Lafuente, más latinoamericano

Marianne Gast, Mathias Goeritz trabajando en su serie Open Mind and Empty Head, 1950-1951. /Archivo Lafuente
Marianne Gast, Mathias Goeritz trabajando en su serie Open Mind and Empty Head, 1950-1951. / Archivo Lafuente

El Archivo santanderino, tras adquirir en México el fondo del impulsor de la Escuela de Altamira, refuerza sus conjuntos relacionados con la escritura experimental | La incorporación de cerca de 2.000 items, entre obra original, fotografías, carteles, manuscritos, correspondencia y documentos, supone una aportación de primera magnitud

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Protagonista de una «revolucionaria» aventura creativa en la que «combina la definición del arte con su construcción»; creador complejo y polivalente; «esponja» de las vanguardias históricas; precursor del minimalismo y del arte imbricado en el paisaje, Mathias Goeritz (Danzing, 1915 - Ciudad de México, 1990) abrió nuevas sendas con su concepto de «arquitectura emocional» que aplicó a las muchas disciplinas que practicó. Goeritz, «domador de emociones», fue objeto de reivindicación hace apenas tres años por parte del Museo Reina Sofía en una muestra que ya contó con la colaboración del Archivo Lafuente. La seminal obra de un artista, considerado «una figura esencial para entender que en el arte del siglo XX hay muchas modernidades, y no solo una» ,como señaló en su día Manuel Borja-Villel, director del museo Reina Sofía.

Recientemente el Archivo Lafuente volvió a dar otro paso histórico que refuerza sus señas de identidad, valor y coherencia, al sumar a su ingente construcción: el Archivo de Mathias Goeritz, poeta, historiador del arte, escultor y pintor. El pasado mes de julio se materializaba la adquisición en la capital de México del fondo del intelectual de origen alemán que, tras la Segunda Guerra Mundial, se estableció en México después de pasar por Marruecos y España, e impulsar en Santillana del Mar la Escuela de Altamira.

En datos

Origen.
México. Cronología del archivo: 1933-1999. Compuesto por: obras originales, fotografías, carteles, manuscritos, correspondencia y una variedad de documentación. Total: 2000 ítems.
Mathias Goeritz.
(Danzing, 1915 - Ciudad de México, 1990), poeta, historiador del arte, escultor y pintor de origen alemán que, tras la Segunda Guerra Mundial, se estableció en México después de pasar por Marruecos y España, e impulsar en Cantabria, más concretamente en Santillana del Mar, la Escuela de Altamira.

El Archivo de Goeritz está configurado por cerca de 2.000 items, entre los que se encuentra obra original, fotografías, carteles, manuscritos, correspondencia y una variedad de documentos de muy distinta índole relacionados con su vida creativa y personal. Las obras y documentos que forman el Archivo comprenden un periodo temporal que va desde 1933 hasta 1999, es decir, nueve años después de la muerte de Goeritz.

El grueso de los fondos corresponde a los años cincuenta, sesenta y setenta del pasado siglo, y fundamentalmente hace referencia a sus principales proyectos: El animal del Pedregal, el Museo Experimental El Eco, El laberinto de Jerusalén, el Espacio escultórico, o las Torres de Satélite.

Esta incorporación viene a enriquecer de forma significativa el fondo de Goeritz que ya existía en el Archivo santanderino, así como refuerza los conjuntos relacionados tanto con la Escuela de Altamira como con escritura experimental internacional. Debido a la «calidad y singularidad» de sus materiales, la ligazón de Goeritz con los fondos Lafuente supone «una aportación de primera magnitud que refuerza y enriquece algunos de los fondos ya existentes en el archivo santanderino (por ejemplo, los referidos a Escuela de Altamira), y potencia de forma muy significativa una de las áreas del archivo con más peso específico y proyección: la de los fondos latinoamericanos».

El nuevo archivo, sumado ya a los fondos de Lafuente, se estructura en dos grandes apartados atendiendo a la naturaleza de los documentos y trabajos que lo conforman.

Por un lado, están las obras originales de Goeritz y aquellos trabajos que se relacionan con la poesía concreta y, en general, con la escritura experimental. Este primer apartado está integrado por más de medio centenar de dibujos, intervenciones en cartulinas, diseños, telas bordadas, composiciones, proyectos de poemas y anotaciones manuscritas. De entre todo este conjunto destacan cuatro obras originales de Goeritz: una escultura de la serie Open Mind and Empty Head; uno de sus Mensajes y, por último, un gouache sobre papel y una obra realizada con técnica mixta sobre yute (¿1948-1949?), ambas piezas relacionadas directamente con la Escuela de Altamira.

Documentación

Por otro lado, existe un bloque que podría definirse genéricamente como de 'Documentación', que está configurado por un muy numeroso y heterogéneo cúmulo de material documental.

En este apartado figuran manuscritos autógrafos y manuscritos mecanografiados (poemas, apuntes, cartas y postales, etc.), fotografías familiares, artículos de prensa, notas sobre exposiciones, notas sobre el desarrollo de proyectos creativos, tarjetas impresas, revistas, invitaciones a exposiciones y actos culturales, folletos, planos, boletines, y registros documentales sobre los diversos proyectos que Goeritz llevó a término, o en los que participó entre la década de 1940 y la fecha de su muerte. Es decir, la puesta en marcha de la Escuela de Altamira, o a la realización de trabajos ya citados como Animal del Pedregal, La cruz en la caja, Pocos cocodrilos locos, Laberinto de Jerusalén, o La corona de Bambi.

