El hombre que pudo ganar el Planeta

El cántabro Luis Escalante reconoce que ganó el premio unos días antes, "cuando me vi entre los finalistas".
El cántabro Luis Escalante reconoce que ganó el premio unos días antes, "cuando me vi entre los finalistas". / Antonio 'Sane'
  • El cántabro Luis Escalante se queda a las puertas del premio con 'Sardinas coloradas', una fusión de géneros: intriga, romántica, fantástica y política

  • "Escribir una novela era casi una obligación familiar", reconoce quien es hijo, nieto y bisnieto de escritores

Ganar el Planeta es una quimera y Luis Escalante lo sabía, pero por si acaso en el bolsillo de la chaqueta guardaba impreso su discurso de agradecimiento. Recién llegado de Santander, la vorágine mediática no va con él. Ni siquiera pasa por la alfombra roja, ni pisa el 'photocall' reservado a las estrellas de la política y de la televisión.

Hasta encontrarnos, deberemos sortear una nube de guardaespaldas con pistola, de cámaras y fotógrafos con la luz de cruce permanentemente encendida, de invitados que quieren hacerse selfis con Arguiñano o Jordi Hurtado y de grandes escritores que pasan elegantemente desapercibidos.

Escalante ha venido con Chiqui, su esposa y apuntadora, porque él tiene una memoria nefasta para los nombres; no hay tensión en su gesto, como si no se jugaran nada: «Es que yo ya gané el martes, cuando me vi entre los finalistas». Un premio para casi cuatro años de dedicación, invirtiendo las tardes de todos esos días en escribir, releer, anotar, corregir. Pero «la tradición pesa; escribir una novela era casi una obligación familiar». Hijo, nieto y bisnieto de escritores, hasta su hermano Manolo había escrito en esa época una novela breve, y los dos se intercambiaron los manuscritos.

En el sótano del Palau de Congresos hay una sala VIP reservada para los finalistas; ya habían pasado por allí, pero cuando intentan volver la seguridad no les deja acceder. En cambio, les acomodan junto a tres finalistas más en la mesa treinta y seis, una de las más alejadas. Compartirán mesa y mantel con el argentino Mariano Negri, con Alba, que viene de Blanes y ha escrito su novela «en sólo dos semanas» y con una traductora italo-argentina que vive en Florencia. Todos son primerizos: primera visita al Planeta, primera novela.

«Empecé a escribir como terapia, tras un cambio drástico en mi actividad laboral», confiesa Escalante, quien trabaja como ingeniero agrónomo para el Gobierno de Cantabria desde que aprobara las oposiciones hace una década. «De repente, me encontré con las tardes libres, así que me dediqué a otras pasiones que había debido dejado de lado por la enorme carga de trabajo: el submarinismo, la navegación. Hasta estoy construyendo mi propio ultraligero en el garaje».

La gran decisión llegaría una tarde, mientras cruzaba el abra del Pas en una vieja canoa, herencia de su abuelo: «El parque de Liencres es un auténtico privilegio; no hay nada comparable en el mundo. Un privilegio. De hecho, si en el mar hubiera seres maravillosos, sobrenaturales, como las sirenas, tendrían que vivir aquí». Y así va surgiendo una historia que crecería poco a poco, hasta convertirse en una novela.

Finalmente, y con retransmisión en las pantallas gigantes de la sala, los reyes hacen su entrada y comienza la cena. Elegante y frugal, muy frugal, aunque algunos no tienen ni hambre. Sobre todo, en la mesa de los nervios. Luis, con las palabras dedicadas a su padre, fallecido unos días antes, palpitando en el bolsillo, hace memoria del largo camino recorrido: «Nunca fui un gran lector, pero en mi familia siempre tuvimos facilidad de palabra. De hecho, en los Escolapios yo era 'el niño de la cocacola', porque había ganado el concurso y me tenían como el único referente cercano. Me gusta decir que me gustaban tanto las letras, que por eso me hice ingeniero, para poder abarcarlo todo. Y eso que las matemáticas se me daban fatal».

