Latidos frente al mar

Pati Baraldés y Rulo, mano a mano en un duelo de guitarras sobre el escenario de La Magdalena.
Pati Baraldés y Rulo, mano a mano en un duelo de guitarras sobre el escenario de La Magdalena. / María Gil Lastra

La emoción y la complicidad con el público marcaron el pasional concierto de rulo en la Magdalena

José María Gutiérrez
JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZSantander

Con todo el equipo desconectado, con los músicos ya en los camerinos tras más de dos horas de intenso concierto, Rulo volvió al escenario ante la insistencia del público, que no quería irse todavía para casa. Llevaba puesta la camiseta del Racing con la que abordó la parte final del directo. «Toco la que queráis», consultó a los aficionados mientras agarraba una guitarra. Y decidió que fuera la emotiva ‘La reina del barrio’ la canción que pusiera, ahora sí, punto final al espectáculo. La estampa resumía dos de las características que más sobresalieron en la cita: la constante y sincera complicidad con el público, desde los primeros compases, y la emoción, palpable a ambos lados del escenario.

Era una cita especial. Para el músico cántabro, que volvía a tocar en casa y encima en La Magdalena, uno de sus escenarios preferidos, lo que multiplicó la pasión que ya habitualmente pone a sus conciertos. Y también para los aficionados, que presumen de un paisano que ha sido capaz de hacerse un nombre propio en el panorama nacional del rock. Más de 5.000 se reunieron en la campa. Y por si faltara algún ingrediente, era la primera vez que presentaba en directo ‘El doble de tu mitad’ en tierras cántabras después de casi 40 bolos por seis países. Los temas de su nuevo disco vertebraron la primera parte de la cita –sonaron ‘Tu alambre’, ‘Me gusta’, ‘Objetos perdidos’, ‘Me quedo contigo’...–, que luego fueron combinándose con los que dieron forma a sus dos trabajos anteriores con La Contrabanda: así, también tuvieron su protagonismo ‘Mi Cenicienta’, ‘Como Venecia sin agua’, ‘Buscando el mar’ o ‘Divididos’, tema que Rulo cantó mano a mano con Andrea, aficionada que fue invitada a subirse al escenario dentro de una iniciativa que han puesta en marcha en esta gira.

Durante más de dos horas, el cántabro recorrió su presente con la Contrabanda e hizo guiños al pasado ante un aforo rendido

La Contrabanda demostró estar en forma. En cada gira ha ido dando pasos adelante y su sonido en directo está perfectamente engrasado. Txarli Arancegui (batería y percusiones), Pati Baraldés (guitarras), Fito Garmendia (guitarras), Quique Mavilla (bajo) y el nuevo fichaje Cuti Vericad (teclados) funcionan como un reloj, ampliando a letras mayúsculas el sentido de la palabra banda.

‘Mi vida contigo era un blues’ bajó los decibelios en el ecuador del concierto. Fue el otro reinosano, Fito, quien tomó el relevo a la voz cantante de Rulo, con quien ha compartido experiencias en tres grupos además de amistad. Y vida. ‘La cabecita loca’ retomó el pulso más vibrante del show, que alcanzaría su clímax cuando Rulo viajó al pasado y enlazó cuatro temas de La Fuga: ‘Majareta’, ‘P’aquí, p’allá’, un infinito ‘Por verte sonreír’ prolongado de forma coral por un público absolutamente rendido y, a petición popular, ‘Primavera del 87’, esa canción homenaje-protesta que desde hace años sólo interpreta en Cantabria. Aquí, Rulo no pudo reprimir las lágrimas. No fue el único. Ni la única vez que se le quebró la voz por la emoción.

El concierto llegaba a su final, pero nadie dudaba de que habría más. El regreso sirvió para ver a Rulo sentado al piano, para abordar en solitario ‘Noviembre’ y mano a mano con Mikel Erentxun ‘Heridas del rock’n’roll’ en lo que fue otro de los momentos álgidos de la noche. El músico donostiarra había precedido al cántabro en el escenario en otro directo que fue mayúsculo. Ya con La Contrabanda al completo de nuevo, sonaron ‘No sé’ y ‘32 escaleras’ en lo que sí parecía ya el final. «Pero nosotros no somos de conciertos pequeñitos», lanzó Rulo como dardo crítico. Fue, como ocurre en las citas especiales, cuando una banda de mariachis subió al escenario para interpretar ‘El vals del adiós’. Y de regalo, que era noche para ellos, la ranchera ‘El rey’.

Frente a recientes sonoras decepciones de megasestrellas de la música, frente a flores artificiales que pierden su atractivo cuando salen del escaparate, Rulo no defraudó. No lo puede hacer quien se deja el alma encima del escenario, quien pone corazón –tan grande como el que preside la puesta en escena– a cada interpretación, quien antepone las canciones a la farándula, quien guarda tiempo y espacio para la improvisación que necesita cada directo, siempre diferente al anterior, quien busca la perfección pero arriesga sin miedo a la imperfección. El guión del concierto equilibró las facetas de cantautor y rockero que conviven en el ADNdel reinosano, mezcló baladas y electricidad, seda y trueno, corazón y pólvora, caricia y arañazo, presente y pasado, en una montaña rusa de emociones de la que nadie quiso bajarse. Como las olas que fueron fieles testigos del concierto, Rulo prometió volver a La Magdalena. Su rincón secreto le estará allí esperando.

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