que el lector que no conozca a la figura, ¿con qué artista español podría equipararlo?

-Es imposible encontrar un paralelismo de Johnny no ya con un artista español, sino con cualquier artista occidental. Su presencia en la Francia de la segunda mitad del siglo XX, la longevidad de su carrera, la conexión con su público, su capacidad de hacer evolucionar su carrera a golpe de pura intuición, lo terminaron convirtiendo en un auténtico símbolo nacional. Se ha dicho muchas veces que la versión española de Johnny fue Miguel Ríos, pero creo que es una comparación apresurada, movida por la similitud de edad y porque Miguel Ríos lo versionó con cierta frecuencia. A lo mejor es más atinado buscar paralelismos con otros dos músicos españoles, Bruno Lomas y Loquillo.

«El cine era su vocación»

–Como era habitual en aquella época, compaginó música y cine, pero, fue relevante en ese campo?

–Sí, aunque sólo lo consiguió a edad avanzada. Johnny siempre estuvo enamorado del cine y desde muy joven quiso actuar, su auténtica vocación. De hecho, debutaría en el cine siendo un adolescente en ‘Las diabólicas’, el clásico de Clouzot. Pero no le resultó fácil encontrar papeles que no fueran de músico, cosa de la que quería escapar a toda costa.

–¿Lo consiguió?

–La oportunidad no le llegaría hasta los años ochenta, cuando ya divorciado de Sylvie Vartan se empareja con Nathalie Baye y ésta le presenta a Godard, q ue le propone el papel principal de su siguiente película, ‘Detective’, un proyecto completamente al margen de su imagen pública que como tal le fascinó. Fue su primer gran éxito como actor que le abrió la puerta a futuros trabajos con directores de primera línea como Costa-Gavras, Patrice Leconte, Claude Lelouch o Johnnie To, con quienes conseguiría situarse pasados los cincuenta como un referente del cine francés y estuvo a punto de dar el salto a Hollywood con proyectos de Tarantino o los hermanos Coen que nunca se materializaron. Pero sí cumplió con un sueño: conocer a uno de sus grandes referentes, Clint Eastwood, a quien entregaría un premio en Cannes y llegaría a emocionar con su discurso. Supongo que provocar las lágrimas a alguien como Clint Eastwood es un logro sin parangón posible.

-Con 17 años, Hallyday pasa de ser un desconocido a una estrella que abarrota escenarios. ¿Hasta qué punto fue determinante este comienzo en su carrera posterior?

-Fue fundamental porque Johnny, que provenía de una familia de cómicos de la legua, encontró rápidamente su espacio natural, el único que concebía en su cabeza y el único en el que se sabía mover. Johnny no sólo descubrió el rock and roll a su país, sino que este salto le hizo inventarse lo que era una rock star. Estamos hablando del año 1960, los Beatles y los Stones no existían todavía y lo más cercano que podía encontrarse era Elvis, una figura conocida en Europa, pero cuyos ecos llegaban de manera un tanto brumosa al continente. Todo estaba por hacer y fue él quien lo inventó.

-¿Había diferencia entre persona y personaje o eran todo uno?

-Nunca se creó un personaje. Uno de sus grandes puntos fuertes fue su capacidad de entrega sin límites. Podía acertar o equivocarse, pero siempre creyó a fondo en lo que hizo y convirtió sus conciertos en una especie de rituales de comunión con su público sin parangón posible en ninguna figura de la música occidental. Con este parámetro como punto de partida, su persona era tan sumamente excesiva que nunca necesitó enmascararse tras un personaje.

-Desde sus inicios parece tener claro hacia dónde quiere dirigir su estilo y, sin embargo, siempre pareció estar fuera de lugar en cuanto a épocas y lugares. ¿Lo ve así?

-Sí y no. Por un lado, él siempre tuvo claro que su camino era el de ser un rocker furibundo, pero sí estructuró su carrera. No es casual que el que terminaría siendo su último disco, 'De l'amour', fuera un álbum orientado hacia el rockabilly más puro, pese a que Johnny tuviera ya 72 años. Pero a Johnny siempre le pesó su terror a perderlo todo y a regresar a la indigencia que había conocido siendo un crío y entendió rápidamente que debía ceder de vez en cuando a la voluntad de su discográfica si quería mantenerse en pie su carrera.

