«Cuando se rompe la política, el Estado de Derecho debe ser salvaguardado»

De izquierda a derecha, Íñigo Noriega, José María Lassalle, Álvaro Nadal, Manuel Ángel Castañeda, Luis Revenga, Jesús Cabezón y Calixto Alonso.
De izquierda a derecha, Íñigo Noriega, José María Lassalle, Álvaro Nadal, Manuel Ángel Castañeda, Luis Revenga, Jesús Cabezón y Calixto Alonso. / Alberto Aja

La preocupación ante el jaque independentista catalán fue patente en la presentación de 'Contra el populismo', el último libro de José María Lassalle, que contó con la presencia del ministro de Industria, Álvaro Nadal

JOSÉ AHUMADA SANTANDER.

La necesidad de articular una alternativa racional al populismo, ejemplificado ayer en el desafío soberanista catalán, constituyó el eje de la presentación del libro 'Contra el populismo', de José María Lassalle, en el Ateneo de Santander.

La cita, organizada por el Aula de Cultura de El Diario Montañés, permitió al secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, ahondar en su concepción de la democracia que, dijo, en ningún caso es «una idea perfecta», sino algo que nace del «consenso cotidiano» y requiere «permanente negociación», una posición diametralmente opuesta a la del populista, quien, dividiendo el mundo entre amigos y enemigos, niega la existencia de un 'nosotros' que haga posible el entendimiento.

Acompañaron a Lassalle en la presentación el ministro de Industria, Álvaro Nadal; el director de El Diario Montañés, Íñigo Noriega, y el presidente del Ateneo de Santander, Manuel Ángel Castañeda. Fue este último quien presentó a su autor como un ensayista que se ha convertido en referente del estudio de movimientos sociales y políticos, y ensalzó su obra, 'Contra el populismo', como un valioso análisis de un tema de actualidad, del intento de destruir el sistema democrático sin ofrecer una alternativa viable.

En su intervención, el director de El Diario Montañés, Íñigo Noriega, analizó y resumió el contenido de un libro que estudia la forma en que se han trastocado los cánones de la política, hasta el punto de que mientras para unos el populismo es «la esencia de la democracia», para otros no pasa de constituir un «trampantojo» que camufla el totalitarismo. Lo que hace 'Contra el populismo', subrayó Noriega, es «describir y combatir la deriva hacia la irracionalidad de la política», identificando el populismo «como uno de los cánceres internos que pueden corroer la democracia».

«El populismo atribuye a unos que las cosas no vayan bien y, a otros, la función salvadora»

Razón frente a emoción

Según el director de El Diario, frente al discurso radicalmente apolítico, que apela a las emociones, Lassalle contrapone «la inteligencia, la lectura racional de la Historia; aporta la convicción de la razón y de la inteligencia, el humanismo y la exigencia ética».

El ministro Nadal no escatimó elogios hacia su compañero de filas y de Gobierno. «Es probablemente uno de los políticos con más profundidad de pensamiento de España, una profundidad que no es frecuente y es necesaria en política, sobre todo en un momento tan complejo en España».

«Hace unos días en el Parlament se impuso el mito nacional por encima de la razón»

Álvaro Nadal no dudó en incluir el jaque del independentismo catalán en el contenedor del populismo. Según indicó, el libro, que se escribió pensando en los populismos que a derecha e izquierda han ido surgiendo en Europa, «también tiene valor si pensamos sobre lo que está ocurriendo en Cataluña», que se resume en «la exclusión del otro que no piensa como yo, en lugar de buscar con lógica las reglas de convivencia», y puso como ejemplo lo sucedido hace unos días en el Parlament, donde «no se confrontaron dos legitimidades, sino que se impuso el mito nacional por encima de la razón», algo que, enfatizó, «no vamos a tolerar».

José María Lassalle explicó que 'Contra el populismo' «nace de la vocación intelectual de combatir políticamente en el momento difícil que estamos viviendo y que, humildemente, anticipé hace unos años, al principio de la crisis, cuando percibí circunstancias de fondo en la sociedad española y europea que alarmaban de la emergencia de un fenómeno político y social que estaba larvándose».

«Lassalle identifica el populismo como uno de los cánceres que pueden corroer la democracia»

Son dos grandes crisis, según Lassalle, las que han debilitado la capacidad de respuesta de la política para desactivar la angustia de un mundo que ve cómo la solidez de ideas, valores e instituciones se va desvaneciendo: una de seguridad, asociada a los ataques terroristas del 11 de septiembre, y otra económica, la de 2008, que afectó a la prosperidad y al bienestar.

«El riesgo sobre la libertad que encarna el populismo no viene de fuera, sino de dentro. El riesgo que amenaza la estabilidad es interno y está fracturando la sociedad en unos y otros con un discurso de guerracivilismo: a unos les atribuye que las cosas no vayan bien, y a otros, la función salvadora». «No es una percepción común: cada país ha ido proyectando la fatiga de la democracia de muy distintas maneras. En España, una afecta a la izquierda, al discurso de la socialdemocracia, y la otra, al nacionalismo, particularmente en Cataluña, que deriva hacia un nacionalpopulismo que busca confrontación».

El zorro de Berlin

Lassalle dijo reconocerse en la figura del 'zorro' propuesta por Isaiah Berlin, quien en un ensayo dividía el mundo entre los pertenecientes a esta especie y los erizos. Los primeros, conscientes de que la realidad es compleja y no se puede analizar desde un único eje, tratan de ir vislumbrando los rasgos que la identifican, y asumen que incluso pueden ser válidas algunas apreciaciones de quien no opina de igual modo. El erizo, en cambio, piensa que el mundo se entiende con una sola idea. «Una vez descubierta la razón que mueve el mundo, esa pregunta se proyecta sobre todas las preguntas».

«El populismo tiene una solución difícil, y no se va a desactivar con facilidad en Cataluña, porque no sólo hay que ganar: hay que convencer. Es necesario reconstruir el 'nosotros', y eso implica la reivindicación de la razón en un mundo que no confía en ella». Para Lassalle, la solución a estos difíciles momentos pasa por comprender «que los otros son importantes para que la política sea posible». Eso sí, «cuando la política fracasa, en ese momento es precisa la legalidad: la ley nació para resolver la existencia de conflictos. Cuando se rompe la política, el Estado de Derecho debe ser salvaguardado».

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