«Las mujeres represaliadas en la Guerra Civil no pueden caer en el olvido»

La historiadora cántabra, afincada en Bilbao, María José Lanzagorta presentó su libro en la Biblioteca Central de Cantabria. :/Daniel Pedriza
La historiadora cántabra, afincada en Bilbao, María José Lanzagorta presentó su libro en la Biblioteca Central de Cantabria. : / Daniel Pedriza

La historiadora María José Lanzagorta presenta en Santander un libro sobre la cruel vida en las cárceles de cántabras que en la mayoría de los casos no cometieron ningún delito

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

La historiadora Maria José Lanzagorta, santanderina de nacimiento bilbaína de adopción, presentó el jueves en la Biblioteca Central de Cantabria el libro 'Que permanezcan en nuestro recuerdo. Mujeres represaliadas en Cantabria después de la Guerra Civil 1937-1948'. Acompañada por el consejero de Cultura, Francisco Fernández Mañanes, reconoció que cuando conoció la primera historia de una joven presa durante la Guerra Civil, fue de tal crudeza que decidió seguir investigando. Paso a paso. Mujer a mujer. Presa a presa.

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad del País Vasco, en su libro habla «de mujeres valientes, luchadoras, sin delito ni pecado que cumplieron penas durísimas que acabaron, en muchos casos, en la muerte». «No podemos permitir que se borre el nombre de estas mujeres de la historia. Son mis presas», señala la autora de esta exhaustiva radiografía que tendrá su segunda parte en las cárceles de Bilbao. «No es un libro ni político, ni de revancha, ni de rencor. Es un libro de amor, para dar voz a las sin voz», relata Lanzagorta, quien hoy firmará y venderá ejemplares en el restaurante Vors de Castelar (18.00 horas).

Tras escribir el estudio «he podido descubrir que fue mucho peor la posguerra que el propio conflicto en sí. Las cárceles estaban repletas de mujeres, muchas analfabetas, dedicadas al campo, que no entendían de vencedores y vencidos, pero que su paso por la prisión les enseñó lo que era la miseria, la tortura, la humillación, el hambre y todo tipo de penurias». La autora de 'Iglesia y sociedad en el Bilbao de la postguerra' subraya que muchas de aquellas mujeres eran jóvenes con la vida rota por una condena desproporcionada, la mayoría de las veces injusta. Todo esto sucedió no hace tanto y lo más importante es que sucedió, aquí, en Cantabria. Que su recuerdo nunca se borre, y que sus nombres no se borren de la historia».

«No es un libro ni político, ni de revancha. Es un libro de amor, da voz a las sin voz»

Historiadora volcada en la Edad Moderna (siglos XV al XVIII), hace tiempo que decidió introducirse en la Edad Contemporánea en un momento en el que varios hechos de mujeres represaliadas durante la Guerra Civil confluyeron en su vida. El primero fue la película 'Las trece rosas': en 1939, con la entrada en Madrid de las tropas de Franco, termina la Guerra Civil Española. Temiendo la represión, muchos republicanos huyen del país, pero otros no pueden o no quieren, como las jóvenes muchachas protagonistas de esta historia. «Pensé que algún día tenía que escribir algo sobre la Guerra Civil», recuerda. El segundo hecho, también por casualidad, fue hace tres años cuando cayó en sus manos un informe de un Consejo de Guerra «y pensé, ¡éste es el momento!». Ni corta ni perezosa empezó a investigar algo que en un principio creyó sencillo, pero que le ha costado años. Son 200 casos de mujeres represaliadas de Cantabria, «sólo una pequeña muestra».

La historiadora reconoce que ha sido un libro duro. «En un principio no pensé que me iba a afectar tanto y algunos casos de mujeres me han afectado un montón porque la mayoría eran mujeres que no tenían delitos de sangre, incluso solo fueron detenidas y torturadas por ser la mujer, novia o hermana de una persona afín a la República. Las menos habían sido activistas o guerrilleras. Por eso, nunca deben caer en el olvido», dice. Siempre se había escrito sobre los hombres «porque pensábamos que eran los únicos que habían vivido la guerra. Sin embargo, en Cantabria hubo muchas mujeres represaliadas y condenadas a muerte. Hablo de ellas, de sus historias».

Lanzagorta afirma rotunda que «no hay que permitir que se borre el nombre de estas mujeres de la historia». «Hace 80 años que acabó la Guerra Civil y es poco tiempo porque todavía viven familiares muy directos de las personas implicadas en el conflicto. Y ellas, en su mayoría, son las primeras que quieren borrarlo de su memoria. Lanzagorta lamenta que el tema de la memoria histórica «no está bien llevado». Una memoria histórica «no puede ser una revancha ni una continua pelea de los míos son mejores o peores. A los muertos hay que dejarlos descansar en paz. Lo que tenemos que hacer es una historia que hable de hombres y mujeres porque ellas también sufrieron la crueldad de la guerra y de la cárcel. Algunas historias le impresionaron, como el caso de un padre, que antes de fusilar a su hija, le llaman para que vaya a recoger sus pertenencias. Sólo había una fotografía y un pequeño monedero. «Me llenó de ternura, se me encogió el corazón», relata. Otra presa pidió que se llevaran a su hija porque las condiciones allí eran horribles... Con la cárcel, su vida se acabó». Sus conclusiones son claras: «España tiene todas las papeletas para volver a meterse en un conflicto, algo que hay que evitar» y «se ha escrito muy poco sobre estas mujeres y no pueden caer en el olvido».

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