Infancia y muerte

-¿Qué supuso ese miedo de la infancia?

-Le hizo reorientar sus pasos musicales en varias ocasiones y no siempre con acierto. Estamos hablando de una carrera larguísima, de cien discos y casi sesenta años. Trufada de momentos en los que los problemas personales, económicos y, sobre todo, de drogas le hicieron dar muchos pasos en falso. Aun así su capacidad para estar en primera línea musical y descubrir al mundo francófono varios géneros e ideas musicales que acababan de aparecer en las islas británicas o en Estados Unidos fue realmente brillante.

-Esa elección estuvo marcada fundamentalmente por las figuras americanas. ¿Existiría Johnny sin Elvis?

-No, en absoluto. En 1958 pasó por delante de un cine de barrio y se topó con una película de la que no había oído hablar pero que a juzgar por los carteles parecía un western, su género favorito. Cuando entró en la sala se encontró con que la película era 'Loving You', una de las primeras cintas de Elvis, y lo que allí vio le hizo comprender qué es lo que quería hacer con su vida. El impacto que le causó Elvis fue inmenso, sólo comparable al que sintió cuando unos años después se encontró a un guitarrista desconocido en un pub de Londres y lo embarcó rápidamente en su siguiente gira. Era Jimi Hendrix, que debutó con la Jimi Hendrix Experience como telonero de Johnny en su gira francesa de 1966.

- También le marcó la falta de una figura paterna, ¿no es así?

- Sí, la ausencia de su padre fue una herida abierta que Johnny no consiguió cerrar nunca. Bohemio de manual, pionero del surrealismo en Bélgica, hombre sin ninguna vocación paternal y alcohólico en segundo grado, el padre de Johnny desapareció muy temprano de su vida y de manera cruel: un día su mujer llegó a casa y se encontró al niño solo, desnudo, tumbado sobre una manta. Se decidió a esperar a su marido para ir a denunciar el robo, pero cuando con el paso de las horas vio que éste no regresaba entendió que había sido él quien se había llevado todo para correrse una gran juerga con su amante del momento.

- Pero volvió a aparecer tiempo después

- A partir de entonces el padre de Johnny sólo reapareció para hablar mal de su hijo en entrevistas pago mediante. Johnny intentó reconciliarse con él muchas veces a lo largo de su vida, pero éste sólo se acordaba de su hijo cuando había facturas por pagar. Aun así, fue Johnny quien se ocupó de todos sus gastos e incluso quien pagó su tumba cuando falleció para evitar que fuera enterrado en una fosa común. Un entierro al que, por otra parte, fue el único asistente.

- Este libro, al igual que los anteriores, recoge una ingente labor de documentación. ¿Cómo ha afrontado esa parte del trabajo?

- Pues con muchísima paciencia pero también con gran expectación. Sí que es una labor ingente: Johnny ha sido una presencia continua en los medios de comunicación franceses durante más de medio siglo, y ello se añaden un centenar de biografías y una cantidad enorme de libros que hablan de él de manera más o menos directa. No es sencillo manejar toda esta información, pero al mismo tiempo buscar las declaraciones de Johnny en los medios es la manera directa de ir comprendiendo de primera mano su historia y sus movimientos, bien por lo que cuenta bien por lo que oculta o transforma.

- El momento en el que terminó este libro incluye una anécdota casi surrealista. ¿Podría compartirla con los lectores?

- En otoño fijé con mi editor el 7 de diciembre como fecha de entrega para poder llegar a tiempo a la presentación, que teníamos ya marcada desde hacía tiempo. Decidí por lo tanto concluir el libro el día 5, para tener un día de última revisión antes de enviarlo a maquetar. Y fue esa misma noche, mientras daba los últimos retoques al libro, cuando murió Johnny, cosa que me pilló por sorpresa porque aunque estaba en contacto con su entorno más cercano y me habían hablado de los problemas de salud, Johnny había escapado a la muerte varias decenas de veces y tenía prevista una gran gira de estadios para este año con la que celebrar su 75 aniversario. Ninguno de nosotros pensábamos que esto no fuera a ser una falsa alarma más. Pero desgraciadamente nos equivocamos.

