«La literatura me ha enseñado a observar al ser humano»

Álvaro Espina presentó su libro en el Ateneo de Santander. / DM .

El escritor Álvaro Espina presentó en el Ateneo de Santander su última novela, ‘Cerbantes en la casa de Éboli’, que narra las peripecias del joven escritor en el Madrid de los Austrias

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

Álvaro Espina acaba de publicar ‘Cerbantes en la casa de Éboli’, una obra en la que traslada al lector al Madrid de los Austrias y recrea las circunstancias que vivió Miguel de Cervantes, el máximo exponente de la literatura española, en su juventud. Y si tiene éxito, habrá una segunda parte en la que contará su vida en el exilio mediterráneo. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología, Espina encontró un manuscrito perdido y tirando del hilo se asomó a los años de juventud del autor de ‘El Quijote’.

–¿Cómo empezó todo?

–Hace muchos años propuse hacer la tesis sobre Miguel de Cervantes y mi tutor me dijo que no era tema de tesis, sino para una obra de madurez. He estado construyendo la obra y haciendo otras cosas y al llegar a la madurez me decidí a escribirlo.

–¿Cómo era el joven Cervantes?

–Era un personaje benemérito en todos los aspectos. En todas sus obras y, por supuesto, en su obra magna ‘El Quijote’, donde rezuma ese carácter apacible, crítico, inquisitivo, irónico y muy cauto y agudo.

–¿Cervantes con B?

–Era su firma.

–¿Habrá una segunda parte’

–Yo espero que sí, pero hace falta ver cómo el público acoge esta primera parte. La segunda abordará la vida de Cervantes en Italia, será el Cervantes en el Mediterráneo.

–¿Qué tiene Cervantes de especial para usted?

–Es el creador de la novela moderna, un innovador y eso me seduce. Es alguien capaz de transformar y crear un género nuevo y sobrevivir cuatro siglos como una de las novelas más leídas del mundo. Eso es deslumbrante, su contenido, su capacidad de enjuiciar de una manera certera y con sencillez e ironía. Es espontáneo. Cervantes es también un individuo que tiene que camuflar buena parte de lo que piensa y eso se refleja en la novela. Es un reformador, un erasmista y un hombre crítico que tiene que encubrirlo todo de manera inteligente porque en caso contrario estaba la Inquisición para depurar cualquier tipo de crítica. Cervantes agudizó el ingenio, que es lo que suele ocurrir cuando gobierna una dictadura. Los autores de tiras cómicas, por ejemplo, florecen en épocas de dictaduras.

–¿Qué tiene la novela de histórica y qué de ficción?

–Tiene un poco de todo porque sabemos poco de Cervantes y, por eso, hay mucha ficción. Se respeta lo que es el contenido y lo que emana de sus obras, pero sabemos muy poco de su vida. Sin embargo, el contexto, la época y el Madrid de los Austrias está muy documentado.

–¿Cuándo comenzó a escribir?

–Escribo desde que tengo uso de razón. Primero escribía ensayo histórico, económico, sociológico... Esta es mi primera obra de ficción. El ensayo es una literatura que se somete a enormes disciplinas como el rigor y la metodología, mientras que en este caso es rigor literario y coherencia.

–¿Qué le enseñó la literatura?

–La literatura me ha enseñado a observar al ser humano. A veces cuando trabajamos en el mundo del ensayo académico nos perdemos en ideas abstractas, mientras que la novela obliga observarlo todo, los detalles. Cervantes camina por el Madrid de 1569 y no puedes hacerle traspasar una muralla, debes conocer la costumbres o la música de la época... Se trata de imaginar la vida en aquel tiempo.

–¿Hay hoy algún escritor que se pueda comparar con Cervantes?

–No se me ocurre nadie. Fue un hombre tan innovador y creador, con un grado sublime, que es difícil de igualar.

–¿Se imagina a Cervantes en el mundo de internet?

–El mundo de internet ha sido una gran revolución, pero la gran revolución fue la de la Galaxia de Guttemberg. Lo que no imagino es el mundo antes de la imprenta. Internet multiplica la capacidad de intercambios y permite comunicar rápidamente las cosas, acelera la capacidad creativa, pero el pensamiento y la idea sigue siendo la misma. Antes escribíamos los libros seis y siete veces, a mano, a máquina, revisábamos y corregíamos... y cada vez que los hacíamos, lo volvíamos a escribir. Ahora escribimos cada libro ocho millones de veces. Con internet, nuestra vida se ha hecho cada vez más vertiginosa. Y en esto Cervantes encajaría mal, porque su vida era pausada y sosegada.

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