Dentro de este «bloque documental», hay un apartado fotográfico de especial relevancia dada la abundancia de materiales (más de 400 fotos) y -sobre todo su calidad-, con imágenes firmadas por autores como, por ejemplo, Marianne Gast, Armando Salas Portugal, Úrsula Bernath, George Hoyningen-Huene, Nicolás Muller, Hans Namuth, Gogo Nesbit, Tor Eigeland, Kati Horna, Italo Scanga, Yoram Lehmann, Peter Baum o Sybil Moholy-Nagy.

Las imágenes más significativas son las de la Escuela de Altamira, que impulsó Goeritz, junto con Ferrant, Ricardo Gullón y Beltrán de Heredia

Las fotografías, al igual que el resto de materiales artísticos o documentales del Archivo Goeritz, están organizadas atendiendo a un criterio cronológico: por décadas, desde los años treinta hasta los noventa. En este sentido, es indudable que las imágenes más destacadas son las pertenecientes al periodo años treinta-setenta, y fundamentalmente las que ilustran y documentan algunas de las obras o proyectos creativos realizados por Goeritz, o aquellos en los que estuvo involucrado.

De la década de 1930 destacan las fotos en blanco y negro de algunas de sus primeras obras (Postura arrodillada [1935] o Techos de París [1937]) y un retrato con su madre de 1933. Y de los cuarenta sobresalen algunas imágenes que ilustran la estancia de Goeritz en Marruecos, o una fotografía de su exposición en la madrileña Sala Clan en 1946.

Altamira

Historia e innovación, pensamiento y ruptura, crítica y disección. Un nombre mítico y primigenio, un icono: Altamira, y un lenguaje, el del arte, en toda su dimensión. En 1948 Goeritz y su esposa, Marianne Gast, a quien había acompañado en su visita para fotografiar Santillana, con el fin de ilustrar un libro sobre la localidad escrito por Enrique Lafuente Ferrari, visitaron las Cuevas de Altamira con Eugenio d´Ors y algunos alumnos de su curso en la UIMP, entre los que se encontraban el pintor mexicano Alejandro Rangel y la historiadora Ida Rodríguez Prampolini. Entonces, el artista alemán tuvo la inspiración de fundar una ‘Escuela de Altamira’: «un foro internacional de discusión y creación que, partiendo de la prehistoria, renovara las esencias del arte». Con el apoyo personal del gobernador civil, Joaquín Reguera Sevilla, Goeritz y Ferrant, que colaboraban con las galerías y editoriales Clan y Palma, de Madrid, apoyados desde Santander por Beltrán de Heredia y Ricardo Gullón, se pusieron en contacto con artistas y teóricos de Europa (Alemania, Dinamarca, Francia, Inglaterra, Italia) y de otros lugares de España (Cataluña, Madrid y Canarias) que hicieron realidad ese sueño. Altamira fue reivindicada como máxima expresión de creación artística, por su pureza creativa y tratamiento de la línea y el color.

Mathias Goeritz custodió su archivo durante toda su vida en carpetas y con una ordenación temática personal. Inédito absolutamente, sus fondos fueron adquiridos por José María Lafuente y su equipo tal cual los había preservado el intelectual. Ni siquiera había podido ser consultado por los responsables del Reina Sofía cuando organizaron hace más de dos años una muestra sobre Goeritz y la Escuela de Altamira.

De sus huellas destaca: El Animal del Pedregal (1951) un encargo del arquitecto y, posteriormente, premio Pritzker, Luis Barragán, la primera escultura monumental realizada por Goeritz en México.

El Museo Experimental El Eco (1952-53) fue otro encargo que se le hizo a Goeritz, aunque en esta ocasión contó con total libertad para materializarlo. El artista aprovechó esta autonomía para plasmar los planteamientos teóricos de su Manifiesto de la Arquitectura Emocional. Las Torres de Satélite son esbeltas torres de planta triangular, realizadas en hormigón armado y con la rugosa textura que resultó al quitarles la cimbra.

Las fotografías, los materiales artísticos y documentales del Archivo Goeritz están organizados atendiendo a un criterio cronológico

Ya perteneciente a la década de 1970 están las fotografías sobre la obra colectiva Espacio Escultórico (1978), edificación precursora y vanguardista de primer orden en el contexto mundial de su género. De su proceso de construcción, el Archivo Goeritz conserva casi una treintena de fotografías.

«Una de las funciones importantes de un archivo es conservar documentación sobre obras perdidas o susceptibles de perderse», sostiene el poeta Juan Antonio González Fuentes. En 1965 Goeritz llevó a cabo el poema mural ‘Pocos cocodrilos locos’, que quedó destruido durante el terremoto que sufrió Ciudad de México en 1985. De esta obra desaparecida, existen en el Archivo Goeritz tres fotografías a color que, ahora, se suman a los bocetos de este poema concreto que ya poseía Lafuente en otro de sus fondos con alrededor de 100 poemas. Goeritz, además de artista y profesor en la Escuela de Arquitectura de la UNAM, también fue poeta. ‘Pocos cocodrilos locos’ concentraba todas estas facetas y reflejaba el paso de la poesía en papel a la tridimensionalidad del cemento. Ahora solo queda evidencia de su existencia en los registros impresos y gráficos.

Goeritz, «como agitador cultural», dejó siempre una honda huella y esa tentativa de un arte nuevo desde la recuperación de lo primigenio con la que la escena artística española aportó su savia a la evolución de la cultura europea de la inmediata posguerra.

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