«La música no trata de ganar sino de compartir»

El Twanguero inaugura esta noche el año musical de Little Bobby

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

El gobierno de Estados Unidos considera desde hace un par de años a Diego García, El Twanguero, una persona con 'habilidades extraordinarias'. Este simpático tecnicismo para obtener el visado ha ampliado unos horizontes de por sí extensos. Este «guitarrista excepcional» como le definió el propio Gabriel García Márquez, vive en la música, un lugar sin fronteras. Ese viaje le trae este jueves a Cantabria, gracias a la unión de fuerzas de Los Huesos de Portobello y la programación invernal del Santander Music. Su concierto abrirá el calendario musical de El Almacén de Little Bobby.

- ¿Cómo explicamos a quien no lo sepa qué encontrará en su concierto de esta noche?

- Pues bastante entretenido. Voy solo. Bueno no tanto; con mi guitarra y con el disco que saqué a principios de año, ‘Carreteras secundarias’, basado en mi viaje de Chicago a Argentina. No es un concierto para guitarristas, aunque tiene guitarra y cante.

- ¿Cómo es un concierto sólo para guitarristas?

- No lo sé, porque no es lo que yo hago. ¡Será un montón de demostraciones de poderío!

- ¿Competir para ver quién lo hace mejor?

- Los músicos aprendemos a no competir. De pequeño entendí que eso era lo que pasaba en el fútbol o las carreras. La música no trata de ganar, sino de compartir. Eso es lo que yo hago. Las penas y alegrías. ¡Somos entertainers como dicen en Estados Unidos!

- A usted también le dijeron que es una persona con 'habilidades extraordinarias'

- Los americanos son muy cracks. Tienen un título para cada cosa. En el fondo les admiro. Cuando gané el Gammy con el Cigala, tuve la posibilidad de tener la visa. Como que si hiciera algo que nadie de allí nadie más puede hacer, cosa que es mentira. Mi música tiene ese toque exótico, hispánico e ibérico que trato de mantener. Para ellos sí es extraordinario; allí el español todavía lo pintan con el torero y la paella.

- ¿Cree que tenemos parte de la culpa de que nuestras manifestaciones artísticas no lleguen más lejos?

- Tenemos un espectro cultural super amplio, pero cuando estamos fuera vivimos una sensación de ridículo superior al resto. No decimos lo buenos que somos en ningún lado. El americano sale ya entrenado para comerse el mundo aunque no valga un pimiento. No es que seamos mejores o peores sino que históricamente hemos estado castrados por 50 años de dictadura. No significa que no haya talento, ni es una critica negativa, es una realidad.

- ¿Usted está aprendiendo a comerse el mundo ahora que vive en Los Ángeles?

- La verdad es que estoy aprendiendo a vender la moto. Empecé en Buenos Aires; el porteño vende como el ‘number one’. pero en Hollywood estoy aprendiendo otra visión del negocio que yo no conocía. Viene de su formación académica, que es privada y es un negocio en sí misma.

- ¿La primera guitarra que tuvo, con seis años, de donde salió?

- Estaba en casa, debajo de la cama. Es un objeto que vivía en muchos hogares españoles de los 70 y 80. Piano no había porque era muy caro. Mi padre tocaba un poco. Yo ya venía escuchando cosas y el primer día que la cogí intuí cómo se podía tocar. Hubo una conexión.

- Después llegó la formación oficial en el conservatorio

- Si no vas al conservatorio, no hay otra manera. Por eso creo que he sido tan viajero después. Para compensar esa parte traumática de la disciplina. Yo pensaba: esto no va por aquí. En la música hay algo más.

- Es habitual que los músicos renieguen de su paso por la formación reglada

- Te podría decir que mi profesor a mí me gustaba. Se portó muy bien conmigo. Tampoco tengo un recuerdo trágico porque aprendí ciertos valores como que un instrumento se aprende con disciplina pero no te enseñan a través del amor, sino del miedo. No tiene porqué conllevar sufrimiento. La rutina por cojones no marcha. ¡Yo quería tocar de pie y que me vieran las chicas!

- ¿Después ha seguido aplicando la disciplina en su carrera profesional?

