Quique González: «Soy como un marinero dando tumbos que llega a su destino»

Quique González actúa esta noche en Escenario Santander. / Andrés Fernández

El músico regresa con la gira de ‘Me mata si me necesitas’, esta noche en Escenario Santander, al frente de su banda de acompañamiento Los Detectives

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARESSantander

En mayo de 2016, Quique González presentó en Santander su décimo disco, ‘Me mata si me necesitas’. Quince meses más tarde, el músico regresa esta noche al lugar de los hechos (Escenario Santander, 21.00 horas), al frente de su banda de acompañamiento los detectives, con las mismas ganas de agradar que entonces, pero con todo el bagaje de un repertorio que ha ido madurando a lo largo de una larguísima gira. Aún quedará un concierto posterior en Madrid, pero el cantante se plantea la velada en Santander –un insólito segundo pase dentro del mismo ‘tour’– como un final de gira. Tras más de una década afincado en tierras pasiegas, ya se refiere a Cantabria como ‘mi casa’.

Y como si de una historia mitológica se tratara, todo acabará donde empezó: «me apetecía mucho terminar en casa, como si fuera un marinero que ha ido dando tumbos por el mundo y por fin llega a su destino», pero en realidad esta historia circular comienza incluso antes: «Yo ampliaría ese círculo un poco más allá de Santander, porque todo empieza unos meses antes, hace más de dos años, cuando empecé a ensayar las canciones en casa, en el Valle, tocándolas para mis amigos pasiegos».

Quienes ya asistieran al concierto de 2016 podrán descubrir que, en todo este tiempo, las canciones han cambiado. Tendemos a pensar que las grabaciones fijan, fosilizan la música, pero nada que ver con la realidad: «Las canciones tienen vida propia, y continuamente nos pueden seguir mostrando matices inesperados o incluso nuevas sonoridades. Y después del estudio también cambian: modificas algún verso, la instrumentación. Incluso la energía de la propia banda influye. Las vamos moviendo, pero sin llegar a desvirtuarlas».

Canciones en las que se nota un tono más reflexivo, que tal vez abra una etapa de madurez: «Cuando tienes veinticinco años escribes canciones de celebración, pero a medida que te vas dando cuenta de que no todo es una fiesta, eso se cuela en tus canciones, es inevitable. Pero también hay sitios para canciones golfas, o macarras. Incluso para la denuncia, por qué no».

En todo caso, ‘Me mata si me necesitas’, más que una obra conceptual, es un disco de grandes canciones, de las que perdurarán por mucho tiempo en el repertorio del artista: «Comenzamos la gira tocando el disco íntegramente, y a medida que avanzas algunas se van cayendo. Pero todavía tocamos siete u ocho, una prueba de que han encajado muy bien con el resto del repertorio».

Siete de diez parece un porcentaje más que respetable, pero los números para Quique González siempre son importantes. En este caso, diez son las canciones de ese último trabajo. «Nunca había hecho un disco tan corto, la verdad, pero hacía el número diez de mi discografía, era una cantidad práctica, y todo encajaba». Aunque pronto desvela algún otro motivo oculto: «También esconde un guiño a los viejos tiempos, a esos vinilos con cinco canciones en la cara A y otras tantas en la cara B. Echo de menos, por ejemplo, aquel espacio cuando terminaba una cara y había que darle la vuelta», confiesa, con un velo de nostalgia. «Nos vamos haciendo viejos y sentimentales, pero en realidad escucho cualquier formato; lo importante es la música, claro. Aunque personalmente prefiero el vinilo». Tal vez, por eso, cuando algún chaval se le acerca para que le dedique uno, se emociona: «eso significa que se lo ha currado, ha tenido que molestarse en buscarlo, y te toca, claro».

Y es que su público no para de crecer, en especial en los últimos años, aunque el músico se confiesa ajeno al éxito masivo: «En realidad, mi vida no ha cambiado nada en los últimos años. Afortunadamente, tengo un grupo de seguidores muy fieles, y en realidad han sido ellos solos los que han conseguido que crezca el público», asegura, pretendiendo ignorar el hecho de que en los últimos años su nombre figura en grandes caracteres en los carteles de los festivales con más solera, y su dimensión pública es cada vez mayor. Un cambio enorme para aquel músico que a comienzos de siglo escribiera el manifiesto musical más incendiario que se recuerde en el rock patrio, con título de Bukowski incluido: ‘Peleando a la contra’.

De Universal a Varsovia

«La verdad es que entonces no tuve ni una duda; luchar constantemente con la discográfica me quitaba energía y me agriaba el carácter»; tras dejar Universal en 2003, al fundar su propia compañía, Varsovia, se convertiría en un pionero de la autogestión, un auténtico ‘independiente’, en el mejor sentido de la palabra: «Se trata de apostar por ti, y crecer de una forma natural. Eso te permite marcar los tiempos y te da libertad creativa. Pero a cambio tienes que correr otros riesgos; por suerte en lo económico cuento con un equipo excelente en la oficina, que me lo hace todo más fácil, pero ahora ya no se trata sólo de tocar, del lado grato del negocio. Está también la responsabilidad, las quince personas que mueves en cada gira y que dependen de ti».

Y es que el artista, en este caso, no es ajeno al mundo real. Más allá de la gran pasión por el fútbol –tenía decidido sacar el abono del Racing, de haber ascendido–, la lectura –es un gran devorador de novela negra, pero últimamente está ‘enganchado’ a Juan Eslava Galán, «no a sus novelas, sino a los libros de historia, los divulgativos»–, el cine y las series –su última pasión es ‘The Night Of’, con el incomparable John Turturro–, le preocupa mucho la situación actual de nuestro país: «la transición –o, más bien, la ‘transacción’– fue un reparto chapucero y cuarenta años después lo estamos pagando». Sobre todo lamenta que, «como entonces, no hay políticos a la altura de la situación ni en un lado ni en otro. Hoy es Cataluña y ayer fue Venezuela, pero están muy lejos de los problemas reales de los ciudadanos», asegura.

Fotos

Vídeos