Falcones hablará sobre su última novela en Santander
Falcones hablará sobre su última novela en Santander / Quique García

"Como hace 700 años, la vida es pelea y más pelea"

  • El autor catalán Ildefonso Falcones vuelve a la Barcelona del Medievo en ‘Los herederos de la Tierra’, su nueva novela, que esta tarde presenta en Santander, en la reapertura del Aula de Cultura de El Diario

Salió a finales de agosto en una edición con 400.000 ejemplares y ya está llegando a las librerías una primera reimpresión. Figura en lo más alto de las listas de los más vendidos y aunque la cifra vertiginosa de los seis millones de volúmenes que Ildefonso Falcones (Barcelona, 1959) vendió de su primera novela, ‘La catedral del mar’, queda aún lejos, el arranque de la cuarta, ‘Los herederos de la tierra’, pica alto. En esta última obra, Falcones regresa a la Barcelona medieval que dejó en ‘La catedral del mar’ y lleva al lector por el entonces nuevo barrio del Raval de la mano de un niño de 12 años.

Después de la muerte de su padre, Hugo Llor tiene que buscarse la vida, primero en los astilleros y luego en el negocio del vino. Nada le será fácil, pero saldrá adelante. Falcones presenta hoy en el Ateneo (a las 19.30 horas), en el inicio de la nueva temporada del Aula de Cultura de El Diario, las aventuras de este chico y de su crecimiento en una época convulsa.

–Sus novelas están muy arraigadas en Barcelona y en su historia. ¿Por qué se venden tan bien el extranjero?

– A la gente le gusta Barcelona. Sean de donde sean, la mayoría de los lectores han conocido la ciudad como turistas, o saben de ella por las Olimpiadas del 92 y, por qué no decirlo, por el fútbol, por el Barça, que es el gran embajador.

–Respecto a ‘La catedral del mar’, ahora cambia de barrio, de La Ribera al Raval.

–Es lo que cronológicamente toca. No me he inventado nada. Tres años después del final de ‘La catedral del mar’ se hace la tercera muralla, que viene a encerrar el Raval. Cuando se diseñó este barrio, se pensaba que Barcelona iba a crecer mucho más. Pero la peste negra diezmó la ciudad y gran parte de Europa. Por esta razón el Raval estuvo mucho tiempo deshabitado, hasta por lo menos el siglo XVIII. Lo que había eran huertas y viñas.

–En el tiempo de la novela era un barrio de personas con pocos recursos, como ahora.

–Sí, pero con una arquitectura gótica maravillosa, como las atarazanas y el hospital de la Santa Cruz.

–Estamos en la Edad Media, una época caótica y violenta. ¿Favorable para un escritor?

–Da un juego tremendo. Es muy atractiva para los lectores porque conocen cómo vivía la gente entonces, con unas costumbres que ahora parecen chocantes. Además, se producen dos hechos fundamentales en la historia de Cataluña. El primero es el compromiso de Caspe, el fin del Casal de Barcelona y la entrada de un rey castellano, y el otro el cisma de Occidente, con un Papa aragonés de por medio. Todo ello está interrelacionado.

–En los primeros capítulos, el protagonista tiene de 12 años. Está solo y lucha por sobrevivir. ¿Tiene su mirada inocente mayor capacidad para ver las injusticias de su alrededor?

–Más que de verlas, yo diría que de sentirlas. La literatura tiene la ventaja de poder encarnar las injusticias, en vez de discurrir de manera abstracta sobre ellas. Como hace 700 años, la vida es pelea y más pelea. Por eso nos enganchan estos personajes. Como Hugo, nos tenemos que levantar todos los días y afrontar los problemas que nos esperan.

– Aunque vivamos mejor que en la Edad Media.

–Vivimos más cómodos, pero las injusticias siguen existiendo, y algunas te tocan y tienes que sufrirlas. Empatizar con personajes como Hugo es muy fácil si no se quedan en el estereotipo.

Judeofobia

-En esta obra aborda la destrucción de la judería barcelonesa.

–Se habla mucho de la expulsión de los judíos de 1492. Digamos que esa fue la oficial. Pero el siglo y medio anterior fue un infierno para ellos.

Hacia 1370 se suceden las pogromos, las leyes de Ayllón, que les obligan a no salir de sus barrios y a que marquen su ropa, San Vicente Ferrer sermonea en su contra...

–¿Por qué esa judeofobia?

–En España también hemos expulsado a los moriscos. En realidad hemos expulsado a todos los que no fueran católicos. Respecto a los judíos, los que vivían aquí en el siglo XIV ya habían sido expulsados de Italia, Francia e Inglaterra. Eran los deicidas, los que mataron a Cristo, y en esa época de analfabetismo les hizo mucho daño.

–El protagonista se dedica a la elaboración del vino.

–Con la salida de los musulmanes, se acaban 800 años de sequía. Todos los escritos de esa época nos hablan de los vinos españoles como una de unos vinos deleznables cuando en Italia ya eran fantásticos. El vino era la bebida por excelencia.

–Más que el agua.

"Como hace 700 años, la vida es pelea y más pelea"

/ Quique García

–Es que el agua no se podía beber porque podía estar infectada. Entonces no existían desagües ni nada parecido y el olor debía de ser horrible. Con decir que en los hospitales daban vino a los enfermos, nos podemos hacer una idea.

–Han pasado diez años desde ‘La catedral del mar’. Usted venía de la abogacía.

–Lo mejor ha sido el contacto con los lectores. Es lo que te da la plenitud. Con lo críticos ha sido más difícil. Hay gente que te critica a ti más que a la obra y no entiendes por qué. En fin, ellos sabrán lo que hacen. No pasa nada.

–¿Sigue ejerciendo de abogado?

– Cerré el despacho hace unos meses, después de escribir esta novela, aunque sigo con algunos clientes, ya casi más como consejero.

– Después del boom de ‘La catedral del mar’, ¿le conocían más en los juzgados como escritor que como abogado?

– En los juicios era el abogado. No debes ser otra cosa, aunque es verdad que ya he firmado algún libro en los juzgados.