La magia no es el truco, sino todo lo demás

1/María Gil Lastra
1 / María Gil Lastra

Las funciones del IX Festival de la Magia convierten a los niños en magos con montajes que van de lo cómico a lo vulgar, a lo puramente insólito, en pleno Santander

Marta San Miguel
MARTA SAN MIGUELSantander

En las manos cerradas, casi veinte niños aprietan sus gomas de borrar. Si las lanzan muy fuerte, pueden hacer desaparecer todos los dibujos de un libro con figuras coloreadas. Qué más quieren ellos que hacer todo lo contrario de lo que les dicen. «¡No borréis mi libro!», grita el payaso que sostiene el cuaderno. Pero los niños pronuncian las palabras mágicas, 'borrar, borrar', y la cara tristona del payaso torpe, Cebollino se llama, clama lastimero contra los niños magos que -oh, sorpresa- han hecho desaparecer los dibujos con sus gomas invisibles. La magia no es que las páginas ahora sean blancas, la magia ha sido ver a veinte niños convertidos en magos por un instante. Y eso es algo que sólo se logra con un tipo enfrente como Cebollino.

Lleva zapatos rojos, amorfos. Todo es extremadamente grande. En lo grotesco de su atuendo está la promesa del humor que atraviesa los trucos de su espectáculo. Es el primero de la mañana: a las doce de un sábado condenadamente frío. Ventoso. Y húmedo. A los pies del Centro Botín el sol se echa aún más de menos. Las familias han ido en busca de las actividades del IX Festival de la Magia y lo Visual, y por fortuna hay un templete en los Jardines de Pereda donde cobijarse. Los niños llevan katiuskas, zapatos Gore-Tex, abrigos para el agua, pero les importa un bledo el frío y lo que pasa más allá de su campo de visión. El número de Cebollino, personaje creado por el Mago Linaje, torpe y bienintencionado, sucede entre vaciles a los turistas, caminantes de Santiago o vecinos que pasan por allí, a los que alude como recordándonos que en el despiste sucede algo, por ejemplo que de una caja de tela salga una serpiente bailando al son de una trompeta de plástico, capaz de coger con la lengua la carta seleccionada de entre un montón.

PROGRAMA PARA HOY

Sebastian Dethise, 'El hombre circo'
A las 17.00 en la Plaza de la Catedral y a las 20.15 en la Plaza Porticada.
Berny, 'El mago de la selva'
A las 13.00 en la Plaza de la Catedral y a las 20.00 en la Plaza de Pombo.
Héctor Sansegundo. 'Un sibarita con varita
'. A las 13.00 h en el Templete de los Jardines de Pereda y a las 17.00 en la Plaza de Pombo.
Estefanía Galera
'Buen momento para soñar'. A las 19.00 h en la Plaza Porticadao.
Morrison 'El Magnífico'
A las 19.00 h en el Anfiteatro del Centro Botín.
Carlos Adriano, 'Flipado'
A las 12.30 h en la Plaza Porticada.
uGala Internacional 'Los mejores magos del mundo'
Palacio de Festivales, a las 1800 h.

La magia en estos casos es hacer que veinte niños estén durante casi un minuto en silencio, con esa tensión que recuerda a la de un gato a punto de saltar sobre un insecto o un ratón. Esa tensión que termina difuminándose con una aplauso, la calidez de las carcajadas, la fascinación del truco. Porque además de risa hay magia, cómo no. «Me ha gustado mucho la naturalidad con la que ha llevado el espectáculo», dice Aquilino Gómez, que ha ido su nieta Mireia a ver a Cebollino. «A ella le ha encantado», dice enfundando en un abrigo más de invierno que de la primavera constipada.

Magia infantil

«Hay que reivindicar la magia infantil, frente al menosprecio de ciertos artistas que lo ven como algo menor», dice el mago Linaje cuando termina su función. «Aquí el truco es lo de menos, lo importante es el camino, lo que pasa hasta llegar al desenlace jugando con ellos», dice el ilusionista, que ya participó hace dos años en el festival y al que vuelve congraciado con la programación: «En todo España hay festivales, pero este ha sabido crecer y hacerse un hueco, ya tiene trayectoria y Raúl (Alegría) es un artista increíble». Lo mejor, dice, son los escenarios, a pesar de que no le ha tocado la mejor versión. Y a la vista de lo que sucede poco después con 'El hombre circo', da igual el tamaño de las nubes para sobrecogerse. Porque también eso es magia: que la cara de un tipo vestido con una camisa amarilla, el mismo amarillo de los chubasqueros, sonría espléndida mientras baila un diábolo, al ritmo de un alegre tema que suena en toda La Porticada, y que, al hacerlo, al lanzarlo al vuelo al cielo gris, sucio y cabreado, vuelva al hilo de entre sus manos y parezca que al caer lo que has visto sea un rayo de sol. Olé la magia, los paraguas abiertos y los padres que se sientan en el suelo para agarrase a los críos y abrir la boca juntos.

El mal tiempo trasladó los espectáculos a los templetes de Pombo y Jardines de Pereda en una jornada que culminó con el Premio Merlín a Raúl Alegría en la Gala Internacional, que hoy tendrá su segundo pase

«Están tan cerca los artistas que es un privilegio», dice María García. Ha ido con sus mellizos, de cuatro años, y la lluvia lejos de mantenerlos en casa, da incluso para algo bueno: «Al ser menos todos pueden estar en primera fila». No todo van a ser chaparrones, a pesar de que Morrison 'El Magnífico' diga son sorna que le encanta «la lluvia que nos ponen en Santander». Su sombrero, con un póker agarrado en la cinta del contorno, no se le mueve por mucho que deambule por el escenario improvisado en los Jardines de Pereda, en vez de en La Catedral, donde estaba previsto.

El Magnífico, «o 'El inconmensurable' si tuviera presupuesto», pone música, gesticula y se cuela entre el público como si entrara en un escenario. Pide de nuevo aplausos, que las manos noten calor, que el centro de atención nuevamente sea lo de dentro, la capacidad de hacer desaparecer una moneda con el mismo truco que luego usa para una galleta, sólo que esta aplastándola con las manos. «Polvo mágico», dice. Y los niños se ríen de la ocurrencia, pero también de la magia que tiene algo tan sencillo como un buen chiste. Como la propia ley de la física.

Las suyas fueron las primeras experiencias en la calle de un festival que este domingo sigue programando, a partir de las 12.30 horas, más retos para el público, y con templetes donde cobijarse; un encuentro que va más allá de la prestidigitación y reivindica la soberbia premisa de hacer de la imaginación un lugar de encuentro en plena calle. El mejor truco es ese. Cuál si no.

El cántabro Raúl Alegría recibió ayer el galardón al Mejor Escapista 2018

Ha escapado de un tanque de agua de 1.200 libros de capacidad, donde entra maniatado y resurge en tiempo récord. Ha escapado de jaulas, camisas de fuerza, grilletes. Es escurridizo. Es mago. Y ahora, también, es Premio Merlín, el reconocimiento que entrega la Asociación Internacional de Magos (International Magicians Society), la mayor asociación del mundo con 41.000 miembros, y que ha recaído en el mago cántabro. Su presidente, el ilusionista Tony Hassini, entregó ayer el galardón a Raúl Alegría en el Palacio de Festivales, en Santander, durante el transcurso de la Gala Internacional que forma parte del Festival de la Magia y lo Visual que dirige el propio Alegría en su IX edición. El llamado Premio Merlín está considerado el Oscar de la magia.

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