Muere a los 75 años el escritor argentino Ricardo Piglia

El escritor argentino Ricardo Piglia.
El escritor argentino Ricardo Piglia. / Alejandro García (Efe)
  • El autor de los clásicos 'Plata quemada' y 'Respiración artificial', que acababa de terminar un libro de cuentos, padecía ELA

Ricardo Piglia, escritor argentino de larga trayectoria internacional, ha muerto este viernes como consecuencia de un desmejoramiento ocasionado por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padecía, según una fuente cercana a la familia del autor. Piglia, autor de los clásicos 'Plata quemada' y 'Respiración artificial', falleció a los 75 años en Buenos Aires y dejó para la posteridad una obra prolífica, que fue traducida a quince idiomas.

El autor logró varios reconocimientos internacionales, como los premios Rómulo Gallegos, el Formentor y el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas. Además, Piglia fue profesor de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de Princeton y la Universidad de California en Davis. También fue guionista de varias películas.

Piglia, nacido el 24 de noviembre de 1941 en la localidad bonaerense de Adrogué, era considerado uno de los mejores exponentes de la nueva época narrativa argentina y entre los últimos galardones que recibió por su trayectoria se encuentra el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas (2013) y el Premio Formentor de las Letras, en septiembre de 2015. El también editor y crítico había confesado en una entrevista con Efe el pasado noviembre que acababa de terminar un libro de cuentos y trabajaba en otro sobre las novelas cortas del uruguayo Juan Carlos Onetti.

Además, revisaba el tercer y último volumen de ‘Los diarios de Emilio Renzi’, su autobiografía, de la que publicó el segundo tomo el pasado año. La trilogía está contada en tercera persona a través de un personaje frecuente en sus novelas: su álter ego, el autor Emilio Renzi (el segundo nombre y el segundo apellido de Piglia).

A través de él, recorre el medio siglo de su vida que registró en los diarios en los que comenzó a apuntar, redactar y garabatear en 1957, cuando tenía apenas 16 años.

Entonces, la caída del presidente argentino Juan Domingo Perón y la instauración de la dictadura (1955-1958) obligaron a su familia a abandonar su ciudad natal –Adrogué, en la periferia sur de Buenos Aires– para marcharse a la costera Mar del Plata, a 400 kilómetros.

«En medio de la desbandada, empecé a escribir un diario. Por supuesto, no hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida. Sin embargo, estoy convencido de que si no hubiera empezado esa tarde a escribirlo, jamás habría escrito otra cosa», cuenta Piglia en el documental ‘327 cuadernos’, estrenado en 2015.

Tal y como reconoció, la literatura le permitía «seguir vivo» después de que en 2013 le diagnosticaran el ELA, un mal que afecta a la movilidad pero no a las facultades mentales y que provocó que en sus últimos tiempos necesitase de apoyo básico para leer y trabajar.

«La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula. La injusticia en estado puro nos hace rebelarnos y persistir en la lucha», dijo Piglia.

El diagnóstico de la ELA le sorprendió en pleno rodaje de ‘327 cuadernos’ y cuando comenzó a convertirse en algo «serio», el cineasta Andrés Di Tella decidió continuar sin él porque «no quería hacer una película sobre su enfermedad».

Pero el escritor hizo un enorme esfuerzo, se enfrentó a la adversidad con «trabajo y pasión» y logró terminar la grabación.

La película acompaña al autor desde 2012, cuando tras dejar Estados Unidos y regresar a Argentina, comienza a releer los innumerables e idénticos diarios de tapas negras que guardaba en 40 cajas de cartón, empujado por Di Tella.

El director de la cinta cuenta que debido al «contexto emocional» que tenía que aportar a sus escritos, en el último momento, Piglia decidió utilizar a Renzi, ya que, a veces, recurrir a otro ayuda a «hablar con mayor franqueza».

En noviembre, el autor celebró su 75 cumpleaños, bebiendo y charlando, «como siempre».

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