- ¿Qué supuso para usted su muerte?

- Un disgusto grande, muy grande. Johnny era una presencia continua en mi vida desde hace décadas, y saber que mientras yo hacía mis pequeñas cosas cotidianas él estaba planificando nuevos discos, giras mastodónticas y conciertos en portaaviones y que pronto vería todo aquello con mis propios ojos me resultaba un motor estupendo. Si esto me sucedía desde hacía tiempo, el que la muerte llegara después de estar dos años enteros dedicado completamente a Johnny, a verlo y escucharlo todo, a pensar en cada uno de sus movimientos y a punto de conocerlo en persona para entregarle en mano el libro, cosa que habíamos previsto para abril, hizo que la desaparición me resultara más difícil de asumir.

- Sentimientos encontrados al tener su obra recién terminada

- Si, luego estaba el problema añadido de que de repente había tenido lugar el final de la historia con el libro ya concluido… Pasé un par de días muy triste y muy incómodo, leyendo la inmensa cantidad de noticias que surgieron tras su muerte y siguiendo todos los pasos de aquel funeral casi de Estado que se le preparaba. Fue una situación de atasco que se despejó tres días después, en el momento del funeral parisino:

- ¿Qué ocurrió?

- Hubo un momento que para mí tuvo algo de mágico, cuando al concluir la ceremonia Sylvie Vartan, su gran amor de juventud y a la que Johnny siempre estuvo muy unido pese a sus altibajos sentimentales y su sonado divorcio, se acercó al féretro blanco de Johnny y lo besó como despedida definitiva. Ver esta imagen que no era sino el fin de toda una etapa me hizo cerrar a mí también este capítulo y me permitió entender qué es lo que había que modificar en el libro y cuál iba a ser el nuevo final.

- Si tuviera que elegir una de sus etapas musicales, ¿cuál sería?

- Johnny ha cambiado mucho de estilo musical a lo largo de las décadas y en todas ellas se encuentran discos excelentes y canciones memorables, aunque en algunos momentos haya que buscarlas con un candil de aceite en la mano. Pero si hay una etapa que a mí me fascina es indudablemente la que abre en la segunda mitad de la década de los 60: Johnny se ha convertido en una estrella internacional, tiene presupuesto holgado para trabajar sin prisas en los estudios londinenses y en sus discos se rodea de lo mejor de la música anglosajona.

-Ponga nombres a ese “lo mejor”

- Por las sesiones de grabación de esos años se pasan los Small Faces, Jimi Hendrix, los Beatles, Jimmy Page, Otis Redding o los músicos de Aretha Franklin o los Rolling Stones, y todo ello sin olvidar que su banda de apoyo, los Blackburds, liderada por el futuro fundador de Foreigner Micky Jones, es una de las bandas de sonido más sólido de los 60. Es inevitable caer fascinado ante unas grabaciones absolutamente bigger than life en las que el rock’n’roll se mezcla sin ningún tipo de pliegue con la psicodelia, el hard rock, el folk e incluso unas pizcas de progresivo. Son grabaciones imparables.

- ¿Y podría quedarse con una única canción?

- Difícil, porque son más de mil temas y muchos de ellos han sido fundamentales en mi vida. Pero estoy obligado a quedarme con À tout casser, que para algo le he robado el título para dar nombre al libro: una grabación furiosa picada por la psicodelia, con Jimmy Page a la guitarra y un estribillo (J’arrive à tout casser, Voy a toda tralla) que es una de las cumbres del macarrismo de Johnny.

- Su vida personal fue tan tumultuosa como la musical. ¿El escenario fue siempre lo primero?

