La Llave azul estrena 'La vida y nada más' de Méndez Esparza

Premio Fipresci y celebrado por la crítica, juega con las fronteras entre la realidad y la ficción para retratar con precisión la vida marginal de una madre y su hijo

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Un adolescente afroamericano de Florida y su madre, que trata de que nunca llegue del todo la ruptura familiar, son los pivotes de 'La vida y nada más', una de las películas españolas más celebradas por la crítica. La Asociación Cultural La Llave Azul, fiel a sus criterios y programación regular, estrenará la cinta del realizador español Antonio Méndez Esparza, en el Casyc Up, mañana jueves, a las ocho de la tarde.

La película, estreno absoluto en Santander, juega con las fronteras entre la realidad y la ficción para retratar con precisión la vida marginal de esa madre y su hijo en la Florida actual. El cineasta madrileño ya había dado señales de su talento con su película 'Aquí y allá', ambientada en ese caso en México. Ahora su segundo filme, a modo de drama intimista y elogio de un renovado neorrealismo, pone el foco en la comunidad negra de Florida.

Rodada con equipo y reparto estadounidense, aborda las entrañas de la marginalidad y la discriminación social que sufren los afroamericanos.

El filme, que se proyecta mañana en el Casyc, retrata la marginalidad con un reparto no profesional

Una madre coraje soltera, un hogar desestructurado, un adolescente conflictivo y un padre ausente son los parámetros del drama y del ambiente y la atmósfera que discurre en ese magma social e íntimo de combate permanente en ese ecosistema incómodo y amenazado por la desintegración. Presentada en las secciones oficiales de los festivales de Toronto y San Sebastián, donde obtuvo el Fipresci de la crítica, la película acaba de obtener el Premio Feroz Especial que se concede cada año al filme de producción española que merece una mayor visibilidad.

Por otro lado, 'La vida y nada más' ha hecho historia al obtener dos nominaciones en los grandes premios del cine indie norteamericano, los Spirit Awards, en las categorías de mejor actriz y mejor película de muy bajo presupuesto. Tras triunfar en la Semana de la Crítica de Cannes con su ópera prima Méndez Esparza vuelve a acercarse así a los núcleos sociales al margen para poner el acento en las injusticias que a día de hoy acontecen a nuestro alrededor. Con un reparto de actores no profesionales (como los grandes del neorrealismo) que contribuyen a dotar a la película de una gran sensación de naturalidad, 'La vida y nada más' es una de las sorpresas españolas del año, tal y como certifica una entusiasta recepción crítica tanto en nuestro país como por parte de medios norteamericanos como The Hollywood Reporter o Variety. El director español, afincado en Florida, donde ejerce como profesor de su escuela de cine, confesó que la primera vez que entró en unos almacenes Walmart fue un 'shock'.

«Descubrí una América muy depauperada, hecha de gente que se mata a trabajar pero aun así sufre unas necesidades increíbles. Esa es la realidad que quise retratar, a través de la historia de una madre soltera. No he querido hacer un alegato racial».

Premiado en Cannes con su primer filme, con ocasión de su paso por San Sebastián el cineasta manifestó haber comprendido que «la sociedad americana no es tan heterogénea como nos creemos. Está muy segmentada, y la comunidad afroamericana sigue segregada. Y esto no lo ha causado Trump: siempre ha sido así. Y mientras hacía el 'casting' me encontré con historias terribles de desigualdad y marginación».

Más que una historia al uso, 'La vida y nada más' parece una sucesión de pedazos de vida. «Muchas escenas surgieron a partir de lo que la realidad nos iba proporcionando. y eso hace que la película no tenga una estructura muy cerrada. Yo huyo del exceso de preparación, y siempre encuentro la película mientras la estoy rodando».

El amor por los personajes, la mirada con distancia y la disección pudorosa acompañan a la cámara del director. Una extraña y natural mezcla de ficción y documental atraviesa el melodrama sin parecerlo. Un retrato de supervivencia que implica una manera desnuda de mirar al mundo.

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