Un paseo literario por la plaza de Alfonso XIII, el nuevo y controvertido recinto de la Feria del Libro

Javier Cotera

Cinco mil lectores visitan cada día los puestos de la carpa, con una oferta que abarca de lo comercial a lo independiente

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

«Se echa de menos el ambiente de casetas», asegura la librera Pilar Pereda, que sabe de lo que habla, después de casi dos décadas sin perderse ni una edición de la Feria del Libro santanderina. Y su opinión parece coincidir con el sentir general de expositores y visitantes, que no terminan de encontrarse cómodos bajo la carpa instalada en la plaza de Farolas, y añoran sin disimulos la ubicación de años pasados, en una plaza Porticada mucho más concurrida.

Sin embargo, la afluencia de público no es precisamente para quejarse: alrededor de cinco mil personas se acercan hasta la feria, curiosean entre los puestos, miran, remiran, preguntan... Y algunos hasta compran.

Si el del libro es un mercado maduro, la feria se aferra sus tradiciones, con libreros que repiten presencia edición tras edición. Nada más entrar, por ejemplo, se topa uno con Gonzalo Gómez, de la librería laredana Costa Esmeralda, que últimamente se está especializando en novela negra, y recomienda con los ojos encendidos a un autor santanderino «de lo mejor del género: Julián Ibáñez. Su recopilación 'Todo Bellón' reúne todas las aventuras del buscavidas curtido en los bajos fondos que tantos lectores le ha dado.

Utopía, el proyecto personal de Luis Gómez, es una librería especializada en ciencias sociales que para esta feria apuesta por temáticas como la filosofía oriental, la educación, la divulgación científica y la medicina natural. Pero en sus estanterías llama la atención la cubierta mironiana de 'La vida de los surrealistas', firmada por Desmond Morris, aquel gurú del nuevo pensamiento sesentero con 'El mono desnudo'.

En La Vorágine se toman las ferias muy en serio, y además derrochan imaginación. Tanta, que han elaborado e impreso cuatro menús, para degustadores de libros: infantil, de colonial, feminismos y clásicos. «Por eso llevamos delantales», explica Carolina Hernáiz mientras nos entrega esta particular carta, en la que destaca 'Indios, negros y otros indeseables', de Paco Gómez Nadal.

Javier Cotera

El mar es el tema fetiche de la Librería del Puerto, y Pedro Cortés ha decorado con cartas náuticas y fotografías marineras su espacio en la feria. Acercándose cada vez más a su décimo aniversario, apuestan por los editores independientes y ofrecen mucha poesía y ensayo. En sus estanterías, y haciendo gala de independencia, llama la atención 'Rumbo al mar blanco', de Malcom Lowry, en edición de tapa dura a cargo de Malpaso.

Lo primero que salta a la vista en el estand de Librería Gil es su simpatiquísima campaña de promoción lectora, con sus icónicos carteles de 'Las chicas y los chicos listos leen libros', una auténtica invitación a devorar páginas y páginas, con ecos británicos del blanco y negro.

Oferta abrumadora

Su oferta, como de costumbre, resulta abrumadora, con una sección dedicada a Japón, otra a narrativa de viajes, a los jardines o a la poesía de Cantabria. Y, siguiendo el espíritu de la feria, consagrada a reivindicar el papel activo de la mujer en la cultura, ofrecen ensayos sobre feminismo, álbumes ilustrados y obras divulgativas sobre, por ejemplo, las mujeres en la ciencia. De entre todos los títulos, Angie Villalba recomienda 'Inferior', de Ángela Saini, consagrado a explicar «cómo la ciencia infravalora a la mujer y cómo las investigaciones reescriben la historia».

También en la torrelaveguense librería Campillo se ocupan de la mujer como tema, y su recomendación estrella es 'Veinticuatro horas en la vida de una mujer', un clásico que Enrique Durán recomienda encarecidamente: «cada año vendemos más de grandes autores como Stefan Zweig».

En Sancho Panza, la librería de Cabezón de la Sal, han venido de lo más combativo, y tienen una nutrida sección dedicada a la Segunda Guerra Mundial y a la Revolución Rusa. Junto a una biografía de Marx, el favorito de Marta Calderón es 'Diez días que sacudieron el mundo', de John Reed, ilustrado nada menos que por Fernando Vicente.

El Crucero, la librería de Pilar Pereda, en Revilla de Camargo, ha preferido apostar sobre seguro: «traigo bestellers y una selección de infantil y juvenil» que se ha llevado muchas felicitaciones de los lectores. Aunque el mejor premio es ver cómo se vacían las estanterías: «todavía sigue arrasando 'Patria', y María Dueñas ya no me queda», asegura.

En el puesto de Nexus apenas cabe un cómic más; han organizado, como de costumbre, una batería de firmas, y se han volcado en un homenaje a José Ramón Sánchez. Óscar Muñiz recomienda 'Moby Dick', «la primera coedición internacional cántabra, entre Valnera y Panini».

Tantín ha cedido parte de su espacio al fotógrafo Ángel Diego, y además de su tradicional fondo local, Sonsoles Fernández ha dado rienda suelta a su vocación de bióloga con una sección dedicada a plantas, animales y guías viajeras.

Luis Lisaso, al frente de Librería Lisaso, se abona a otro valor seguro, Federico Jiménez Losantos, cuya 'Memoria del comunismo' ha convencido a muchos lectores.

El puesto de Librería Estvdio resulta absolutamente temático, con el arte como eje temático. Por sólo 9 euros se puede uno llevar a casa a Edward Hopper, en la edición de Taschen.

Y, para hacerle compañía, también los libros institucionales que el Ayuntamiento de Santander y el gobierno de Cantabria vuelven a regalar a los compradores. Monografías históricas, clásicos de nuestras letras o, como novedad este año, una interesante selección de títulos donados por la Real Sociedad Menéndez Pelayo. Otro incentivo más para esta feria cargada de tentaciones.

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