- Sí, salvo los ultimísimos años de su vida, en los que decidió dejar de pisar el acelerador sólo a ratos, Johnny se encontró muy joven con el éxito y entendió que para él el escenario y su público iba a ser siempre lo que iba a estructurar su vida. Fue una decisión que llevó a cabo hasta sus últimas consecuencias y que condenó la relación con su hijo David y con Sylvie Vartan, que optó por el divorcio tras quince años en los que nunca consiguió calmar a Johnny ni encauzarlo hacia una vida familiar que ella tanto deseaba. Es una decisión difícil de comprender, pero también es cierto que la propia desestructuración familiar en la que Johnny vivió toda su infancia y adolescencia no le ayudó a crear las bases de una familia estable, cosa que en ocasiones deseó a toda costa pero que no supo cómo hacer hasta bien pasados los cincuenta años.

Compañeros de viaje

- Entre las dedicatorias del libro están Loquillo, Igor Paskual y Laurent Castagnet. ¿Por qué?

- Desde que comencé la redacción del libro tuve claro que para que éste llegara a buen puerto iba a tener que hablar con Loquillo, único músico español no ya que haya grabado con Johnny sino con el que mantuvo amistad. No es difícil ver en los discos del Loco su admiración por Johnny, e intuía que su acercamiento a él no debía ser muy distante del que había tenido yo mismo. El Loco me recibió en Zaragoza, donde estaba ensayando con su banda la última tanda de conciertos de su gira de 2017, y no sólo todo lo que me contó cubrió de sobras mis expectativas, sino que me presentó a su guitarrista, Igor Paskual, y a su baterista, Laurent Castagnet. Igor había descubierto a Johnny cuando fue con el Loco a París a verlo en directo en el año 2003, y Laurent, al ser francés, no es que conociera a Johnny perfectamente sino que había comenzado a aporrear la batería siendo un crío con unos botes de detergente con los que hacía 'Oh! Ma jolie Sarah'. Poder hablar con detalle de la figura de Johnny con tres músicos de ese nivel que lo habían conocido de cerca y que habían tenido un acercamiento muy diferente a su trabajo me ayudó mucho a orientar definitivamente el libro.

- Serge, François, Johnny. ¿Quién vendrá después?

- No te lo puedo decir porque no está decidido todavía. Yo estoy trabajando en un nuevo libro que tengo ya empezado, pero no sé lo que tardaré en concluirlo porque son procesos que siempre se pueden enredar y además hay que conjugarlo con otras cosas que permitan pagar las facturas de Iberdrola. Pero lo que quiero realmente que sea la nueva entrega de Libros Psycho Beat! es una traducción de una joya que hizo en los sesenta una primera figura del arte mundial, desconocidísima en España, que creo que va a sorprender a todo el mundo. Veremos si podemos llevarlo a cabo.

- Expediciones Polares es su partenaire en este viaje. ¿Qué implicación tienen en el resultado?

- Expediciones Polares ha sido una pieza clave para poder poner en marcha la colección Libros Psycho Beat!, por supuesto. Entrar en contacto con esta editorial (y con el Festival Dock of the Bay, tercera pata de este asunto) fue fundamental para ponerla en pie, para encontrar unos cómplices en una aventura tan loca como ésta y sobre todo para ofrecer unos libros excelentemente editados, con tapa dura y un papel exquisito, que hicieran a los lectores pensar que se llevaban no sólo un buen texto sino un objeto que merece la pena tener.

- ¿Poner el punto final le produjo satisfacción o nostalgia?

- Sobre todo mucha tristeza. En primer lugar por la muerte de Johnny, que como comentábamos, coincidió con el final del libro y se solapó con todo, claro. Pero además me encontré con un segundo duelo imprevisto: darme cuenta de que cerrar la redacción del libro suponía que seguiré escuchando con frecuencia los discos de Johnny, de que volveré a ver sus películas muchas más veces, pero también de que nunca más voy a tener la oportunidad de dedicar años de mi vida exclusivamente a Johnny, como he hecho estos dos últimos. Y fue algo que viví con gran pena, porque ha sido un proceso que he disfrutado una barbaridad.

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