- Sí. La disciplina siempre la he tenido como el primer paso hacia todo. La constancia. Después yo me cree la mía propia: amar la música siempre y la música en movimiento. Tocar con músicos diferentes de todas las nacionalidades. En cada lugar del planeta es pulso es diferente. Para avanzar no hay que detenerse nunca

- Para llegar hasta el final, como afirma. ¿A qué se refiere?

- Yo quiero llegar a mi verdad. Al final será cuando me muera y quiero enterarme antes. Lo que yo estoy filtrando de las experiencias buenas y malas, es que la verdad de uno es aceptarte como eres. Conocer tus debilidades.

- ¿Y cómo lleva esa misión?

- Cada vez me descubro más debilidades…(ríe)

García Márquez y planes

- ¿Quién le bautizó como El Twanguero?

- La verdad es que me lo puso un colega de Madrid hace muchos años porque estábamos muy influenciados por la música surf, Johnny Cash, los Shadows. Después me fueron llamando así Calamaro, Juan Perro… me parecio bueno para defender un proyecto. Que sea el otro, no Diego García.

- Ha tocado con algunos de los nombres más destacados de la música nacional e internacional

- Tengo muy buenos recuerdos de las cosas que he hecho. Ha ido pasando de forma natural. Cuando llegué a Madrid en los 90 ya conocía a algunas personas, te veías en los garitos, empecé a tocar con ellos y fluyó. He tocado en lugares espectaculares

- Dígame alguno

- El día del Auditorio Nacional en México, con el presidente, estaban Gabriel García Márquez y Julieta Venegas. Vinieron a la prueba de sonido. Nos fuimos a cenar con él, estuvimos en su casa… En mi 31 cumpleaños estaba en Medellín con Calamaro. Esos años eran bastante peligroso. Grabar con Raphael, cuando tenía 26 años. ¡Nos puso las pilas! Esa es la actitud, pensé entonces.

- García Márquez le dijo que era un guitarrista excepcional y ¿qué más?

- ¡Traeme un vino!

- Cómo se edita un disco sin que lo sepa tu propio mánager

- Soy bastante silencioso, en realidad, mi peor enemigo. Si no fuera por mí esto iría de otra manera. Me pilló en una época personal bastante dura. Me apetecía borrarme del mundo y a la vez producir. He tenido un año agitado pero irme a EEUU me ha servido para volver a encender la mecha. Vamos a hacerlo lo mejor posible.

- ¿Podría nombrar a guitarristas que le hayan influido especialmente?

- Hay un montón. Me gustaba la escuela de Django Reinhartd. La escuela inglesa. Mark Knopfler que era como el guitar hero de la época, aunque luego vimos que era un garrulo. Paco de Lucía...El mundo está lleno de guitarristas

- ¿Demasiados?

- ¡Nunca son demasiados! Cuanto más me asuste mejor.

- Celebró que en uno de sus conciertos apenas hubiera móviles

- Claro que lo celebro. Parece que tengo 60 años, pero es que empecé muy joven. No se dice de mala onda, es que se están perdiendo las sensaciones que tienen que ser puras, no con tecnología por medio. Recuerdo un concierto en el 2009, uno de los que más me ha tocado en mi vida, Eric Clapton y Jeff Beck. Hace poco vi un vídeo y me recordó a aquella noche pero no eran las mismas sensaciones. La música tiene un poder evocativo muy fuerte.

- En 2017 iba a descansar y no paró. ¿Este 2018, cómo se presenta?

- Este año es el que voy a trabajar de verdad. Voy a terminar el disco en Los Ángeles, que se publicará en abril o mayo, en cuanto esté terminado. Después me voy de gira a Canadá y vuelta a España, Francia, de nuevo EEUU y quiero tocar un montón. Estoy trabajando mucho la parte audiovisual, la música para televisión. Como soy compositor ya he metido la patita. Empezaré con el segundo de’ Carreteras Secundaria’ y los vídeos para el canal de YouTube.

- No para de cruzar el océano

- Pues... ¡no me gusta subirme a un avión!. Esto de las contradicciones del músico…

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