CRÓNICA

Duelo en La Magdalena

María Gil Lastra

Leiva e Iván Ferreiro ofrecieron dos shows convertidos en desafío en el que sólo podía ganar uno

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Pat Garret y Billy The Kid se reencarnaron ayer sobre el escenario de la Magdalena. Un duelo a dos bandas. Dos sólidas bandas.

Iván Ferreiro y Leiva copaban el segundo round de Música en Grande. El gallego salió con unos minutos de retraso y comenzó su sesión con la canción que da título a su álbum ‘Casa’. “Estaban todos los que importan”, dice en ese resumen de lo que ha sido su última etapa, la canción que más le costó concluir. Y así es.

Ferreiro lleva un escuadrón de lujo arropando este momento dulce. A pie de escenario, antes de comenzar, hacían su melé, abrazados todos repitiendo un mantra que dejamos para la intimidad de lo que no se ve cuando suben al ring. Alrededor de este fanático de la astronomía se reparte una colección de satélites que giran en una órbita perfecta sobre sus melodías. Además de los habituales, su hermano Amaro (guitarra), Emilio Saiz (guitarra), Xabi Molés (batería), Martiño Martínez(teclados y guitarra acústica), la incorporación de Sergio Valdehita (teclados) y Ricky Falkner (bajo), incólume como una isla en medio del escenario, componen una alineación ganadora. Nunca había sonado tan potente y tan encajado. Y se nota en su disfrute.

«Vamos a pelearlo», anunció el gallego tras dar las buenas noches. Y tiró de repertorio clásico para hacerlo, saltando por distintas épocas; viajó 9 años atrás con ‘Toda la verdad’, y regresó de nuevo con ‘Pájaro azul’, para trasladarse a sus inicios y cerrar el primer combo con ‘El viaje de Chihiro’. «De momento vamos ganando y aún me quedan algunas en el bolsillo», presumió ante un público fluctuante que iba entrando en calor.

En esa colección apareció poco después la joya que representa ‘El Pensamiento Circular’, la que mejor engloba el disco, con Iván sentado ante su teclado. ‘El Equilibrio es Imposible’ precedió al cañonazo de ‘Tupolev’, una de las canciones más potentes e hipnóticas de su último trabajo. ‘Años 80’ levantó manos y voces de los pocos que aún no estaban metidos irremediablemente en el repertorio, incluyendo a la propia banda.

«No voy a usar ‘Turnedo’ como arma porque quiero jugar limpio, igual que espero que Leiva no toque ‘Lady Madrid’», continúo Ferreiro en su particular defensa sin ataque. Tras la descarga eléctrica de ‘Dies Irae’, llegó la preciosista ‘El Dormilón’ y, a pesar de su declaración inicial, cerró la noche con la canción que todos esperaban en una campa disfrutona: ‘Turnedo’. «¿Se puede saber qué esperas?» Pues un show de este nivel.

Pasada la medianoche, el segundo pistolero salió con sus armas, arropado por los acordes propios de Morricone que preceden a sus conciertos. Encadenó ‘El último incendio’, ‘La lluvia en los zapatos’ y ‘Animales’ con ‘Guerra Mundial’. Un 3 a 1 de repertorio nuevo frente a clásico antes de dar las buenas noches a la concurrencia, concentrada a pie de escenario. «Gracias por elegirnos y por hacer el esfuerzo de pagar la entrada», dijo Leiva. Es de suponer que el grueso de invitados que acuden para ser vistos en lugar de ver, no se dio por aludido en este saludo iniciático.

«Hemos venido a aplastar la cabeza a Iván Ferreiro», anunció con una beligerancia más cómplice que violenta. ‘Winsdor’, ‘Palomas’ y el rock clásico de ‘Sweet Sixteen’, que saca lo mejor de sus influencias, se fueron sucediendo antes de llegar «Una canción que se llama como otra de Iván, pero que tiene mucha más calidad». Tocando ‘Eme’, un espontáneo saltó al escenario como en cualquier buena edición de Eurovisión que se precie; Ferreiro se metió de lleno en el segundo estribillo, compartiendo micro con su compañero de batalla.

‘Breaking Bad’ evidencia los miedos e inseguridades de un músico acostumbrado a defenderse por encima de la media. El videoclip de este tema es una foto en movimiento de muchas noches; el sentir de una banda de colegas comprometidos que van con todo delante de los focos. La solidez de José ‘Niño’ Bruno y Luismi Huracán (batería y percusión), el discreto Manuel Mejías (bajo), la complicidad de César Pop (teclados) y la mirada constante a su padrino de duelo, su hermano Juancho (guitarra), forman un todo compacto. Mención aparte merecen Tuli y Gato Charro (vientos), que hacen de su paso por el escenario un espectáculo coreografiado más allá de lo musical.

Jugando a superponer unos temas con otros y con unos arreglos que orquestan el final de cada canción llevándola a un estallido, la Leiband demostró una evolución fruto de la experiencia que mejora el resultado. ‘Ciencia Ficción’ y ‘Aproximaciones’ servirían para dar la bienvenida, esta sí, oficial, a su «ídolo», al que ofreció una «última oportunidad para redimirse» de su derrota. «Queda claro que necesita que salga yo para salvar su show», dijo el gallego antes entonar juntos ‘Crímenes perfectos’, de Andrés Calamaro.

Para el final del concierto, el cóctel de Leiva incluyó una mezcla equilibrada; ‘Estrella Polar’, linkeada a ‘Mirada Perdida’, ‘Sincericidio’ y el previsto cierre, ya habitual, de ‘Lady Madrid’.

Uno nunca sabe lo que está por venir, pero no es arriesgado afirmar que ambos están en su mejor momento y lo transmiten. 7.000 personas fueron testigo. Ayer, el duelo en Santander quedó en tablas.

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