Rosa Montero posa en su biblioteca
Rosa Montero posa en su biblioteca / Jesus Marchamalo

"La muerte es la gran tragedia del hombre"

  • La autora Rosa Montero presenta el martes en el Aula de Cultura de El Diario Montañés, en el Ateneo de Santander, su última novela ‘La carne’

Rosa Montero (Madrid, 1951) se forjó desde los 19 años en el periodismo puro y duro. En su última novela, ‘La carne’, hay amor y muerte, la tristeza y la soledad que está en el nombre de la protagonista. Una mujer que acaba de llegar a los sesenta años, ha sufrido un desengaño amoroso y quiere impresionar a su examante con una nueva conquista, un joven gigoló. Amor y muerte, dos temas que laten en todas las obras de Rosa Montero. La autora presenta el martes en el Aula de Cultura de El Diario Montañés, en el Ateneo de Santander, su novela (19.30 horas).

–¿Cómo surgió ‘La carne’?

–Fueron dos cosas: un deseo y una anécdota. El deseo era que normalmente escribo sobre temas y personajes muy lejanos. Pero desde hace seis años, sentía en mi interior el deseo de hacer una novela que fuera contemporánea, que pasara en Madrid, con personajes cercanos a mi edad, del mundo intelectual... Tenía ese deseo porque tengo la certidumbre de que ya soy lo suficientemente mayor y madura como para poder hablar de un mundo muy cercano sin que mi vida empequeñezca la novela, y sin hablar de ella. Estaba con ese deseo cuando un amigo –Berrocal, al que le doy las gracias–, me contó que una conocida suya había contratado a un gigoló para dar celos a su amante en una cena de gala multitudinaria. Me estalló todo en la cabeza y empezó a crecer como un arbolito.

–De todas las protagonistas de sus novelas, ¿A cuál se parece más?

–Con la que yo me siento más cerca es con la detective Bruna Husky. Con ella llevo dos novelas y la próxima será también de ella. Vive conmigo, es el único personaje que he repetido y repetiré.

–¿Y el título a qué responde?

–Si las cosas van bien, se te ocurre el título en el primer tercio de la novela. De repente, se me ocurrió y me puse emocionadísima, porque me parece precioso, cortísimo, elocuente y esencial y no entiendo cómo no hay 20.000 novelas que se titulen igual. Es exactamente lo que es el libro, la carne que nos aprisiona porque no hemos escogido el cuerpo en el que vivimos; es la carne que nos enferma, envejece y mata, pero también es la carne que nos hace rozar la gloria a través del sexo, el amor y el deseo; la carne que nos hace sentir eternos, al menos por un instante, y es la carne animal que nos salva de ser solo humanos. De eso habla la novela, del terror y la oscuridad y del gozo inmenso de vivir.

–Hay dos temas principales en la novela: el sexo de pago y las relaciones de pareja con grandes diferencias de edad. ¿por qué?

–El sexo de pago es un accidente en la novela. Soledad es una mujer que cumple 60 años, es una comisaria de exposiciones de arte y ha roto con un examante, que está casado y se entera de que, igual que ella, va a ir con su mujer al estreno de ‘Tristán e Isolda’’, de Wagner. Entra en un ataque de furia pueril, porque el amor y el despecho son así de infantiles. Y se le ocurre contratar a un gigoló, pero no para acostarse con él, solo quiere llevarse a ese bombón a su lado y lucirlo para dar celos. El bombón tiene 32 años. Y como si fuera un accidente surge una relación muy conflictiva en muchos sentidos, que llega a ser peligrosa.

–Soledad Alegre es la protagonista, ¿un nombre que responde a...?

-Eso ya habla un poco del tono del libro. El libro habla de temas muy grandes y trágicos, pero con sentido del humor. Eso es el propio nombre de la protagonista, Soledad Alegre, una de las bromas crueles de la vida. También es una broma cruel de la propia madre de Soledad, que era una malvada.

–¿Qué le gusta de Soledad?

