Cuatro siglos del flamenco, «la música viva más bonita del mundo»

Grupo flamenco femenino.
Grupo flamenco femenino. / Biblioteca Nacional
  • Una exposición de la Biblioteca Nacional rescata la historia del cante jondo, que comenzó a plasmarse en obras del Siglo de Oro

Carmencita Dauset tuvo una carrera corta. Solo quince años. Pero tuvo tiempo para mostrar en Europa y Estados Unidos ese arte que comenzó a expresar de forma profesional en Málaga. La bailaora almeriense llevó el flamenco por el mundo y consiguió, debido a su popularidad, ser la primera mujer grabada por una cámara de cine. Fue en Nueva York, durante 1894, un año antes de su retirada, y el director fue William K. L Dickson. Ese fragmento se puede ver desde este viernes en la Biblioteca Nacional de España (BNE) dentro de la exposición 'Patrimonio flamenco'. Un recorrido por la historia de este arte que comenzó de forma 'oficial' hace 170 años.

Fue entonces cuando Serafín Estébanez Calderón publica 'Escenas andaluzas', donde describe una fiesta en Triana en la que participan artistas como El Fillo o El Planeta. Era la primera vez que aparecía el flamenco como lo entendemos en la actualidad. "El flamenco no nació en una cueva un día de lluvia", recalca Teo Sánchez, periodista, director y presentador del programa de Radio3 'Duendeando' y comisario de la muestra junto a David Calzado. "No aparece de milagro. Es consecuencia de una evolución de una sedimentación que viene de la música y de los bailes populares, andaluces principalmente", resalta Sánchez, que considera uno de los objetivos fundamentales romper "tópicos" como su nacimiento o que es un arte encerrado "en sí mismo". Solo hay que escuchar, argumentaron los comisarios, algunos de los discos de Camarón de la Isla o Enrique Morente; o las colaboraciones con artistas internacionales de Paco de Lucía. "Es la música viva más bonita del mundo", remacha Sánchez.

La exposición, con 150 piezas procedentes en su mayoría del BNE y aportaciones de los museos Reina Sofía y Picasso de Barcelona, arranca con el preflamenco, es decir, los bailes y las fiestas que sorprendieron a los escritores del Siglo de Oro y que plasmaron en algunas de sus obras. De esta manera, aparecen referencias en 'La Gitanilla' de Cervantes' o en las 'Cartas marruecas' de Cadalso, donde a finales del capítulo siete describe una juerga flamenca de gañanía que no le hace mucha gracia por el ruido que provoca. Además de aparecer en pinturas o estampas (como 'El Vito' de Goya) es a partir del siglo XIX cuando el flamenco comienza a llamar la atención de artistas y foráneos. Además de Calderón, a viajeros como Henry Ford o Davillier les fascina ese arte que encuentra su lugar separándose el cante y la guitarra de lo que es el baile. Comienza de esta manera su internacionalización. "Carmencita reunió a más de 6.000 personas en el Madison Square Garden de Nueva York en 1895", apunta Sánchez.

     

Cine y fotografía

A finales del XIX se produce una nueva eclosión artística que ayuda a la propagación del cante jondo: la consolidación de la fotografía y el irrupción del cine y de los cilindros de cera para poder registrar el audio. Los trabajos tras la cámara de Clifford, Beauchy, Gyenes, Ibáñez, Richard Avedon o James Kriegsmann sacan a la luz a familias enteras dedicadas al flamenco. Entre los archivos sonoros, destacan las sevillanas, granadinas, jaberas o tangos de El Mochuelo, Encarnación la Rubia y El Sevillano. Sonidos casi olvidados que estaban guardados en las amplísimas 'despensas' de la Biblioteca Nacional. Y en cuanto al cine, pequeños fragmentos de las obras de Valdelomar, Rovira Beleta, Serrano de Osma, Carlos Saura y Tony Gatlif que consiguen captar el duende de artistas como Antonio El Bailarín, La Paquera, Enrique El Cojo o Carmen Amaya. "Fue la primera en ponerse unos pantalones y taconear como lo hacían los hombres", recuerda Calzado, quien resalta que no es una exposición sobre figuras del flamenco sino sobre la esencia de este patrimonio inmaterial de la humanidad.

Un cante jondo que encandila a personas de todo el mundo por su lado más desconocido, como señala Antonio Gala. "Al ser humano sólo le apasiona el misterio: aquello que le atrae y que no entiende; aquello que lo ilumina y lo ensombrece; aquello que le entusiasma y a la vez lo embarga de tristeza... Y pocas cosas más misteriosas que el cante jondo", explica el escritor en el catálogo de 'Patrimonio flamenco. La historia de la cultura jonda en la BNE'.

Esa fascinación de los cineastas fue compartida por los pintores. Además de Goya, destacan obras de Mariano Fortuny, Lemeyes, Antonio Saura o el cartel que Tàpies realizó para el Festival de la Unión en 1996. También Picasso mostró desde sus inicios ese cariño al cante y el baile en 'Bailaora' (1899) o 'Figura, Cabeza y Guitarra' (1902). Sin contar con las pequeñas obras que diferentes artistas hicieron para discos, como Luis Gordillo o Miquel Barceló, que 'vistió' varios discos de Camarón de la Isla. La Niña de los Peines, Chacón, Mairena, Caracol, Gades, Paco de Lucía o Morente, con un sorprendente retrato del artista urbano Suso33 tienen su hueco en esta exposición que estará abierta hasta mayo, donde también se pueden apreciar textos de Chaves Nogales, Gómez de la Serna, Caballero Bonald o Félix Grande o Federico García Lorca.

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