Chiqui, su esposa, apunta la clave: «Me admira la gran determinación que tiene. Si se marca un objetivo, no para hasta conseguirlo». Y ese mismo método aplicó a la literatura: «Hoy día hay escritores extraordinarios técnicamente, pero yo no podía aspirar a eso. No tenía tanto tiempo. Tampoco me interesaba documentarme eternamente para una novela histórica. En cambio, sí que podía aportar algo en mi punto fuerte: la imaginación», desvela. «Además, ya no hay estilos, se lleva la mezcla. Y lo que importa es tener una buena idea». Así que ideó cuatro tramas paralelas y fusionó varios géneros: intriga, romántico, fantástico. y hasta político. «Es que la corrupción me preocupa mucho, como a todos. Hay que tener en cuenta que empecé a escribir en 2012, en un momento de decepción generalizada».

En las pantallas se proyectan las portadas de anteriores premios Planeta, y los asistentes empiezan a hacer sus quinielas. Por casi ninguna pasa Escalante, que es el único que, junto a Negri, se ha atrevido a concurrir a cara descubierta. En su mesa se barrunta que tal vez «el currículum de cada escritor tenga su importancia en el concurso». Y Luis es un escritor secreto. Absolutamente secreto.

De hecho, sólo algunos amigos íntimos sabían a qué dedicaba las tardes. Sus tres hijos y su propia madre se enteraron por la prensa, el pasado martes. Ni siquiera se creían que fuera realmente él. «Al pasar los días ya salieron de su sorpresa y empezaron a llamarme amigos y conocidos; la verdad es que la gente en Santander está como loca con la nominación. Ahora me conocen como escritor; aunque lo cierto es que yo ya lo era. Desconocido, pero escritor».

Sobre la tribuna, la presentadora está a punto de desvelar los resultados de la primera votación del jurado. Los finalistas contienen la respiración. Esperan desde marzo este momento. Es la hora de la verdad, después de mucho esfuerzo y una combinación de esperanza y sinsabores.

En su versión inicial, 'Sardinas coloradas' había recorrido el circuito habitual de toda novela primeriza, sin demasiado éxito. Hasta que un editor local le explicó, sin tapujos, que no todo cabe en un primer libro, y que hay que pensar en el lector. Pragmático ante todo, Luis tomó buena nota. Y ahora su historia de marinos ingleses, de sirenas de incógnito, de constructores y narcotraficantes, su relato con guiños a la 'Sotileza' de Pereda y varias cargas de profundidad contra la buena sociedad santanderina está muy cerca de ver la imprenta. A tres votaciones de distancia.

Sin embargo, no pudo ser. Les consolaría luego la presidenta del jurado, Carmen Posadas, al acercarse a su mesa tras la entrega. Un hermoso sueño, pero Luis repite que se considera ganador, igualmente. Mucho nivel, demasiado. Al salir del Palau, hay satisfacción en su rostro.

¿Y ahora? «Quién sabe; necesito volver a casa, repasar todo lo sucedido esta semana y ponerlo en orden». Aunque adelanta que ya tiene en mente una segunda parte. En el ambiente sobrevuela el rumor de que a los finalistas del premio a veces los repesca la editorial. El propio Marcos Chicot, que ha quedado segundo, acaba de confesar que fue finalista hace cuatro años.

Claro que Escalante no es de los que se rinden, sino de los convencidos de que a la vida hay que echarle descaro. Quizás por eso, a la salida, se acercó a José Creuheras, el hombre fuerte del grupo editorial, para presentarse él mismo. Se dieron la mano y conversaron durante unos instantes.

No sabemos de qué hablarían, pero quién sabe si algún día no veremos esas 'Sardinas coloradas' envasadas por Planeta.