–Me gusta la furia que tiene. Pero, a la vez, me conmueve. Y tiene algo que yo siempre he odiado, es misógina. Yo siempre he odiado a las mujeres misóginas, aunque con Soledad he llegado a entender el por qué. Llego a entenderla y llego a quererla. Me gusta que, a pesar de todo, de su furia, frustración, miedos y neuras, sigue adelante. Su propia furia le pone alas en los pies.

–¿Ha sido difícil convivir con Soledad mientras escribía la novela?

–No me ha costado nada, porque esta novela ha fluido muy bien. Estoy en un momento de plenitud literaria. Siempre cuesta, pero otras veces me he atrancado, me he perdido, y aquí no. Y no es un personaje terrible, los tengo peores en mis novelas, algunos muy malvados. A Soledad termino queriéndola.

–Leo en su novela ‘El amor te convertirá en un ser patético? ¿Lo piensa de verdad?

–Eso es el temor de Soledad. Puede ocurrir a veces, pero no siempre. Y tampoco creo que el amor siempre desemboque en el daño. Puede... pero no siempre.

–Una constante de su literatura es el amor, ¿a qué se debe?

–Yo no creo que el amor sea uno de los grandes temas de mis novelas. Más que el amor, mis novelas tratan sobre la muerte. Son novelas existenciales que hablan de la muerte, la memoria, el paso del tiempo, la identidad y el poder. Esta es la novela más centrada en el amor, aunque también trata el tema de la muerte.

–¿Qué tiene de distinto esta novela con el resto de lo que ha escrito?

–Uno no escribe para enseñar nada, sino para aprender. Escribes sobre los temas que te arden en la cabeza y en el corazón, para intentar poner un poco de luz sobre ellos. Para intentar entenderlos, compensarlos y deshacer su poder mortífero. En cada novela intentas volver a explicar las mismas cosas de una manera más exacta, profunda y bella.

–¿Por qué tiene tanto peso la muerte en su literatura?

–Porque todo lo que hace el ser humano es contra la muerte. Absolutamente todo. La muerte es la gran tragedia del ser humano. Estamos llenos de deseos de vivir, soñamos con hacer muchas cosas y en dos parpadeos nos hemos muerto. La muerte no nos cabe en la cabeza, es inhumana e irracional.

"La muerte es la gran tragedia del hombre"

/ Mireya López

–También incluye grandes dosis de humor, ¿qué hacemos si se nos acaba el humor?

–Conozco gente que no tiene ningún sentido del humor. Pobrecitos, me dan mucha pena. Para mí, el humor es importantísimo, en la vida y en la literatura. Yo creo que es una vía de conocimiento y de expresión muy acertada porque nos permite evitar la estupidez de la autoimportancia, que te deja muy ciego. Me gusta mucho utilizar el humor, también en mi vida personal.

–Es obligado preguntarle por los proyectos que tiene ahora entre manos.

–Ya tengo muchas notas para escribir sobre mi tercera Bruna. Ya se me ha ocurrido el final, que es maravilloso y estoy deseando escribir la novela para terminar.

–¿Cómo ha evolucionado su carrera literaria?

–Sé que ahora escribo mucho mejor que cuando empecé y eso me produce tranquilidad y satisfacción.

–Hablemos del mundo editorial, ¿se marchó la crisis? ¿Vuelven los lectores?

–El mundo literario en el que yo crecí se ha acabado para siempre. Hay una piratería espeluznante, se ha roto el mercado y no creo que se recupere nunca. Se vende muchísimo menos. Estamos en otro mundo que todavía no está del todo hecho.

–Acaban de concederle el Premio José Luis Sampedro, que premia a autores con valores humanistas. ¿supongo que estará feliz?

–Estoy supercontenta. Es un premio precioso que lleva el nombre de esa maravillosa persona y escritor.

–¿Desde cuándo escribe?

–Como la gran mayoría de los escritores, empecé a escribir de niña. Mis primeros cuentos trataban de ratitas que hablaban. Los escribí con cinco años y mi madre me los guardó. Desde que me recuerdo como persona, me recuerdo escribiendo. Escribir es un esqueleto exógeno que me mantiene en pie, no sé cómo la gente se las arregla para vivir sin escribir.